Venezuela. Depuración cúpula militar y política avanza cambio de régimen estadounidense

Delcy Rodríguez juramenta a nuevos miembros de su gabinete en el Palacio Presidencial Miraflores, 19 de marzo [Photo: Prensa Presidencial]

El régimen chavista de Caracas, encabezado por la títere de Washington, la presidenta interina Delcy Rodríguez, llevó a cabo en los últimos días una profunda reorganización del gobierno y del mando militar, disfrazada fraudulentamente como una expresión de ‘soberanía nacional’.

Después de que Washington restableciera las relaciones diplomáticas y reabriera su Embajada en Caracas a principios de este mes, lo que está ocurriendo es la consolidación del golpe de Estado orquestado por Estados Unidos, que comenzó con los bombardeos del 3 de enero y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Rodríguez, quien fue la vicepresidenta de Maduro, ha nombrado a un nuevo ministro de Defensa y a nuevos jefes para todas las ramas de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, incluyendo el comando operativo, el ejército, la marina, la fuerza aérea, la Guardia Nacional y la milicia.

Tan solo este mes, ha realizado cambios en los ministerios de Defensa, Transporte, Hidrocarburos, Energía Eléctrica, Trabajo, Vivienda, Educación Superior, Turismo y Cultura. Ya había sustituido a los titulares de los ministerios de Industria, Comunicaciones, Ecosocialismo y Agua, así como a los de la Presidencia.

La mayor parte de estos cambios se anunciaron el 18 de marzo, y Rodríguez ya había realizado 13 modificaciones en su gabinete, casi la mitad de las 32 carteras. Dos días después, el 20 de marzo, anunció “nuevos comandantes de las Regiones Estratégicas de Defensa Integral” (REDI), reestructurando así la cúpula militar territorial en todo el país.

Rodríguez afirma que estos cambios tienen como objetivo garantizar “la soberanía, la paz, la estabilidad y la integridad territorial”. Pero el verdadero objetivo es consolidar una nueva estructura de poder directamente subordinada al imperialismo estadounidense.

Un análisis del diario español El País señala que, “Los cambios militares, igualmente, están alineados con la orientación del gabinete, pensada para retener el poder y garantizar la lealtad institucional”. Un conocido observador político, que habló con el mismo periódico bajo condición de anonimato, afirmó sin rodeos: “Yo pienso que ese cambio del Ministerio de la Defensa no pudo haber sido posible sin la aprobación de Estados Unidos”. Otro analista, Trino Márquez, observó que “Delcy Rodríguez está buscando definir su perfil, quitarle las características maduristas a su administración”.

En otras palabras, once semanas después del bombardeo de Caracas y el secuestro de Maduro y Flores, Washington está consumando su golpe de Estado eligiendo efectivamente el gabinete y al alto mando a través de su títere Rodríguez.

Márquez señala que la primera decisión importante de Rodríguez para disolver la “sombra” de Maduro fue apartar de su puesto clave al empresario colombiano Alex Saab, acusado desde hace tiempo por las autoridades estadounidenses de corrupción y lavado de dinero, pero que fue imputado por eludir las sanciones estadounidenses.

Pero el paso más significativo políticamente para borrar la huella de Maduro fue la sustitución del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quien había ocupado el cargo durante doce años y era un pilar central del círculo íntimo de Maduro.

Padrino ha sido sustituido por el general Gustavo González López, un oficial formado en Estados Unidos, especializado en servicios de inteligencia y con estrechos vínculos con el influyente ministro del Interior, Diosdado Cabello. A pesar de haber sido sancionado por Estados Unidos en los últimos años, González López fue enviado en la década de 1990 a la famosa Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, para recibir ‘entrenamiento avanzado’ y cursos de operaciones psicológicas.

Cabello, a quien durante mucho tiempo se ha descrito como el verdadero responsable de las fuerzas de seguridad, permanece al frente del Ministerio del Interior a pesar de que Estados Unidos sigue ofreciendo una recompensa de 25 millones de dólares por su captura. Se le acusa de codirigir, junto con Maduro, el llamado Cártel de los Soles, una entidad ficticia inventada por Washington. Reuters informó que Cabello había mantenido conversaciones con funcionarios estadounidenses meses antes del ataque del 3 de enero para proteger a figuras clave de la oposición respaldada por Estados Unidos, algo que él ha negado.

Lo que es indiscutible es que ha brindado su pleno apoyo a los profundos cambios estructurales en la economía y el Estado anunciados por Rodríguez, que incluyen el nombramiento de su hija, Daniella Cabello, como ministra de Turismo.

La toma de posesión de los nuevos jefes militares tuvo lugar apenas un día después de que Rodríguez se reuniera con una delegación del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, junto a Laura Dogu, la encargada de negocios de la Embajada de Estados Unidos, quien ha supervisado la transformación del régimen paso a paso.

Además de esa delegación, desde el 3 de enero han pasado por Caracas figuras políticas, militares y de inteligencia estadounidenses de alto nivel, incluidos altos funcionarios del Departamento de Estado responsables de América Latina, representantes del Pentágono involucrados en la planificación del Comando Sur, el jefe de la CIA y otros miembros de alto rango de la comunidad de inteligencia encargados de la ‘estabilización’ y la ‘cooperación en materia de seguridad’ en Venezuela.

Estos nombramientos no solo buscan purgar elementos “poco fiables” y reconfigurar el equilibrio interno entre las facciones chavistas rivales; también pretenden tranquilizar al capital global ofreciéndole un garante fiable de los derechos de propiedad y de la represión contra la clase trabajadora.

A principios de este mes, delegaciones de Chevron y Shell visitaron Caracas para negociar importantes acuerdos que permitan expandir la producción de petróleo y gas. El director ejecutivo de Chevron, Mike Wirth, declaró el lunes que ha observado ‘progreso’, pero insistió en la necesidad de nuevas modificaciones al régimen de hidrocarburos de Venezuela. Según Reuters, los ejecutivos buscan que los contratos se rijan por la legislación estadounidense y estén sujetos a arbitraje internacional. Estas demandas se basan en la nueva Ley de Hidrocarburos, que ya otorga autonomía operativa a las empresas extranjeras y el derecho a vender petróleo directamente, al tiempo que reduce drásticamente los impuestos estatales.

Publicación de Donald Trump en Truth Social sugiriendo que Venezuela se convierta en el estado número 51 de EE.UU. [Photo: @realDonaldTrump]

Trump ha dado expresión política a estos intereses corporativos, sugiriendo en una publicación en redes sociales que Venezuela debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos. La transformación de Venezuela busca subordinar al país a la confrontación estratégica de Estados Unidos con China, Rusia e Irán, antiguos aliados clave de Caracas.

Como reflejo de esta situación frenética, las asociaciones empresariales han organizado al menos tres viajes de inversión a Caracas solo este mes, con reuniones con ‘personas influyentes de alto nivel’ del gobierno interino, según informó Reuters.

Estas delegaciones han expresado una euforia apenas disimulada ante la perspectiva de explotar a una clase trabajadora devastada. Años de sanciones estadounidenses, sumados a la brutal austeridad impuesta por el gobierno de Maduro y a la dolarización de facto, han reducido la economía venezolana a aproximadamente una quinta parte de su tamaño anterior, han contribuido a más de 100.000 muertes adicionales y han obligado a unos 8 millones de personas a huir como refugiados.

Un inversor, Jesse Cole, presidente de Sky Drop Capital —que cerró su planta manufacturera en Venezuela en 2011—, declaró a Reuters: “Es un cúmulo de oportunidades. No creo que la Venezuela que dejé sea la misma a la que regreso”.

La “oportunidad” en cuestión se basa en salarios de miseria, servicios sociales destrozados y un aparato estatal militarizado que ahora se está reacondicionando para proteger el capital extranjero.

La profunda reorganización del Estado y el desfile de inversionistas demuestran que los nacionalistas burgueses, que construyeron todo su proyecto denunciando a las capas ‘entreguistas’ de la burguesía venezolana, ahora están entregando los recursos clave del país al imperialismo. El World Socialist Web Site no defiende la ‘soberanía nacional’ en un sentido positivo como defensa del Estado nación burgués, sino que condena la actual entrega de la economía a Washington desde la perspectiva de los intereses independientes de la clase trabajadora.

Los trabajadores no deben ceder a ninguna facción de la clase dominante la lucha contra el imperialismo ni, por extensión, la defensa de cualquier país contra la dominación extranjera. Las camarillas nacionalistas burguesas en el poder utilizan el control de los recursos, sobre todo, para explotar a los trabajadores y mantener a sus fuerzas de seguridad como la última línea de defensa; no para el pueblo, sino para el dominio capitalista.

La actual complacencia de la élite chavista con Trump reivindica negativamente la Teoría de la Revolución Permanente. En la época del imperialismo, la burguesía de los países de desarrollo tardío es incapaz de resolver las tareas fundamentales del desarrollo democrático —la independencia nacional, la reforma agraria y las formas democráticas de gobierno— porque está orgánicamente ligada al capital financiero mundial y aterrorizada por las aspiraciones revolucionarias de su propia clase obrera. Estas tareas recaen sobre el proletariado, que debe tomar el poder sobre la base de un programa socialista internacional cuyo éxito, como el de la Revolución rusa de octubre de 1917, depende de la extensión de la lucha a los centros capitalistas avanzados.

Esta cuestión adquiere una urgencia apremiante en la actualidad. El afán por “abolir el siglo XX” y reimponer las cadenas coloniales a las naciones oprimidas de América Latina, Asia y África —mediante guerras, golpes de Estado, bloqueos y “terapias de choque”— está inseparablemente ligado a la explosiva crisis económica, los ataques generalizados contra los derechos sociales y democráticos, y el giro hacia formas de gobierno fascistas en Estados Unidos y otros centros imperialistas.

El programa para combatir la operación de cambio de régimen chavista estadounidense en Venezuela no es un retorno a las ilusiones nacionalistas en bancarrota del ‘socialismo bolivariano’, sino la movilización consciente e independiente de los trabajadores venezolanos, junto con sus hermanos y hermanas de clase en toda América y a nivel internacional, por el poder obrero y la reorganización socialista de la sociedad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 25 de marzo de 2026)