Maielis González, escritora afrocubana que imagina el futuro que nos negaron

Hay algo de victoria simbólica cuando una mujer negra ocupa un espacio que no había sido reservado para ella. La ciencia ficción ha sido durante décadas un género construido sobre la ausencia sistemática de cuerpos racializados, sobre futuros blancos y tecnologías al servicio de humanidades imaginadas sin nosotras. Maielis González Fernández lleva más de una década desmantelando esa exclusión desde adentro, con una obra que crece en ambición y que convierte la experiencia negra y caribeña en el corazón de la especulación literaria contemporánea.

Nacida en La Habana en 1989, González se licenció en Letras en la Universidad de La Habana en 2012 y fue profesora en esa misma facultad entre 2012 y 2016, año en que emigró. Hoy vive en Madrid, donde imparte clases de Escritura Creativa en la Escuela de Escritores, traduce, investiga y escribe. Su formación académica fue en ciencia ficción cubana y latinoamericana, lo que significa que llegó a la escritura creativa con una conciencia muy clara de las tradiciones del género, de sus silencios y de sus posibilidades políticas. Esa doble condición —investigadora y narradora— atraviesa toda su obra.

En 2016 ganó el Premio de Narrativa Breve Eduardo Kovalivker, que dio lugar a su libro Los días de la histeria (Colección Sur), y publicó Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas (Guantanamera Ediciones). Era una intervención directa sobre una de las operaciones más persistentes del género hegemónico, la de decretar qué cuerpos y qué geografías tienen derecho a imaginar el futuro. González respondió a esa exclusión con humor y precisión. Tres años después, en 2019, colaboró como asesora en la traducción de la novela Hija de Legbara, de la escritora jamaicana Nalo Hopkinson, para la editorial Apache. Ese gesto de traducción fue también un gesto político, el de tender un puente entre voces del Caribe negro que llevan décadas construyendo futuros desde la herida colonial.

A lo largo de su trayectoria ha acumulado reconocimientos significativos. Obtuvo en 2014 la beca de creación literaria Caballo de Coral del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y ese mismo año ganó el Premio Óscar Hurtado con un ensayo sobre Borges y el fantástico. En 2016 el Premio de Narrativa Breve Eduardo Kovalivker dio lugar a su segundo libro, Los días de la histeria. En 2020, junto a la escritora Sofía Barker, creó el pódcast Las Escritoras de Urras, dedicado a difundir la obra de autoras del género fantástico, que ganó el Premio Ignotus en 2021 y en 2022. Son señales de una presencia sostenida y creciente dentro de un género que históricamente ha preferido no mirar hacia donde ella mira.

La emigración marcó un antes y un después en su conciencia sobre la racialidad. Vivir fuera de Cuba obligó a González a ver con otros ojos lo que en la isla podía quedar naturalizado. El racismo que existe en Cuba —y que existe, con toda su complejidad histórica— se vuelve más legible desde la posición del otro, desde la experiencia cotidiana de ser leída como extraña en Madrid, como migrante, como mujer negra en espacios que no la esperaban. Esa experiencia no la alejó de la escritura sino que la hizo más consciente de lo que quería decir y por qué.

Nuclear (Yegua de Troya, Penguin) es su novela más ambiciosa y la que la ha situado en el centro del debate literario latinoamericano. La historia tiene dos coordenadas y dos personajes. Benicio permanece en Cuba mientras su generación emigra en masa. Su obsesión lo lleva hasta las ruinas de la central nuclear abandonada de Juraguá, en Cienfuegos, ese monumento involuntario al colapso de una promesa. Claudia escribe desde el sur, desde el Delta del Paraná, observando a la distancia la deriva de la isla y las vidas que quedaron suspendidas en ese futuro que nunca llegó. Entre ambos espacios la novela construye una arquitectura fragmentaria sobre memoria, abandono y futuro, donde la ciencia ficción funciona menos como escapismo que como herramienta para pensar el presente.

La historia de Benicio sucede en la Cuba que hoy se asfixia. Desde 2020, más de dos millones y medio de cubanos han emigrado, el equivalente a un cuarto de la población total. El ochenta y nueve por ciento de los hogares vive en condiciones de pobreza extrema y el setenta y ocho por ciento expresa el deseo de abandonar el país. Los apagones alcanzan las veinte horas diarias en algunas localidades y el aparato productivo se ha detenido. La isla que González conoció, la que formó su escritura, atraviesa hoy una asfixia que supera en profundidad incluso los peores momentos del Período Especial. En ese contexto, la figura de Benicio —el que se queda, el que no emigra, el que busca fantasmas entre las ruinas— adquiere una densidad política que va mucho más allá de la trama. Es la imagen de quienes permanecen en un territorio que el mundo abandona, construyendo sentido donde ya no queda infraestructura para sostenerlo.

La central nuclear de Juraguá es uno de los episodios más reveladores de la historia latinoamericana reciente. Fidel Castro impulsó su construcción en los años ochenta con apoyo soviético. El accidente de Chernóbil en 1986 instaló la alarma. La caída de la URSS en 1991 canceló el proyecto definitivamente, con el primer reactor al noventa por ciento y el segundo apenas iniciado. Lo que quedó fue una ciudad incompleta, con miles de personas que decidieron quedarse a vivir en ese territorio sin futuro. González convierte esas ruinas en el escenario de una pregunta que nos concierne a todas las que hemos heredado promesas rotas. Tienen cierta ironía que la Cuba que hoy sufre apagones de hasta veinte horas diarias sea la misma que quiso ser potencia nuclear. El futuro que se prometió ni siquiera llegó a encenderse.

La crítica a la novela habla de una escritura que no retrocede ante las heridas históricas y afectivas, capaz de narrar con ferocidad lo que todavía irradia. Se ve en González un nuevo centro de gravedad para las literaturas latinoamericanas que especulan con el futuro y lo desafían, con una propuesta que se denomina necromodernista. Se señala su imaginación cuántica ante lo mutante de los territorios y los lenguajes. Incluso se la considera como un punto de intersección entre Borges, los hermanos Strugatski y la física cuántica. Estas opiniones confirman que Nuclear no es un libro de género en el sentido menor del término. Es literatura que usa los recursos de la ficción especulativa para hacer lo que la mejor literatura siempre hace, ampliar la capacidad de ver.

Desde Afroféminas entendemos este tipo de escritura como parte de una tradición más amplia. El Afrofuturismo lleva décadas planteando que el futuro no es un territorio neutral y que imaginar futuros que incluyan a las personas negras es un acto político además de estético. González trabaja en esa misma dirección desde una especificidad caribeña y latinoamericana que enriquece el debate global. No escribe sobre Cuba señalando su exotismo o con cierta nostalgia. Escribe sobre Cuba como quien conoce desde adentro la textura de lo que se pierde cuando una utopía fracasa y los cuerpos que la habitaron quedan sin relato.

Su próximo libro se titula Palenque. El palenque fue el territorio construido por los esclavizados fugitivos en los márgenes del orden colonial, el espacio de la vida fuera del dominio. Las mujeres negras han reclamado esa idea de refugio y resistencia en la literatura fantástica desde que Octavia Butler demostró que el género podía ser un instrumento de liberación. La herencia de Butler se nota en González como pertenencia a la misma conciencia, la de quien sabe que los futuros que no nos imaginan tenemos que escribirlos nosotras.

Maielis González es una escritora en pleno desarrollo de una voz que ya tiene peso propio. Que sea negra, cubana, migrante y mujer son las coordenadas desde las que construye una obra que pone en cuestión quién narra, quién imagina y quién tiene derecho a reclamar el futuro como suyo. La respuesta que da su escritura es la misma que llevamos años sosteniendo desde aquí. Todas. También nosotras.

Elvira Swartch Lorenzo

Colaboradora Afroféminas

Granada