Ir a la Plaza todos los 24M: los días que nos juntan y nos aprietan

Laura Rosso                                                                                                                        Página | 12                                                                                                                            20 de marzo de 2026 Hora: 09:53

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Plaza de Mayo, para conmemorar el 50 aniversario del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Julia no se acuerda de su “primera Plaza” pero sí recuerda escenas de muchos 24. Siempre, la alegría de estar ahí, aunque a veces también el miedo. Hubo plazas de a dos y de a muches, encontrándose con compañeres, amigues, familia. Plazas con hijos en carrito o en brazos, y años después esos mismos hijos sosteniendo banderas, nombres, consignas, marchando al lado. Ahora, hijos grandes, que siguen llevando banderas, remeras, con angustia y alegría, y la convicción de que no solo es una plaza: “Es la esencia de una sociedad”, dice Julia.

“Es identitario, es huella y es marca. Se inscribe en una ‘tradición’ -agrega- ya podemos decirle así. Pero no una tradición inmóbil o desmovilizadora. Es más bien la esencia de un ser de acá, la capacidad de un pueblo de haber salido de la penumbra, el silencio y la persecución para pasar al espacio público en conjunto, para marchar, gritar y por sobre todas las cosas: nombrar. La Plaza, el 24, la movilización nos confirma la maravilla de estar con quienes quieren cosas parecidas, iguales o que en el camino se van haciendo compañeras. Esa plaza, no importa cuando, son los días y los gestos que nos juntan y nos aprietan. De sabernos tantas, de tenernos cerca, de ver lo distintos que somos y lo iguales que queremos ser”.

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«ir a la plaza cada 24M es huella identitaria» (Gala )

Julia es Julia Merediz, ese es su nombre y su historia. Es socióloga, hizo la Escuela de Bellas Artes de Quilmes, es educadora, comunicadora y comunitaria. Forma parte del Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia desde su creación, en 2016. Hija de Rolo Merediz y Rosita Murno, “militantes políticos, profundos pensadores del mundo y analistas de un proyecto liberador”. El 4 de enero de 1977 los desaparecieron, “ese día se materializó una parte de la trama del plan sistemático de exterminio del terrorismo de Estado. Sin embargo, nunca dejaron de estar”. Julia estaba por cumplir 3 años.

Recordar ese día es un ejercicio de memoria, ¿no?

-Ese día es tal vez el momento donde el ser de esa niña empieza a ser. Un día de quiebres, rupturas y desapariciones. De apariciones también, de nuevas manos y nuevos sonidos. Un día donde se puso negra la tarde aun con el sol a pleno. Una jornada caliente, que ardió en la piel por los golpes, que quemó en los pies por el calor en la vereda y las baldosas ardiendo. Una tarde de tele en penumbras y una mesa, ni muy cálida ni muy fría, pero de espera. Es un ejercicio contar y “aparecer” lo que fue silenciado.

Pensaba en las fotos, aquellas en las que están tus viejos, jóvenes, sonrientes, militantes, ¿qué ves en ese presente en relación a este presente?

-Es una pregunta que una se hace, que es parte del reconstruir pero también del imaginario. Una piensa si esa generación solo tiene el lugar de víctima o si somos conscientes que fueron una generación con una profunda claridad sobre el futuro que querían construir. Entonces, ¿serían iguales las calles con ellos? ¿O serían más justas? ¿Se hubieran estremecido igual que nosotros? ¿Hubieran saltado, marchado, gritado, escrito, sentido, llorado, cantado, igual que nosotros? ¿Se hubieran enfrentado igual que nosotros a lo que nos toca, o estarían aún más al frente? Porque no tengo duda que lo que tuvieron, lo que fueron, lo que hicieron no se reprodujo nuevamente. Mucho de su coraje quedó en ellos. Por otro lado, sí estoy convencida que en el caso de mis viejos serían rebeldes, sin duda. Tendrían nostalgias, certezas, revisiones, novedades, secretos, ausencias y futuros. Amasarían panes y reflexiones. Seguirían revisando viejos libros y esperando estrenos. Hubieran celebrado el 83, caminado el 2001. Habrían celebrado también los cuadros en el piso. Serían de los que no aflojan y meten tanta tozudez en las palabras, que las hacen andar. Tendrían la ternura metida entre los ojos, entregándola solo cuando fuera necesario, solo para acunar risas de victorias. Andarían las mismas calles, con los mismos pies y en las fotos de plaza y calles se sumarían a los pibitos, sus nietos. De esos que los volvieron “hoy”, en ojos que son reflejo, en presentes e ideas propias, prestadas, heredadas. Serían unos más entre tantos. Aunque en realidad son. Porque se multiplicó por miles el grito que los nombra en el 30 mil presentes ahora y siempre.

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Rolo Merediz y Rosita Murno con su hija Julia, de 3 años. (Gentileza -)

¿Qué te produce volver a esas imágenes, compartirlas con tus hijos y seres queridxs, hacerlos presentes siempre?

-Desde lo personal, es un desafío construir la trascendencia. En la reconstrucción de la Memoria, en el acceso a la Verdad, en la búsqueda cada vez más necesaria y urgente de Justicia. Pero también espero que eso se traduzca en algún momento en recuperarles. En reponer la mayor parte del rompecabezas que aún es hoy para mí, para mi compañero y para mis hijos la vida de sus abuelos, sus pensamientos, sus acciones, sus prácticas. Aún es un ejercicio que requiere de muchas voces que se sumen a esa recuperación. Volver a esa historia de vida creo que tiene que significar volver a debatir y discutir su mirada sobre el mundo, volverla parte de los caminos del presente.

24 de marzo del 76 / 24 de marzo 2026, ¿qué recorrido hacés -pensando también en la Verdad y la Justicia- sobre este aniversario tan particular?

-Estos 50 años son literalmente una vida. La vida de un pueblo, sus luchas, derrotas y victorias. La trama de construcciones colectivas y el devenir de la democracia. Es difícil centrar el análisis en una sola cosa, es fundamental comprenderlo como un proceso profundo, integral y complejo. Que no está ajeno a contradicción y transformaciones, pero no tengo dudas de que los lazos de comunidad, la trama afectiva, la capacidad organizativa, persistencia y la inquebrantabilidad de nuestro ser pueblo, de la identidad colectiva, tiene en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia un ADN de transmisión innegable en nuestra historia generación tras generación. Creo que los 50 años nos encuentran con un desafío. No sólo por continuar y fortalecer. Sino también con una trama social divergente, en parte por el paso del tiempo. Pero fundamentalmente por la transformación cultural y política que desde hace tiempo insiste en corroer, desmantelar y fragmentar. Y que hoy se ha logrado imponer. Se ha disfrazado de democracia y libertad para avanzar con la desmemoria. Por eso es necesario revisar, recuperar e interpelar a todes de modos diversos, sin dar nada por sentado, pero tampoco nada por perdido. Es necesario refundar esos sentidos. Porque la Memoria, la Verdad y la Justicia, no solo fueron horizontes a lograr, no solo son bandera, se hicieron políticas de Estado y hoy son parte del sentido común político y social. Abrazan y sostienen la democracia para las mayorías.

Siguen apareciendo nietes gracias a la búsqueda de Abuelas y eso hace crecer la esperanza, sabiendo que aún faltan muches, ¿cómo caracterizás la lucha de Abuelas?

-Las Abuelas son el ejercicio pleno de la lucha por la Verdad. La recuperación de los nietos y nietas significa uno de los mayores gestos de resistencia, de rebeldía y de avance. Han logrado no solo ser el paradigma de la lucha, sino también de la perseverancia, la sistematicidad y el ejercicio pleno de la Verdad. La construccion, consolidacion y sostén de una trama institucionalizada, hace de la lucha de Abuelas, no sólo una búsqueda personal, sino un pacto formal con el acompañamiento de la ciencia, de la justicia y de la sociedad en la lucha por la Identidad, en la resistencia a pesar de la dificultad. Encontrar a través del tiempo y el horror es una tarea que no le cabe otra descripción que épica. Son mujeres, son abuelas, son adultas mayores, son la fuerza hecha cuerpos, multiplicada en nuevas generaciones de buscadores y en un pueblo alineado con la defensa del derecho a la Identidad. Ver su trabajo de búsqueda, pedagógico, reparador y de consolidación de estructuras estatales para la garantía de los derechos no es más ni menos que la explicitación de la “hegemonía” de la verdad.

En tu trabajo como docente, ¿de qué modos plantás memoria? ¿Hay que volver sobre cuestiones que creíamos saldadas?

-Ser educadora es desde mi concepción, un claro acto político, porque lo político es fundamentalmente lo que nos hace humanidad. Es nuestra forma de intervenir y transitar el mundo. Por eso la práctica educativa es el compromiso con la construcción de estrategias de acceso al conocimiento, la reflexión, el análisis, y la toma de posición.

Y la memoria no deja de ser nunca un campo de lucha, de disputa, de revisión del pasado pero nada más ni nada menos que para construir el futuro y el presente. Aunque es hermosa la metáfora de plantar memoria creo que en realidad se siembra. Preparar el terreno, plantar la semilla y acompañar a lo que va a crecer. Y sí creo que hay que volver sobre los propios pasos. Dejar de creer que lo dimos todo y que las nuevas generaciones nos fallaron o no les interesa. Somos nosotres quienes primero tenemos que entender qué les pasa, qué les preocupa, qué les conmueve, y a partir de allí encontrar la manera de ponerles en diálogo con la memoria colectiva.

 

Julia Merediz, ese es su nombre y su historia. Es socióloga, hizo la Escuela de Bellas Artes de Quilmes, es educadora, comunicadora y comunitaria. Forma parte del Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia desde su creación, en 2016. Hija de Rolo Merediz y Rosita Murno.

 

A 50 años del golpe, se baja la edad de punibilidad a 14 años en un contexto autoritario, punitivista y regresivo en derechos.

-Estamos en un clima de regresión democrática. Esa regresión se hace evidente no solo en las formas represivas, en lo turbio del funcionamiento del Congreso, la justicia y las medidas del ejecutivo en materia de recortes. También se expresa en el aumento de la miseria y la exclusión. Uno de los sectores que ha sido amenazado y concretamente relegado, expulsado y castigado han sido niños y jóvenes. Hoy el neoconservadurismo, la derecha y el regodeo en el castigo de gran parte de la sociedad se concreta con la aprobación de la Ley de baja de punibilidad. Destinada a pibes que son pobres, que están acosados por el consumo o por las redes de tráfico, que viven en barrios sin servicios y sin derechos, que son mano de obra compulsiva de narcos y de sectores de las fuerzas de seguridad. Pibes a los que nadie mira a los ojos pero que es más fácil castigarlos, depositarlos en el sistema penal, que evitar que lleguen a cometer delitos, protegerles, abrazarles. En eso están las organizaciones sociales, contra viento y marea y siempre del lado de la construcción. Pero se hace duro y los resultados a corto y largo plazo serán devastadores.

-¿Qué representa la plaza a 50 años del golpe?

-En este contexto la plaza tiene que ser el reflejo de una sociedad capaz de hacerse oír en relación a su mirada sobre el pasado, pero fundamentalmente pudiendo reponer un proyecto de país, de sociedad, de humanidad.

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