Tucker Carlson denuncia espionaje de CIA y advierte que guerra contra Irán “es una guerra de Israel, no de EEUU”

 

 

16/03/26

El periodista de la derecha conservadora Tucker Carlson denunció públicamente que la Central Intelligence Agency (CIA) habría accedido a sus mensajes privados y estaría preparando una acusación para presentarlo como “agente extranjero” debido a sus contactos con fuentes en Irán. Según explicó, funcionarios del aparato de inteligencia estadounidense habrían revisado comunicaciones suyas con personas vinculadas al país persa antes del inicio de la actual escalada bélica. Carlson afirmó que el objetivo sería construir un caso bajo la ley de registro de agentes extranjeros (FARA), una acusación que rechazó de plano: “Hablar con gente de otros países es literalmente mi trabajo como periodista”. Enfrentado a Trump desde MAGA, el popular periodista vienen denunciado que la guerra contra Irán es la agenda de Israel no de Estados Unidos. Por ANRed

Las declaraciones del comunicador se producen en medio de un creciente conflicto político con el presidente estadounidense Donald Trump, a raíz de la guerra en Medio Oriente. Carlson, que durante años fue una de las voces mediáticas más influyentes dentro del universo conservador y cercano al trumpismo, cuestionó duramente la escalada militar contra Irán. En sus intervenciones públicas señaló que el conflicto no responde a intereses de la sociedad estadounidense sino a la agenda geopolítica del gobierno de Israel. “Esta es una guerra de Israel, no de Estados Unidos”, afirmó, al tiempo que calificó de “repugnante y malvada” la posibilidad de arrastrar al país a una nueva intervención militar en la región.

Las críticas de Carlson provocaron una ruptura abierta con Trump, quien respondió públicamente descalificando al periodista y señalando que “ya no forma parte de MAGA”. El choque refleja una disputa cada vez más visible dentro del propio campo conservador estadounidense: por un lado, sectores que promueven una política exterior intervencionista alineada con Israel; por otro, corrientes vinculadas al discurso “America First” que rechazan nuevas guerras en Medio Oriente tras décadas de conflictos en la región.

En ese contexto, Carlson interpreta el supuesto espionaje de la CIA como parte de una represalia política por su posición contra la guerra. Según denunció, agencias de inteligencia habrían utilizado sus conversaciones con contactos iraníes —realizadas antes del estallido del conflicto— para intentar construir un caso judicial en su contra. El episodio no sólo abre interrogantes sobre el uso de herramientas de vigilancia contra periodistas, sino que también deja al descubierto las tensiones que atraviesan al establishment político y mediático de Estados Unidos en torno a la guerra con Irán.

La sombra de la conmdena contra Assange

La denuncia de espionaje contra Tucker Carlson también reavivó comparaciones con el caso del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, perseguido durante más de una década por revelar documentos secretos sobre las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Mientras Carlson denuncia que podría ser acusado de actuar como “agente extranjero” . El caso de Assange mostró hasta qué punto el aparato judicial y de inteligencia estadounidense puede criminalizar el trabajo periodístico cuando expone intereses estratégicos o militares. La acusación contra el fundador de WikiLeaks se apoyó en la Espionage Act, una legislación de la Primera Guerra Mundial que ha sido utilizada reiteradamente contra filtradores y periodistas.

Durante años, organizaciones de derechos humanos advirtieron que las causas contra Assange sentaban un precedente peligroso para la libertad de prensa: por primera vez un periodista podía ser juzgado por publicar información verificada obtenida de fuentes gubernamentales. De hecho, varios de los cargos presentados por el Departamento de Justicia estadounidense contemplaban penas extremadamente severas que, en conjunto, podían implicar décadas de prisión e incluso abrir la puerta a acusaciones aún más graves si se ampliaba la interpretación de la ley de espionaje en un contexto de conflicto bélico con la pena de muerte. Una posible acusación que podría recibir Carlson.

El lobby siopnista en EE.UU.

El “lobby proisraelí” en la política exterior de Estados Unidos ha sido desarrollado durante años por analistas. Uno de los trabajos más citados es el libro The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy, de John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, que sostiene que existe una red de organizaciones, think tanks, donantes y actores políticos que promueven una política fuertemente alineada con Israel. Entre las organizaciones más mencionadas se encuentra American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), uno de los grupos de presión más influyentes en el Congreso estadounidense, que históricamente ha impulsado resoluciones, sanciones y ayuda militar en favor del Estado israelí.

Según esta perspectiva crítica, el lobby proisraelí no funciona como una estructura única y centralizada, sino como una constelación de organizaciones políticas, fundaciones, donantes y medios que influyen en el debate público y en las decisiones del Congreso y la Casa Blanca. Esta red impulsa una agenda que prioriza la seguridad y los intereses estratégicos de Israel en Medio Oriente, lo que se refleja en la asistencia militar multimillonaria que Washington envía cada año al país y en el respaldo diplomático sistemático en organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas.

Un ejemplo significativo de esta influencia fue la decisión del gobierno de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel en 2017 y trasladar allí la embajada estadounidense (medida que también acompaño Milei). La medida rompió con décadas de política diplomática internacional y fue celebrada por organizaciones proisraelíes en Estados Unidos, mientras que generó críticas de gran parte de la comunidad internacional. La decisión tuvo consecuencias geopolíticas inmediatas: aumentó las tensiones con el pueblo palestino y profundizó el aislamiento de Washington en varias votaciones dentro de la Organización de las Naciones Unidas.

Hoy no hay dudas que la confrontación con Irán es una influencia del lobby sionista desde hace años. Distintos sectores del lobby impulsaron en el Congreso leyes y resoluciones destinadas a endurecer las sanciones económicas contra Teherán y a bloquear acuerdos diplomáticos que limitaran el programa nuclear iraní. Para analistas críticos, esta presión contribuyó a reforzar una política exterior cada vez más alineada con las prioridades estratégicas de Israel en la región.