Gustavo Duch 20 febrero 2026
A propósito de su nuevo libro, La fosa abierta, y de esa mirada condescendiente hacia el medio rural, Brigitte Vasallo se preguntaba qué encontraríamos hoy de transformador en el medio rural si no hubiera estado expuesto al expolio de territorio y de población que sufrió durante el proceso de industrialización. Una reivindicación de las potencialidades ahogadas. El mismo interrogante que hay que abrir siempre que hablamos de la revolución cubana: ¿en qué situación encontraríamos a Cuba si no hubieran existido décadas de bloqueo de los Estados Unidos?
Pero hoy, cuando ese bloqueo es más asesino que nunca, mientras aquí se vuelve al debate de lo bien o lo mal que se ha manejado la revolución en Cuba, en varios artículos de prensa latinoamericana leo otro planteamiento: ¿qué hubiera sido de Abya Yala sin la revolución cubana? Y entre palabras de agradecimiento a la solidaridad cubana, de reconocimiento a sus sistemas públicos de educación o salud y, como eje vertebral, a la defensa de la autodeterminación, me interpelan las reflexiones que destacan aquellas cuestiones más simbólicas: “Cuba no es solo un país; es una fisura en el muro del pensamiento único atlantista”
Por eso mi pregunta es: ¿qué hubiera sido de nosotras sin la revolución cubana? Señalo a quienes de memoria tarareamos que “la vida no vale nada si yo me quedo sentado, después que he visto y soñado que en todas partes me llaman”; a las organizaciones de la cooperación internacional que sin Cuba serían solo entidades especializadas en transferir fondos del Norte al Sur; a quienes tomamos prestados versos del Che para gritar, ¡Hasta la victoria, siembre!; a los movimientos por la agroecología que en Cuba vimos que esa agricultura campesina es sinónimo de liberación; a los partidos políticos nacidos en las plazas del 15M con ideologías inspiradas en Sierra Maestra, ideologías que tanta energía desparramaron por todo el mundo, “especialmente entre las y los condenados de la tierra (Franz Fanon)”, como me recuerda desde el mismo Caribe la politóloga Luz María Abreu, …
Y es que, para varias generaciones, para muchas de nosotras, Cuba fue nuestra Palestina, la resistencia, el sumud.
Pero, sentados en nuestros privilegios eurocéntricos, obtenidos a base de una colonización permanente de muchas cubas-islas y cubas-continentes, orgullosos de una democracia que solo nos deja votar, y, a lo sumo, de mucho en mucho, “seguimos cantando cual si no pasara nada”. Nos cuesta alzarnos, decididamente, a favor de Cuba. Nos sentimos más cómodos criticando, cuestionando, opinando: que si la revolución tuvo sus luces y sus sombras, que si la caída del régimen será una gran noticia para los cubanos…
Seamos claras: Cuba, te hemos abandonado, mientras en los auriculares oímos, pero no escuchamos, que, largas y transparentes, nos ha tragado una serpiente.
