Aunque nuestros medios de difusión nos llaman a creerlo, la República Islámica de Irán no es un régimen totalitario, en todo caso no más que nuestros propios regímenes occidentales. Irán es una civilización mucho más antigua que Occidente. Sus habitantes tienen virtudes que nosotros no tenemos. No sólo nadie debe sentir orgullo por tratar de acabar con ellos sino que incluso deberíamos escucharlos.
عربي Deutsch ελληνικά français italiano Nederlands Português русский
Estamos asistiendo, estupefactos, a una guerra de nuevo tipo y sin entenderla. La intensa sucesión de fenómenos oscurece nuestro entendimiento:
• Por un lado, seguimos hipnotizados por la superioridad militar de Occidente, el factor que hizo que nuestros países dominaran el mundo durante cinco siglos. Somos incapaces de reconocer que pueblos que aún caminan descalzos pueden ser más civilizados que nosotros. Pero a los iraníes no les interesan nuestras comodidades ni nuestro lujo. No por ello dejan de ser lo que son desde mucho antes que nosotros, un pueblo de ingenieros, con una educación científica mucho más profunda que la nuestra.
La civilización de los iraníes se caracteriza, primeramente, por una voluntad individual de hierro, que no podemos ni siquiera imaginar. En los museos iraníes se ven obras que son fruto de toda una vida de trabajo. Eso no existe en Occidente, donde se suele creer que creación y concentración son incompatibles. Los iraníes perciben el tiempo sólo desde la perspectiva de la duración, nunca en su brevedad. La segunda característica de su civilización es más común: ellos organizan su vida alrededor de la percepción de realidades espirituales. Así estaban organizadas las sociedades occidentales al final de la Edad Media y en tiempos del Renacimiento. Hoy no es así y en Occidente creemos que en eso consiste el progreso. Ellos no. Esas dos características de su civilización, los hace valorar la conciencia más que la ebriedad.
Por supuesto, entre los iraníes existen los mismos vicios que en Occidente. Por ejemplo, en Irán hay tantos drogadictos como en Occidente. La diferencia está en el hecho que, en Occidente, la drogadicción se ve como algo tan banal que el público ni siquiera reacciona cuando los políticos consumen cocaína, algo inconcebible para los iraníes.
• Occidente está tan imbuido de su supuesta “superioridad” que ignora la cultura iraní. Pero Irán es una gran civilización, desde el primer milenio antes de nuestra era, mucho antes de que existiera la Atenas de Pericles, desde los tiempos en que los europeos no eran más que más que un puñado de tribus dispersas. En cierto sentido, es incluso normal que los occidentales ignoren esa civilización ya que en nuestras escuelas sólo se habla de su cultura cuando se mencionan las “guerras medicas”, o guerras “greco-pérsicas”. Hemos oído hablar vagamente de las batallas de Maratón, de las Termópilas y de Salamina… y eso es todo. Sentimos orgullo, con razón, cuando nos cuentan la victoria de los griegos, por su unidad y su astucia, y no vamos más allá.
La civilización de los iraníes está, en sí misma, profundamente marcada por su contacto con la civilización china. En el siglo V antes de nuestra era, ya había estatuas chinas en el gran palacio de Persépolis. Pero lo más importante es que la civilización de los iraníes dio origen a la civilización árabe. Los grandes matemáticos árabes, los grandes astrónomos árabes, los grandes médicos árabes, los grandes poetas de la lengua árabe no eran árabes sino persas. Algunos de los iraníes de hoy conservan incluso cierto sentimiento de superioridad en relación con los árabes.
En el siglo XVI, Irán era un imperio musulmán sunnita, pero la dinastía safávida quiso dar a su imperio una identidad diferente a la de su rival, el imperio otomano. Fue así como la dinastía safávida convirtió su población al islam chiita. El reinado de Ismail I estuvo marcado por una guerra de religión cuyo objetivo fue imponer el chiismo mediante el uso de la fuerza. Para instaurar el islam chiita, Ismail I se apoyó en los ulemas chiitas del sur del Líbano.
Eso significa que la relación entre Irán y el Hezbollah libanés no es lo que se cree en Occidente. Todavía hoy los estudiantes de teología iraníes viajan a Líbano para perfeccionar sus estudios. En Líbano, cuando el Hezbollah me albergó en una de sus residencias, la mayoría de las personas albergadas allí eran ulemas iraníes.
Habitualmente se explica la diferencia entre los musulmanes sunnitas y los chiitas como un pleito por la sucesión, pero en realidad se trata de dos mundos diferentes. En el mundo islámico, cada región tiene su propia cultura. El islam africano no se parece al islam de China. Los iraníes construyen sus mezquitas en lugares bajos y con pocas ventanas abiertas. Dentro de ellas, en una semi penumbra, las paredes se recubren de pedazos de espejos, creando una atmósfera que invita a la meditación, a la reflexión sobre uno mismo.
• Tampoco se entienden en Occidente los lazos que unen a los chiitas árabes con Irán. El mensaje del imam Khomeiny, el padre de la revolución islámica iraní, los transformó a todos. Algunos no siguieron después al “sucesor” institucional de Khomeiny, el ayatola Alí Khamenei, cuando este último redefinió el Velayat-e faqih, o sea el papel de “los sabios” en el gobierno de la gente. Contrariamente a una creencia muy extendida, hombres como el jeque Mohammad Hussein Fadlallah, el padre espiritual del Hezbollah, nunca siguieron al ayatola Khamenei en su sueño de autoridad sobre todos los chiitas.
El Irán revolucionario ejerció una verdadera fascinación, no sólo entre los chiitas del mundo entero sino también entre los demás musulmanes e incluso entre los no musulmanes. Su mensaje era que es posible, a fin de cuentas, liberar a los pueblos del colonialismo y vivir con justicia, en un océano de injusticia, sacrificando su propia vida por ese ideal. A los chiitas que abrazaban ese ideal, Irán les enseñó a seguir el ejemplo del imam Khomeiny. Bajo los presidentes Hachemi Rafsandyani y Mohammad Khatami, Irán pensó en defenderse apoyándose en sus admiradores extranjeros. Aquella fue la época de los “proxis”, como los llaman los anglosajones. Pero aquel periodo terminó con la llegada al poder del presidente Mahmud Ahmadineyad y, sobre todo, con el general Qassem Soleimani. Hoy se puede decir que Irán ya no tiene “proxis”, diga lo que diga la propaganda occidental. Aunque reciban armamento de Irán, cada grupo es ahora independiente.
Hoy en día, por ejemplo, el Hezbollah libanés no lucha contra Israel por solidaridad con Irán sino porque Israel ocupa militarmente parte del Líbano, en violación del acuerdo de alto al fuego del 26 de noviembre de 2024.
• En Occidente se acepta que los líderes iraníes sean asesinados. Los occidentales ven esos asesinatos como un “mal necesario”. Ven a Irán como un país “totalitario” que oprime a las mujeres. Pero esa es una manera de interpretar una parte de lo que vemos sin tratar de entender todo el conjunto.
No cabe duda de que Irán está siendo gobernado por una generación que no entiende a su juventud. Pero en Occidente interpretamos ese problema generacional como una discriminación hacia las mujeres y creemos que el gobierno les cierra el acceso a los cargos de responsabilidad. No se tiene en cuenta que Irán sufrió una guerra impuesta por Irak y que en esa guerra Irán perdió gran parte de sus hombres. Como en la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial, Irán tuvo que aceptar una mayoría de mujeres en la administración. Hoy las mujeres están presentes en todos los niveles de la sociedad iraní. Es cierto que no dirigen los rituales religiosos ni las fuerzas armadas, pero en Occidente las mujeres tampoco son precisamente numerosas en ese tipo de actividades.
En Occidente también se considera extraño que las mujeres tengan que usar el velo islámico, pero no tenemos en cuenta que los hombres iraníes también están obligados a dejarse crecer la barba. También ignoramos el hecho que numerosos políticos iraníes –principalmente el presidente Mahmud Ahmadineyad– trataron de dejar atrás esos comportamientos y creemos que la imposición del velo a las mujeres es lo que define al gobierno de Irán. Ignoramos que la indumentaria negra que porta una parte de las mujeres iraníes –indumentaria por demás similar a la que portan las religiosas cristianas– no es una muestra de sumisión sino parte de un código. En la administración iraní, las mujeres vestidas de negro son tan numerosas como los hombres que portan traje de dos piezas y corbata en las administraciones occidentales.
Occidente ignora el nivel intelectual de los iraníes en general. Por ejemplo, lejos de ser un individuo obcecado por un diabólico deseo de oprimir el pueblo, el asesinado Alí Larijani era un filósofo, especializado en la obra de Kant, interesado en el estudio de los criterios –¿lógica o intuición?– que llevan una persona a aceptar o rechazar una proposición. ¿Cuántos dirigentes así tenemos en Europa?
• Para terminar, digamos algo sobre la violencia en Irán. En todas las épocas, Irán ha vivido en una cultura sangrienta. Todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos han reconocido que, en los años 1960, el régimen del shah Mohamed Reza Pahlevi era el más represivo del planeta. Pero, como pueblo, los iraníes siempre han sido contrarios a los castigos colectivos. Es cierto que la República Islámica ha recurrido con frecuencia a la pena de muerte, pero nunca a castigos contra familias ni contra grupos de personas.
En Occidente se afirma que en Irán los homosexuales son enviados a la horca, eso no es cierto. En cambio, los violadores de niños sí son condenados a la horca. Y la cultura popular iraní sigue asimilando la homosexualidad a la pedofilia, como sucedía en Europa hace sólo una treintena de años. Yo mismo soy testigo de que algunos iraníes ven con desprecio a los homosexuales iraníes, pero también soy testigo de que ese prejuicio es menos frecuente en Irán que en Europa y de que los homosexuales iraníes ciertamente no hacen ostentación de lo que son… pero tampoco se esconden. El ayatola Mojtaba Khamenei, que acaba de ser designado Guía Supremo, es notoriamente homosexual. Eso indica que la República Islámica no es intrínsecamente estúpida, como tampoco lo es la oposición. Y también puedo decir que, siendo yo conocido por mi amistad con el presidente Mahmud Ahmadineyad quienes hicieron campaña contra mí por mi homosexualidad fueron los llamados “progresistas” proestadounidenses.
Los iraníes son como nosotros. Capaces de mostrarse puritanos en el ámbito público siendo liberales en privado, lo cual hace decir a quienes no los entienden que son un pueblo de hipócritas. En realidad, sólo difieren de nosotros en su definición de la libertad y de las conveniencias.
Cuando Khomeiny, en reacción al uso de gases tóxicos por parte de Irak, declaró que la moral prohibía que Irán recurriese al uso de armas de destrucción masiva, no fue difícil para él lograr que los iraníes aceptaran su fatwa en ese sentido. Y si la guerra duró un año más fue precisamente porque la República Islámica se había impuesto a sí misma aquella limitación. Ese hecho de la historia reciente de Irán hace que sean absurdas las acusaciones de que los iraníes esconden un hipotético programa nuclear de carácter militar. Además de que el concepto de taqiyya (disimulación) no tiene absolutamente nada que ver con el islam chiita, esas acusaciones occidentales ignoran otro aspecto esencial de la cultura iraní: la responsabilidad individual. Irán rechaza toda forma de castigo colectivo.
Quiero subrayar que en Irán nunca temí al poder político ni al poder militar, pero siempre sentí que tenía que protegerme del poder judicial. Los jueces, que aplican su interpretación personal de la ley islámica, me parecieron a menudo fanáticos. Tuve la oportunidad de conversar y debatir con los más altos responsables de ese medio y me parecieron a menudo gente que condenaba a los acusados olvidando su dimensión de seres humanos.
A modo de conclusión, quiero resaltar que en Irán encontré muchísima gente sincera, personas capaces de asumir los mayores sacrificios. Sé que no todos son así y que también existen iraníes que sólo se interesan por el dinero… como los occidentales.


Manténgase en contacto
Síganos en las redes sociales
Subscribe to weekly newsletter