El Sudamericano 08/01/26
“Puedes vivir una mentira hasta que mueras
Una cosa que no puedes ocultar
Es cuando estás lisiado por dentro ….”
Crippled Inside. Sir John Lennon
“La ‘libertad de prensa’ en la sociedad burguesa es la libertad de los ricos de engañar, corromper y embaucar cada día, de manera sistemática y continua, con millones de ejemplares, a las masas explotadas y oprimidas del pueblo, a los pobres. Esa es la verdad sencilla y evidente, conocida de todos, observada por todos y comprendida por todos, pero que ‘casi todos’ silencian ‘pudorosamente’ y esquivan con temor.”
V. I. Lenin
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¡Venezuela! en todos los ruidos y en todos los hocicos malolientes… los ‘eructitos’ y los ecos del autobombo egomaníaco aturden al desprevenido. Expertos en todo y buenos para nada se lanzan desde sus sillones a la especulación neurótica dando rienda suelta a su adicción por los viedeojuegos intelectuales haciendo gala de su conciencia enajenada.
¿La “libertad de prensa” y de “opinión” es la libertad “virtual” de quienes por decir algo aprovechan la ocasión para decir cualquier cosa sin consecuencias? No, la libertad de opinar sin conocimiento es la libertad burguesa de mentir y de injuriar a cualquiera en cualquier lugar, por conveniencia.
La cárcel de los fascistas asesinos venezolanos es “lo mismo” que los campos de exterminio de Videla. La “dictadura de Maduro” es “lo mismo” que la dictadura genocida criminal fascista de Pinochet. Zelenski “es lo mismo” que Putin. El agente Zibechi es “lo mismo” que el “agente” López y Rivas… y todo se aclara con una sentencia, unos párrafos o un “petitorio” ante el altar sagrado del culto de Dios Momo, Quetzalcóatl o Guterres.
Lo que debería ser perfectamente evidente para cualquier ‘analisto’ es el cinismo y el inhumanismo de la guerra cognitiva que se despliega de manera permanente y sistemática sobre la población mundial. La niebla de guerra.
Toda la prensa capitalista funciona como instrumento de la guerra de clases al interior de las naciones y en encadenamiento transnacional, claro qué, este aspecto ya ha sido tratado extensamente por los revolucionarios en todos los tiempos y geografías desde los poetas del antiguo Egipto de hace 4000 años que recordaba Bertolt Brecht1 hasta Camilo Taufic en la Chile de Allende2
El capitalismo; su lógica abstracta, mercantil; es unilateral, interesada, condicionada y condicionante, cegadora. Las representaciones del mundo material en la conciencia alienada de los individuos en cada época histórica aparecen ante las mayorías como fronteras infranqueables, límites conceptuales, modos insuperables de interpretar las relaciones de poder.
“Tiranía”, “Democracia”, “Teocracia”, “Dictadura”, “Amor”, “Libertad”… todo parece quedar explicado de manera abstracta, metafísica, infantil, unidimensional, en la apariencia legaliforme del discurso que los megamagnates de las finanzas y la comunicación masiva imponen por las armas y la cultura sobre los cuerpos de los dominados y explotados.
Los comentaristas de espectáculos sangrientos simulan neutralidad, como modelos de pasarela en una pelea de boxeo entre un caníbal pedófilo adicto de Washington y un niño famélico sobreviviente de un bombardeo en la Palestina ocupada.
“¿Cómo alguien que quisiera combatir el fascismo, podría decir la verdad sobre él si no quiere decir nada contra el capitalismo que lo engendra? ¿Cómo convertir en practicable esta verdad?
Aquellos que están contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, que se lamentan de la barbarie que origina la barbarie, se parecen a los que quieren comer su tajada de ternera, pero no quieren que se mate la ternera. Quieren comerse la ternera pero no quieren ver sangre. Basta que el carnicero se lave las manos antes de llevarse su parte de la carne.”3
El militarismo –es decir la amenaza permanente del ejercicio de la violencia burguesa– es, en nuestra época del Imperialismo atómico corporativo-neofascista un modo de existencia que el capital le impone a las sociedades, un mecanismo fundamental de la reproducción ampliada del capital, y una forma de concebir la política y las relaciones de poder entre los sujetos y los pueblos. Por eso el gobierno ruso se opuso sistemáticamente a la ruptura de los acuerdos sobre el desarrollo de armas nucleares tácticas, porque reconoce perfectamente que la carrera nuclear significa una amenaza para la estabilidad internacional y uno de los mayores gastos de recursos económicos y humanos desde los años de la URSS, aún cuando ese desarrollo armamentístico no significara –y no signifique hoy– la adopción de una política militarista en las relaciones internacionales de la Unión soviética, sino una necesidad de su defensa estratégica.
“La clase oprimida y luchadora es, en sí misma, el sujeto del conocimiento histórico. (…) La tradición del oprimido nos enseña que el “estado de emergencia” en que vivimos no es la excepción, sino la regla.”4
El “derecho de vivir en paz” al que se refería Ho no es de ningún modo sinónimo de pacifismo según el criterio revolucionario. Frente a los secuaces mafiosos del capital imperialista el derecho de las mujeres –como el derecho a la paz–, solo puede ser defendido en el análisis concreto de la situación concreta. Del mismo modo en que el pseudo feminismo “woke” no puede tragarse y ‘digerir’ –y nunca podrá–, el ejemplo de dignidad proletaria y combatiente de las camaradas Rosa Luxemburg, Haydée Santamaría o Cilia Flores, nunca el capital podrá imponer de manera completa y definitiva su lógica mediante la pedagogía del miedo y la obediencia, el terrorismo ideológico, la intoxicación propagandística y la guerra psicológica, sino por ciertos períodos de tiempo.
“¡Militarismo! Pocas palabras de moda se usan con tanta frecuencia en nuestro tiempo, y difícilmente una palabra de moda designa algo tan complicado, multifacético, un fenómeno tan interesante y significativo en su origen y naturaleza, sus medios y efectos, un fenómeno que está tan profundamente arraigado en la esencia de los órdenes sociales de clase y, sin embargo, puede asumir formas extraordinariamente diversas dentro del mismo orden social, dependiendo de las condiciones naturales, políticas, sociales y económicas particulares de estados y regiones individuales.”5
La guerra por el control de los recursos y los mercados es guerra de desproporciones, porque sigue el patrón de la guerra de clases. Los fuertes solo se atreven contra los débiles, de este modo maximizan sus oportunidades y sus ganancias, pero los pueblos unificados con una estrategia de resistencia y un mando único, capaz de hacer valer sus propias tradiciones de combate, los hombres y mujeres de las naciones dispuestos a luchar hasta el final, nunca pueden ser derrotados por la minoría insignificante de psicópatas burgueses agresores en una lucha que abre una brecha histórica definitiva entre dos edades distintas de la vida de ese pueblo, la edad de la conciencia definitiva, la edad de la madurez de la humanidad, del fin de la pre-historia y del fascismo.
Solo con la movilización activa de las masas explotadas y la solidaridad antimperialista será posible derrotar a la maquinaría de la industria de la destrucción humana. El neofascismo paraestatal-corporativo libra además una guerra especial, una guerra por quebrar la voluntad y la conciencia de las mayorías, negándole a los pueblos su Historia, porque conoce perfectamente que no existe negocio más rentable que la destrucción de la vida en todas sus expresiones, y qué para eso, siempre es necesario debilitar de antemano la capacidad de lucha de sus competidores y sus rivales.
El enemigo feroz y despiadado que en la apariencia de nuestro tiempo parece representarse como un mandato anónimo de superioridad indiscutible, ‘encarnación artificial’ del inhumanismo tecnocrático es sin embargo la manifestación definitiva de la debilidad mas absoluta de una civilización moribunda, la civilización capitalista.
El enemigo de lo Humano no tiene Patria, ni Familia, ni moral, ni tampoco mucho tiempo, por eso todos sus actos son claras manifestaciones de su locura y su criminalidad.
Junto a nosotros caminan nuestros muertos, aquellos que han sembrado su ejemplo de honor y valentía. Gloria y Honor a los que mueren por la Vida.
Luchar, luchar para vencer, en montañas y praderas –como decía nuestra vieja canción de combate–; en los campos de refugiados y en las mazmorras del fascismo, ante las puertas del abismo del infierno, jamas rendirse, siempre de pié frente a la muerte.
Vencer es necesario y siempre Venceremos, con las armas o con los dientes, mientras los nuestros custodien nuestra memoria y nuestra sonrisa. Vencer a la muerte y el irracionalismo inhumanista es obligación irrenunciable de cada uno y tarea urgente de cada cual. Conscientes de que no hay vida sin la pulsión vital por la Paz con dignidad y la justicia entre iguales que solo el socialismo puede asegurar a la Humanidad y al planeta.
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CONTRA EL FASCISMO Y LA OLIGARQUÍA ¡LUCHAMOS PARA VENCER!
NO PASARÁN
HIJOS-Red Mundial
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NOTAS:
3 Bertolt Brecht, op. cit.
4 Walter Benjamin, “Tesis sobre el concepto de Historia”, 1940
5 Karl Liebknecht, “Militarismo y antimilitarismo”, 1907. Marxist.org