«Tenemos un enemigo en común y el mismo destino: el del pueblo palestino”

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Thiago Ávila / coordinador de la Global Sumud Flotilla                                  Carlos H. de Frutos                                                                                                    Porto Alegre (Brasil)                                                                                                 1/04/2026

<p>El activista brasileño Thiago Ávila. / <strong>Cedida</strong></p>

El activista brasileño Thiago Ávila. / Cedida

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Los compromisos que ocupan la media hora posterior a la intervención de Thiago Ávila (Brasilia, 1986) en la I Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos recuerdan más a los de una estrella de rock que a los de un activista humanitario. Decenas de seguidores respetan, móvil en mano, la improvisada fila que conduce al escenario del salón de actos de la Universidad Federal de Porto Alegre, donde Ávila intercala stories de Instagram y saludos protocolorios a autoridades y miembros del Gobierno.

Tan solo dos días antes de este encuentro, el coordinador de la Global Sumud Flotilla fue retenido ilegalmente en el aeropuerto de Panamá, donde hacía escala su vuelo de regreso a Brasil procedente de Cuba tras participar en la flotilla solidaria con el objetivo de romper el bloqueo de EEUU sobre la isla. Tras seis horas de interrogatorio sobre su participación en misiones humanitarias, como las que meses atrás le costaron detenciones similares por parte del gobierno de Israel por participar en la flotilla de Gaza, el activista fue puesto en libertad.

Mientras se escribía esta entrevista, Ávila se encuentra, una vez más, retenido e incomunicado en un aeropuerto. En esta ocasión, en el Aeroparque Internacional Jorge Newbery de Buenos Aires, ciudad a la que viajaba para participar en una conferencia sobre su trabajo al frente de la Global Sumud Flotilla. De nuevo, una detención ilegal y una prohibición injustificada de entrada en el país por parte de un gobierno al servicio de EEUU como el del ultra Javier Milei. Un intento más de minar a través del amedrentamiento una voluntad de lucha y resistencia que apenas veinte minutos de conversación con él confirman como imperturbable.

¿Por qué cree que es importante incorporar el mensaje y la lucha antisionista en el marco de una conferencia antifascista como esta?

El fascismo no es más que una vía de escape del sistema capitalista en sus momentos de crisis.

El fascismo no es más que una vía de escape del sistema capitalista en sus momentos de crisis. Es una parte esencial de ese sistema a la hora de mantener sus estructuras de explotación, opresión y destrucción de la naturaleza; y las intensifican en contra de los pueblos, a pesar de su discurso populista. En esta labor instrumental del sistema en una etapa imperialista, el sionismo es uno de sus ejes fundamentales para la intervención geopolítica en Asia occidental y para el mantenimiento del intento de control energético en el mundo. Es el gran aliado de la clase dirigente y el proyecto imperialista liderado por EEUU.

El intento de colonizar Palestina responde a la necesidad de tener un puesto avanzado en Asia occidental para el control energético y geopolítico e intentar contener a China y el proceso de integración del sur global. Lo que está pasando con la ideología fascista en muchas partes del mundo es lo que Netanyahu hace en su país. Ambos subsisten en el odio, en la intolerancia, y necesitan destruir a sus oponentes y silenciar a los pueblos manteniendo su proceso de gobierno autoritario. El sionismo es el nazismo del siglo XXI.

¿De qué manera vincula la situación que se está viviendo durante estos últimos meses en Cuba y el genocidio que desde hace más de dos años se está perpetrando en Gaza?

Cuando nos embarcamos con la flotilla hacia Gaza o hacia Cuba la misión es la misma. Se trata del mismo enemigo, el mismo complejo industrial militar, los mismos billonarios de las Big Tech, los mismos dirigentes políticos del Estado burgués capitalista de EEUU: el mismo proyecto.

Los helicópteros que entraron en Caracas para secuestrar a Maduro son los mismos que masacraron Gaza

Las bombas que se tiraron en Venezuela el 3 de enero son las mismas bombas que los israelíes venden a un precio más alto justificando que están probadas en combate, que hay un sello de testado en cuerpos palestinos; y los helicópteros que entraron en Caracas para secuestrar a Maduro son los mismos que masacraron Gaza. El internacionalismo implica no pensar desde un patriotismo vacío y las banderas de los estados nacionales, sino desde la solidaridad genuina entre los pueblos. Tenemos un enemigo en común y el mismo destino. El destino del pueblo palestino, muy probablemente, será el de toda la humanidad.

En estos dos años y medio hemos visto que el destino de Gaza se acerca cada vez más al de Cisjordania, el del sur del Líbano, el de Irán, de Venezuela, de Cuba… Ellos tienen una idea de expansión capitalista y control hegemónico de un imperio en decadencia a través de tres ejes: la contención económica de China y su proyecto de integración de las nuevas rutas de la seda, el mantenimiento del control energético y la preservación de lo que consideran su “espacio vital”, es decir, Latinoamérica.

Nuestro continente está en el punto de mira de todos estos ejes. Es una región donde la disputa con China se manifiesta claramente, en la que está la mayor reserva de petróleo conocida del mundo –en Venezuela–; y somos lo que entienden como su patio trasero. Latinoamérica está, como decía José Martí, en la difícil situación de estar muy lejos de Dios y muy cerca de EEUU.

¿Qué papel tiene la acción popular y la movilización de la sociedad civil de occidente en esta lucha a la hora de direccionar la actuación de los gobiernos de la Unión Europea y EEUU?

La movilización en todas las partes del mundo es importante, pero cuando hablamos del centro del capitalismo los efectos de esta movilización tienen un efecto más amplio.

El proyecto colonial sionista solo sobrevive gracias a la connivencia de la Unión Europea y EEUU

Cuando los trabajadores italianos deciden bloquear un puerto en su país, no solo se frena la circulación de mercancías allí, sino el tránsito de armas, bombas, combustible, repuestos… El impacto es mucho mayor. No podemos olvidar que el proyecto colonial sionista solo sobrevive gracias a la connivencia de la Unión Europea y EEUU. El 75 % de las armas usadas contra el pueblo palestino que llegaron de fuera de Israel llegaron desde EEUU, pero el resto también proceden de países como Alemania, Reino Unido, Italia…

España vive una situación distinta, pero aún existe una gran complicidad. A pesar de las acciones que está tomando vuestro gobierno, aún hay puertos que están siendo utilizados por el sionismo para perpetrar el genocidio. Mientras este proceso de exterminio, este genocidio, siga en marcha, los países que firmaron en Estatuto de Roma, la Convención de Ginebra la Carta de la ONU tienen el deber de actuar. Tenemos la tarea de parar la complicidad, y en ese proceso la movilización de todos los trabajadores tiene un efecto clave.

Durante el pasado verano, en Europa, y en concreto en España, se vivió un repunte de la movilización social contra el genocidio en Gaza que a día de hoy parece haberse apagado, probablemente, condicionado por el falso alto al fuego en Palestina. En un entorno mediático dominado por las grandes corporaciones y un contexto de desinformación como el que vivimos, ¿cómo podemos mantener viva esta necesaria llama de la protesta en las calles?

El intento de detener las movilizaciones por parte del sionismo es un proceso amplio y meditado. La falsa idea del cese al fuego es parte de él. Palestina no vive en paz desde hace ocho décadas. La gente sigue muriendo, la vida sigue siendo interrumpida, las tierras siguen siendo robadas y el plan sigue siendo la dominación colonial y tecnofascista a través de las peores prácticas de una película distópica. Pero, además, están llevando a cabo procesos de criminalización y difamación de organizaciones de solidaridad. Muchas personas son encarceladas y perseguidas por acciones como la de la Flotilla, que no es más que una llamada global de solidaridad.

La criminalización, el silencio, la difamación y la persecución física a personas forman parte de esta estrategia de desmovilización

Por otra parte, está el silencio de los grandes medios corporativos y la censura de las Big Tech, que están incrementando estos procesos con algoritmos que acallan voces disidentes. La criminalización, el silencio, la difamación y la persecución física a personas, como a la que se está sometiendo a Francesca Albanese, forman parte de esta estrategia de desmovilización.

Yo estoy en una situación en la que no puedo ir a ningún país del norte global sin que me dirijan a la delegación de policía antes incluso de entrar. No puedo ni cambiar dinero, ni reservar una habitación de hotel… Es el coste que intentan que sufran las personas movilizadas por causas justas como esta. Por eso, es importante trasladar el mensaje de que no nos van a parar. La criminalización no sirve cuando las personas están decididas.

Han pasado apenas unos días desde su liberación tras ser detenido e interrogado durante varias horas en Panamá a tu regreso de Cuba. ¿Cómo vivió esta detención?

Llegué a Panamá como escala en mi viaje desde Cuba a Brasil, y nada más pisar el país me llevaron a una sala sin identificación y me retuvieron durante horas. Allí me interrogaron en español e inglés sobre la flotilla de Cuba y de Gaza. Sabían perfectamente todo sobre mí.

Panamá es un país que actúa como colonia de EEUU. Es un eje de conexión y un hub lobbístico estadounidense en América Latina

Hay que recordar que Panamá es un país que actúa como colonia de EEUU. Es un eje de conexión y un hub lobbístico estadounidense en América Latina. Es el país en el que estaba la Escuela de las Américas en la que se forjaron las dictaduras militares de Latinoamérica, y un lugar en el que tanto la CIA como el Mossad tienen mucha influencia.

Intentan penalizarnos, amedrentarnos, pero no lo van a lograr. Las personas que creemos en un mundo sin explotación, sin opresión y sin destrucción de la naturaleza hemos sido históricamente sometidos a violaciones, persecuciones, encarcelamiento e incluso a la muerte. Pero la historia está contada por las personas que, a pesar de ello, siguieron luchando y movilizándose. Cada vez es más gente la que asume ese mandato histórico.

¿Cómo valora la actuación del gobierno de Lula con respecto al genocidio en Gaza?

La opinión que más importa sobre esta cuestión es la de los propios palestinos, y yo sé por experiencia propia que la comunidad palestina tiene mucha gratitud hacia Brasil. Lula ha tenido una relación histórica muy importante con la lucha y la causa palestina. Reconoció el Estado palestino en 2010, ha recibido refugiados palestinos y fue el primer líder del mundo en denunciar que se estaba cometiendo un genocidio.

El problema es que la estructura del imperialismo y el sionismo mantiene a algunos países bajo una amenaza e injerencia constante que provoca que, incluso cuando hay voluntad política, sientan esa presión. Lula tiene la capacidad para inspirar y movilizar a mucha gente. Las palabras pueden convencer, pero los hechos concretos son esenciales en este momento.

Más allá de la voluntad de un presidente bienintencionado, Brasil firmó la Carta de la ONU, la Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma. Esto obliga al Estado brasileño a actuar, a no ser cómplice con el genocidio y a combatir las estructuras que lo permiten, así como la cooperación militar, comercial, académica, artística… Hoy en día, sigue habiendo una invasión sionista en nuestras playas por parte de criminales de guerra que vienen a Brasil de vacaciones, cometiendo violaciones contra la población local y reproduciendo su racismo y su supremacismo aquí.

El gobierno brasileño tiene el deber de ir más allá de las palabras y avanzar en una práctica antisionista concreta. Brasil puede ser ese ejemplo, esa ventana está abierta. Presidentes como Gustavo Petro tuvieron esa capacidad para ir más allá de las palabras y ejercer una práctica concreta para romper la complicidad con el sionismo.

¿Qué acciones y medidas concretas le exigiría a este gobierno?

Sobre todo, la ruptura de relaciones diplomáticas, militares y comerciales: el fin de los todos los contratos armamentísticos y la prohibición de que se lleve petróleo a Israel. Desafortunadamente, a lo largo de esos más de dos años de escalada de genocidio en Gaza, Brasil ha sido el cuarto país proveedor de petróleo de esta máquina genocida. El gobierno justificó que no era petróleo de Petrobras, que se trataba de empresas privadas como Shell. Pero el gobierno tiene su política de estado, tiene sus acuerdos internacionales, y la ley humanitaria debe estar por encima de los intereses comerciales de cualquier compañía extranjera.

¿Qué puede aportar el sur global en esta lucha contra el sionismo?

El sur global no tiene solamente la experiencia teórica de lo que es un genocidio, un estado de apartheid o un proyecto de colonización, sino también la práctica.

El sur global no tiene solamente la experiencia teórica de lo que es un genocidio, un estado de apartheid o un proyecto de colonización, sino también la práctica. No debería ser difícil para un brasileño que ve la situación de nuestros pueblos originarios en su país comprender lo que sucede cuando llega un proyecto colonial extranjero para tomar su tierra y asesinar a su gente. Tampoco ver la deshumanización, ni la manipulación ideológica que trata al norte global como el centro civilizatorio del mundo, el lugar donde hay respeto por los derechos humanos y las libertades democráticas y civiles. Desde aquí vemos que eso es un proyecto que quiere que nos percibamos como inferiores, como una región eternamente condenada a la explotación, las opresiones y la destrucción de la naturaleza: las “zonas de sacrificio”.

Gaza es solo un laboratorio del futuro que planean para nosotros. Si alguien tiene alguna duda de que Brasil, con el 13% del agua potable disponible en forma líquida en el mundo, el mayor río y la mayor reserva de biodiversidad del planeta, está exento de la intervención, de la injerencia y el intento de dominación imperialista, vive en una ilusión. Tenemos una historia compartida de colonización y el convencimiento de que, solamente luchando, derrotaremos esos proyectos. El sur global tiene mucho que aportar.

Pero mi análisis del mundo es un análisis de clase. Y este sistema oprime a los trabajadores del norte global también: de España, de EEUU, de Reino Unido… Tenemos que construir una sociedad para las mayorías sociales, para el 99% que no se beneficia en nada de este proyecto de destrucción. El sur global tiene inventiva, capacidad y disposición de lucha, experiencia práctica en las violaciones de derechos. Es una lucha de millones de personas en el mundo oprimidas contra una pequeña clase de unos pocos que imponen esta situación.

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Carlos H. de Frutos

Es periodista.