Parteaguas. Farruco Sesto

Quiero comenzar esta nota haciéndole un pequeño homenaje personal a mi presidente Nicolás Maduro Moros, que lo es de todos los venezolanos, y en quien reconozco, además de un hombre bueno, con su actitud cordial, abierta y su amor a la humanidad, a un gran revolucionario, inteligente y comprometido dirigente, excelente gobernante y líder de talla mundial para estos tiempos complejos y, en cierto modo, confusos, por los grandes cambios geopolíticos que se están produciendo.

Vimos a Nicolás en algunas imágenes y vídeos que trascendieron y en todas ellas aparece entero, entre sus secuestradores, con gran dignidad, incluso arreglándoselas para enviarle a su pueblo el mensaje de que “nosotros venceremos” haciendo un gesto con sus manos. Y quizás también, de paso, un mensaje al mundo.

Vaya para él y para su esposa, Cilia Flores, un mensaje de cariño, lealtad suprema y reconocimiento.

No me voy a detener en los hechos que sucedieron en la madrugada del sábado 3 de enero, porque son de todos conocidos.

Solo decir que la más violenta de las naciones, que intervino militarmente desde su nacimiento en más de 473 ocasiones en unos 70 países, sin contar operaciones encubiertas y otro tipo de intervenciones políticas, bombardeó en esta oportunidad a un país pacífico que nunca en su historia desde su independencia, hace más de doscientos años, atacó a ninguna otra nación del mundo. Este país cultor de la guerra, que es EEUU, violando descaradamente el derecho internacional, bombardeó a Venezuela, causó numerosos muertos militares y civiles y secuestró a su presidente legítimo y constitucional. Es un increíble signo de los tiempos que corren donde la verdad no existe, los organismos internacionales no cuentan y donde las naciones subordinadas al Imperio se cuidan de no llevarle la contraria al emperador encargado.

Ya un miserable emperador anterior, el señor Obama, había declarado en su momento a Venezuela como “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los EEUU”, con lo cual dejaba abierto el paso a hechos como los que estamos viendo.

Y todo por el petróleo y otras riquezas naturales, tal como lo reconoció el señor Trump, que de loco no tiene nada. Si, lo tiene en alto grado, de criminal, desvergonzado, delincuente y amoral.

En todo caso, está claro que Venezuela sufrió una brutal agresión, pero no fue derrotada. Ahí está el pueblo, con su rebeldía ancestral, con su voluntad de lucha y su conciencia potenciada al máximo. Ahora con más experiencia. Ahí están las instituciones funcionando, entre ellas la nueva Asamblea Nacional instalada, justamente, el 5 de enero, dos días después de la agresión. Y el hecho de que el Tribunal Supremo de Justicia nombrara a Delcy Rodríguez como encargada de la Presidencia. Allí está la dirigencia revolucionaria unida y en su puesto: ”Hoy más que nunca, el alto mando político-militar está más cohesionado, de acuerdo a las instrucciones que dejó el presidente Nicolás Maduro”: Lo dijo Diosdado Cabello el día 4. Asimismo, la fusión popular, militar policial funcionando perfectamente. De manera que Venezuela, pues, tiene un proyecto. Fue atacada y su presidente secuestrado, y sigue amenazada, pero se prepara para una larga resistencia. Y aunque cuenta con el apoyo de una mayoría de naciones y de pueblos del mundo, el hecho real es que le toca a ella resolver sus problemas y decidir su destino como lo hizo hasta ahora.

Los venezolanos decimos: Nosotros venceremos. Y estamos íntimamente convencidos de que eso será así. Yo me atrevo a jurarlo: será así.

La cuestión es que más allá de lo que hasta ahora expresé, los sucesos de 3 de enero se convirtieron a nivel internacional en un parteaguas. ¿Cómo decirlo de otra manera?: Un punto de inflexión, un hecho decisivo que parte el tiempo en dos. Antes y después de este momento. Como lo fue, y lo es, el genocidio en Gaza.

Dos grandes parteaguas en el siglo XXI. Con ellos todo queda revelado. Sobre todo, la decadencia del Imperio y sus protectorados, entre ellos Europa, también violenta y cultora de la guerra, con su genética colonialista.

Las ventajas que tienen estos parteaguas, es que eliminan los grises, el sí pero no, los progresismos que miran hacia otro lado y hacen que toda indiferencia se convierta en complicidad. Dibujan con claridad el escenario.

Que cada uno asuma su posición. A nivel personal. A nivel gremial o sindical. A nivel académico. A nivel de los medios. Y también a nivel de los gobiernos e instituciones internacionales. La historia no se termina aquí. Y, en mi opinión, apuntará con el dedo a los culpables y a sus valedores.

(Publicado en NÓSdiario, originalmente en gallego, el 6 de enero de 2026)

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