Oleada de despidos/ERTE’s por guerra contra Irán tiene su epicentro en Corredor del Henares

MPR21                                                                                                                            Redacción                                                                                                                        12/03/26

 

El pasado 9 de marzo de 2026 El Periódico de la Energía, una publicación patronal del sector de la energía publicaba un artículo titulado «No habrá un ‘Made in Europe’ sin un ‘Powered by Europe’». Aunque no es un comunicado de una autoridad logística, constituye la primera alarma pública y fundamentada sobre el impacto que la guerra contra Irán tendría en la industria española, y nombra al Corredor del Henares como un punto crítico.

Si bien desde el punto de vista político el artículo carece de datos de interés, sin embargo llama la atención que el mismo utilice el Corredor del Henares como ejemplo central de su tesis, que describe con el neologismo de «glocalización del riesgo». Explica cómo un conflicto en un punto lejano del planeta (Ormuz) se convierte en una «variable crítica de la gestión energética de la industria española» en lugares como el Corredor del Henares o el cinturón industrial de Barcelona.

El análisis profundiza en cómo la interrupción en Ormuz, por donde transita una quinta parte del GNL mundial, afectaría los costes energéticos y la competitividad de las fábricas españolas. Señala que, aunque España apenas reciba petróleo o GNL directamente de esa zona, el efecto global en los precios de la energía y los fletes será un efecto dominó.

Y en efecto, el riesgo económico para una zona que, solamente en el área de la provincia de Guadalajara alberga más de 43.000 puestos de trabajo, es una olla a presión que nadie tenía prevista, ya que el Corredor del Henares, al ser el principal centro logístico de Madrid y uno de los más importantes de España, es uno de los territorios más expuestos por el bloqueo del estrecho de Ormuz.

A la llegada masiva y descoordinada de buques a puertos como Valencia o Barcelona en las próximas semanas se suma que el Corredor es el principal punto de entrada y distribución para Madrid, con una alta densidad de naves y plataformas que ya operan cerca de su capacidad máxima incluso antes del comienzo de la guerra.

La alta concentración de empresas de sectores vulnerables: logística farmacéutica y de temperatura controlada (perecederos) en zonas como Alcalá de Henares, sumado a los retrasos generalizados de 2 a 3 semanas o más en las entregas de productos procedentes de Asia son la tormenta perfecta para un sector enormemente dependiente.

De hecho, el gobierno ya estudia reactivar los ERTE por causas productivas. Para el trabajador del Corredor, un ERTE no es un despido, pero es una mochila de incertidumbre. Supone una reducción temporal de jornada y, por tanto, de salario, así como la angustia de no saber si la empresa se recuperará o si, pasado ese tiempo, se pasará a un despido.

Aunque el núcleo duro de la logística en el Corredor tenga un alto porcentaje de indefinidos, la crisis afectaría de lleno a la contratación eventual. Las empresas, ante la incertidumbre de la demanda y los suministros, ya se plantean congenlar la contratación para picos de trabajo. Esto golpearía especialmente a los trabajadores con menos antigüedad y a aquellos que acceden al sector a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETTs), que son la puerta de entrada pero también los primeros en sufrir cualquier parón.

Esta realidad, que podría ser un acicate para el fin de la paz social, en la práctica está siendo su contrario. Las reivindicaciones sindicales para mejorar aspectos como la conciliación, la formación o la reducción de la jornada ya han pasado a un segundo plano. La agenda sindical pasa por la «gestión de la crisis», donde el objetivo principal sería mantener el empleo, no mejorarlo.