¿Qué está pasando en Etiopía?

Fuente: Umoya num. 100 – 3er trimestre 2020                         Pablo Arconada

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Etiopía ha sido durante las últimas décadas un referente de estabilidad en el Cuerno de África. Sin embargo, en los últimos años estamos asistiendo a un proceso de quiebra que ya ha dado varios toques de atención. Las protestas oromo, junto con el proyecto de construcción de un nuevo Estado federado en la región de Sidama, así como las reivindicaciones de viejos nacionalismos, están poniendo en entredicho la unidad del país.
Sin embargo, el problema de Etiopía no es solo una cuestión territorial, también tiene que ver con el reparto de poder, el fracaso de un cambio real y las complejas relaciones con los países de la región. La supuesta transición política iniciada por el primer ministro Abiy Ahmed alumbró los sueños de que el país, gobernado por una coalición de partidos desde 1995, se transformaría en una democracia.

No obstante, el proyecto Ahmed parece hoy hacer aguas. Su política se había basado en el reformismo y el respeto a los Derechos Humanos más básicos. Pero, si en un principio sus políticas aperturistas liberaron a miles de prisioneros políticos y se iniciaron los trámites para mantener la paz con grupos considerados terroristas, como el ONLF, en el último año hemos visto el regreso de la represión y el silencio a través del uso de la fuerza.
El otro pilar del gobierno del premier etíope se basó en la construcción de una paz duradera en el África Oriental que mejorase las relaciones regionales. Justo hace dos años Etiopía y Eritrea firmaban una paz inesperada después de casi 20 años de enfrentamiento. Sin embargo, todo parece indicar que el acuerdo de paz podría estar en peligro ante la falta de avances reales en la desmilitarización de la frontera. Al enigma eritreo, se suman las relaciones con Egipto y Sudán a causa de la Presa del Renacimiento. Ambos países se han opuesto tajantemente primero a la construcción del enorme embalse y segundo a su llenado, ya que eso supondría una reducción del caudal del Nilo, básico para el desarrollo regional de ambos países. Egipto incluso llegó a amenazar con usar cualquier tipo de estrategia, incluida la fuerza, para frenar lo que consideran una amenaza a sus intereses y su seguridad. Aunque estos países están negociando, nadie niega ya que Egipto tenga un enorme interés en desestabilizar Etiopía si así consigue frenar sus planes hidrológicos.
A todo ello hay que sumar la situación que se está viviendo en el país por la pandemia del covid-19. Se calcula que en Etiopía han fallecido unas 500 personas y hay unos 25.000 infectados, pero todo parece indicar que su expansión se está acelerando y existe la posibilidad de que se colapsen las escasas infraestructuras sanitarias del país. Además, el aplazamiento de las elecciones, que se iban a celebrar a finales de agosto, a causa de la pandemia, ha aumentado las dudas en torno a los planes de Abiy Ahmed de permanecer en el poder. En los próximos meses veremos si las estructuras creadas en 1990 son capaces de redirigir la situación. La frágil paz interna, sumado a las amenazas exteriores, están creando una tormenta perfecta que puede abocar de nuevo al antiguo país de los negus a los abismos de la inestabilidad.

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