Los jóvenes y el sur truncan el proyecto de orbanización de Meloni

CTXT

El rechazo de la reforma constitucional propuesta por el Gobierno ultraderechista de Italia en referéndum deja muy debilitada a la primera ministra

Steven Forti                                                                                                                24/03/2026

<p>Giorgia Meloni. / <strong>Luis Grañena</strong></p>

Giorgia Meloni. / Luis Grañena

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La bofetada que los italianos le han dado a Giorgia Meloni ha resonado hasta en Tombuctú. Ha sido sonora y, sobre todo, inesperada. Nadie había previsto que en el referéndum constitucional que se ha celebrado el 22 y 23 de marzo votase tanta gente y que el “no” a la reforma de la justicia se impusiese con una diferencia de unos dos millones de votos. Meloni sale muy debilitada dentro y fuera de las fronteras italianas. Y esto tiene consecuencias también a nivel europeo y global.

Aunque pudiera dar esa impresión, lo que votaban los italianos no eran meras cuestiones leguleyas. Al contrario, se trataba de una reforma política impuesta con el rodillo por el Gobierno ultraderechista, que preveía la modificación de siete artículos de la Constitución antifascista de 1948, con el objetivo implícito de someter a la magistratura al control del Ejecutivo. En el mejor estilo trumpista, la derecha jugó sucio durante toda la campaña electoral. Demasiado segura de sí misma, se pasó de frenada con arrogancia: todos los gerifaltes de Hermanos de Italia e, incluso, el mismo ministro de Justicia, Carlo Nordio, atacaron con saña a los jueces, explicitando el objetivo real de la reforma. El referéndum se politizó rápidamente y se convirtió en un auténtico plebiscito sobre Meloni. Un plebiscito que la ducetta de la Garbatella ha perdido y del que no cabe doble lectura.

El referéndum se politizó rápidamente y se convirtió en un auténtico plebiscito sobre Meloni

Con una participación que ha rozado el 59%, mucho más alta de lo esperado, el “no” ha obtenido el 53,7%, alrededor de 15 millones de votos, mientras que el “sí” se ha tenido que conformar con el 46,3%, poco más de 13 millones. Respecto a las legislativas de 2022, que abrieron las puertas del Palacio Chigi a Meloni, la derecha ha perdido más de dos millones de votos, mientras que las oposiciones han ganado casi cuatro. Hay que tener en cuenta, además, que los centristas de Matteo Renzi y Carlo Calenda, así como los sectores más derechistas del Partido Democrático, hicieron campaña por el “sí”, mostrando, una vez más, una incapacidad manifiesta para hacer una lectura política tanto de la coyuntura internacional, como del significado real del referéndum. La participación fue levemente más alta en 2022 (63,9%), aunque se trata de dos votos con características distintas, si bien la señal es clara.

Según los primeros análisis, han resultado clave el voto en el sur del país y la movilización de los jóvenes. En Campania, Basilicata y Sicilia, por ejemplo, el “no” ha superado el 60%. Las únicas tres regiones en las que ha ganado el “sí” han sido Lombardía, Véneto y Friuli Venecia-Julia, históricos feudos de la derecha. Más del 60% de los jóvenes (18-34 años), que han protagonizado las protestas por Gaza, han rechazado la reforma: algo que debería hacer reflexionar frente a las lecturas simplistas que tachan a todos los jóvenes de reaccionarios o apáticos. Lo mismo se puede decir de las ciudades, también en regiones en las que ha prevalecido el “sí”: en Milán más del 58% de los electores han votado “no”. En Bolonia han sido el 68%, en Florencia el 66%, en Nápoles más del 71%. Y mayoritariamente se ha tratado de una movilización claramente política: la primera razón para votar “no” ha sido justamente la oposición a cambiar la Constitución, considerada un baluarte democrático.

Ahora la derrota de Meloni va a tener consecuencias. Lamentablemente, entre ellas no se vislumbra su dimisión, a diferencia de lo que ocurrió con Matteo Renzi, cuando en 2016 perdió el referéndum sobre la reforma constitucional que había propuesto. La líder de Hermanos de Italia ha descartado de manera tajante su renuncia. Sin embargo, su proyecto para orbanizar Italia sufre un golpe reseñable. De hecho, la reforma de la justicia era la primera de una serie de cambios en el sistema político italiano que tienen como objetivo centralizar el poder en el Ejecutivo, debilitar la separación de poderes y, dicho en pocas palabras, construir una autocracia electoral à la italienne, siguiendo el modelo húngaro.

Si hubiese ganado el “sí”, Meloni hubiera sacado del cajón el llamado “premierato” –que prevé la transformación del sistema parlamentario en uno casi semipresidencial en el que las competencias del presidente de la República se ven muy mermadas– y la reforma de la ley electoral –que otorga un premio del 15% a la coalición ganadora–, ambas ya acordadas entre los partidos en el Gobierno. La pregunta es qué hará ahora: ¿entenderá que el país no la sigue y que la mayoría de los italianos no quiere que Roma se convierta en otra Budapest? ¿O, por el contrario, actuará como si nada hubiese pasado y pisará el acelerador? A todas luces, Meloni queda debilitada para lo que queda de legislatura (las elecciones están previstas en 2027), pero ya tenemos ejemplos de sobra que nos muestran que la extrema derecha no actúa con racionalidad.

A todas luces, Meloni queda debilitada para lo que queda de legislatura

De momento, la primera ministra ha viajado a Argel para comprar más gas y sortear los problemas que los amigos Trump y Netanyahu le han creado con la guerra contra Irán. Un tema, por cierto, que con todas sus consecuencias –aumento de los precios, inestabilidad internacional, etc.– ha influido en la victoria del “no” en el referéndum. Hay quien tampoco descarta elecciones anticipadas para evitar un año de supuesto calvario. Es difícil, pero no imposible. Matteo Salvini, por su lado, está en Budapest para aupar al amigo Orbán, que se la juega por primera vez en las elecciones del próximo 12 de abril. Mientras que el líder de Forza Italia y a la sazón ministro de Exteriores, Antonio Tajani, no sabe dónde meterse entre las múltiples crisis a escala mundial, sus constantes meteduras de pata y la rabia de la familia Berlusconi, que veía la reforma de la justicia como la coronación del sueño del cavaliere contra los odiados jueces “comunistas”.

Esto no significa que los partidos de la oposición tengan la victoria en el bolsillo. El camino es largo y lleno de obstáculos. Sin duda, es una bocanada de aire fresco que puede empujar a las izquierdas. Elly Schlein se consolida como líder del Partido Democrático, acallando definitivamente a los críticos internos cercanos a Renzi, y deberá construir una alternativa creíble junto al Movimiento 5 Estrellas y a la Alianza Verdes Izquierda, superando las constantes rencillas que alejan y desmovilizan al electorado. Mucho dependerá, sin embargo, de la ley electoral: las reglas del juego son clave. Pregúntenselo si no a Adolfo Suárez y Torcuato Fernández-Miranda.

Pero hay más. Y no es un tema secundario. Meloni sale también muy tocada a nivel internacional. Ya no puede seguir fanfarroneando y diciendo que el país la ama y la sigue. Sigue teniendo una amplia mayoría parlamentaria, es cierto, pero su derrota en el referéndum marca un antes y un después. Asimismo, el voto italiano tiene un significado más general: la extrema derecha no es imparable. Con matices, las municipales francesas lo han confirmado también. Deberían darse cuenta de ello los populares europeos que han hecho la ola a Meloni y compañía en el último trienio, comprándole la imagen de una líder seria, pragmática y no tan extremista. Ojalá sea así, pero resulta más que dudoso.

Pase lo que pase en Italia, este resultado es una señal importante. Puede abrir un ciclo que dé un giro inesperado a los acontecimientos. Veremos si hay sorpresas en Hungría, a la espera de las presidenciales en Brasil y las elecciones de medio término en Estados Unidos en otoño. Y de un 2027 cargado de elecciones en Europa, con las presidenciales francesas y las legislativas en Italia, España, Polonia y Finlandia. Quizás el miedo puede cambiar de bando. Hay que trabajar en ello.

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Steven Forti

Profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona. Miembro del Consejo de Redacción de CTXT, es autor de ‘Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla’ (Siglo XXI de España, 2021).