Una cosa es ganar y otra cantar victoria

MPR21                                                                                                                                    Juan Manuel Olarieta                                                                                              12/04/26

 

Hemos ganado “independientemente del resultado”, dijo ayer Trump, en un requiebro verbal que debe pasar a la historia, incluso de las competiciones deportivas. En efecto, desde ahora ganar o perder no depende del resultado.

Es algo que Trump aprendió del mafioso (a la par que abogado) Roy Cohn, en 1973, después de perder un largo pleito con el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

La historia de la paradoja es la siguiente: el gobierno de Estados Unidos demandó a la empresa de Trump por violar la Ley de Vivienda Justa debido a una discriminación racial en 39 propiedades.

El abogado de Trump, Roy Cohn, presentó una contrademanda de 100 millones de dólares contra el gobierno, argumentando que las acusaciones contra Trump carecían de fundamento. La demanda fue desestimada, o sea que Trump y su abogado perdieron el pleito. Entonces ambos convocaron una rueda de prensa para cantar su victoria a los cuatro vientos.

Trump, que entonces era joven, aprendió una lección básica de Cohn, un perro viejo curtido en mil artimañas: la realidad no importa nunca; lo importante es tener la posibilidad de contarla de una cierta manera.

Ambos, el abogado y su cliente, eran uña y carne. Hablaban a diario. Hasta su muerte, en 1986, Cohn no sólo asesoró a Trump en temas inmobiliarios, sino que fue su mentor político. Le enseñó a presentarse ante las cámaras, los micrófonos y los periodistas tal y como hoy le vemos.

El repertorio mediático es el siguiente: primero, nunca admitas ningún error; segundo, no te disculpes; tercero, contraataca siempre con más energía; cuarto, recurre a los pleitos, abogados y jueces como arma; quinto, no dejes que los medios de comunicación te manipulen, manipúlalos tú; sexto, el miedo es el mejor escudo y la mejor espada; séptimo, crea un banda de leales e incondicionales, prémiales y castiga a los desleales sin piedad.

A su vez, Cohn aprendió las mejores artes de la política estadounidense en los tiempos de “caza de brujas”, de la mano del senador McCarthy. Por ejemplo, fue el fiscal del juicio contra el matrimonio Rosenberg, a quienes impuso la pena capital por ser comunistas. En aquellas farsas trabajó en compañía de otro con una larga trayectoria política: Richard Nixon.