Gran Canaria. Sima Jinámar: donde los muertos viven

                                                                         

 

Imagen en “Interviu” (1977) del periodista José Luis Morales junto a restos óseos identificados como de una mujer
Imagen en “Interviu” (1977) del periodista José Luis Morales junto a restos óseos identificados como de una mujer

No hay descanso para la memoria. No lo hay. Porque a esta historia, como a la boca del volcán, no se le termina de ver el fondo. Caminamos por el borde. Todos”.
Nadia Jiménez Castro

Un centenar de dirigentes y afiliados a las organizaciones republicanas fue arrojado al volcán tras el golpe de Estado del 36. El episodio fue un secreto a voces que duró tanto como duró la dictadura

El primer espeleólogo que encontró, en los años setenta, restos humanos con evidencias de torturas y disparos, denunció un posterior vertido de chatarra y basura para intentar ocultarlo. No lo consiguieron

Para ubicarnos, si buscamos el término “Jinamar” en Doña Wikipedia la referencia es clara, se trata de un pueblo ubicado entre Las Palmas de Gran Canaria y Telde. Estos datos sucintos nos sirven para llegar hasta la llamada sima de Jinámar, un lugar que no solo alberga un profundo tubo volcánico, sino también la memoria traumática de una época oscura. Tras el golpe militar de 1936 fue convertido en el escenario de unos episodios trágicos en los que se perpetró la desaparición forzada de al menos un centenar de personas. Allí fueron arrojados al abismo “muchos dirigentes y afiliados a las organizaciones populares republicanas”, según refiere el historiador Oswaldo Brito, en su obra Historia del Movimiento Obrero Canario. El episodio fue un secreto a voces que duró tanto como duró la dictadura.

En 1977 el periodista de Agüimes (Las Palmas), José Luis Morales publicó en la desaparecida revista Interviú el reportaje titulado “Matanza de rojos en Canarias”, firmado junto al reportero Miguel Torres, en el que se narraba la crónica de un descenso a los infiernos. Formando parte de una expedición, bajaron a más de setenta metros de profundidad por un cono volcánico «para descubrir cientos de restos humanos, tirados por sus asesinos durante la sublevación golpista del 36». De ahí nació asimismo la novela Sima de Jinámar (1977), que Morales denominaría como el «Gernika canario». La periodista Nadia Jiménez Castro, opina que ese trabajo fue tan importante que la isla se partió en dos: “Y literalmente, se partió también su sociedad. Sociológicamente, Gran Canaria escupió magma por dos coladas distintas, la de quienes callaron o fueron acallados por miedo durante largo tiempo. Y la de quienes guardaron un silencio que jamás, pensaron ellos, sería quebrantado”.

Precisamente, para que el olvido no se apropie de la memoria, el barrio de Jinámar acogió recientemente las I Jornadas de Patrimonio Cultural, una iniciativa impulsada por la Coordinadora en Defensa del Patrimonio de Jinámar (COPAJI) que busca reflexionar sobre la conservación, el conocimiento, y la difusión del patrimonio cultural de la memoria democrática en Canarias. El aviso es oportuno, de lo contrario corremos el “alto riesgo de pérdida del legado de nuestros antepasados debido al desconocimiento, la dejación de las administraciones y los intereses económicos del turismo”.

El primer espeleólogo que encontró, en los años setenta, restos humanos con evidencias de torturas y disparos, denunció un posterior vertido de chatarra y basura para intentar ocultarlo. No lo consiguieron

Abrió las jornadas el documental Las Flores de la Memoria, realizado por Enrique González y Ángeles Moreno. Ambos creadores explicaron cómo nació este proyecto audiovisual, que profundiza en el significado de las marchas que cada 1 de noviembre recorren el camino entre la Plaza de Jinámar y la emblemática Sima, memoria histórica de Gran Canaria. El documental ilumina los años de represión y persecución tras el golpe de Estado de 1936, y da voz a quienes rinden homenaje a las víctimas, reclaman justicia y reivindican su dignidad. En las imágenes afloran también sentimientos de solidaridad, reparación y compromiso con los valores democráticos, así como un reconocimiento al esfuerzo de familiares y colectivos que mantienen viva la memoria de los represaliados.

Detallaron arqueólogos y expertos en trabajos verticales las grandes dificultades de acceso a la cavidad debido a su profundidad y compleja morfología. Los restos óseos hasta ahora encontrados revelan signos de tortura e impactos de bala, junto a objetos personales y casquillos de munición, pues los asesinos arrojaban también las evidencias de sus fechorías. Los especialistas describieron un entorno extremadamente degradado: la Sima de Jinámar está hoy colmatada de escombros, escorias industriales y basuras vertidas a lo largo de décadas. Jesús Cantero Sarmiento, uno de los primeros espeleólogos canarios que descendió a la Sima en los años setenta, recordó que en su primera bajada observó restos humanos visibles en superficie, y denunció que “la acumulación de chatarra y basura apareció mucho después, vertida con mala intención para ocultar lo que allí había”.

Ni el olvido ni la chatarra deben ocultar la sima, allí permanecen los que el poeta Juan Jiménez refirió como “los muertos caídos vivos en ella”. ‘Sima Jinámar’ es pura memoria y resistencia.

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