MPR21 Redacción 05/03/26

La ministra de Hacienda británica, Rachel Reeves, quería aprovechar su declaración de primavera de este año sobre el estado de la economía para levantar el ánimo y proyectar una imagen de estabilidad, que es la palabra favorita en tiempos de crisis (el mal menor).
Por desgracia para ella, Estados Unidos e Israel han lanzado sus ataques contra Irán, lo que ha desencadenado un aumento de los precios de la energía y muchas dudas sobre el futuro económico.
El miércoles la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria se vio obligada a reconocer que la guerra en Oriente Medio tendrá un efecto pavoroso en la economía mundial y en la de Reino Unido.
La economía británica es particularmente vulnerable al aumento de los precios del petróleo y el gas. Los precios del gas determinan los precios de la electricidad, que se encuentran entre los menos competitivos de las principales economías mundiales.
Reducir la inflación al 2 por cien no va a ser posible porque los precios de la energía son un componente clave de los índices. Como consecuencia de ello, el Banco de Inglaterra no va a poder recortar los tipos de interés, como pretendía.
El martes el rendimiento de los bonos del Estado a 10 años experimentó un aumento pronunciado, en un contexto de rearme y, por lo tanto, de aumento de los presupuestos y del déficit.
Antes de la guerra, la Oficina de Presupuestos había revisado a la baja su previsión de crecimiento del PIB, del 1,4 por cien al 1,1 por cien para este año, pero tenía previsiones demasiado optimistas para el futuro.
El gobierno laborista está cada vez más desacreditado, si es que alguna vez tuvo alguno. Está perdiendo las elecciones y las encuestas recientes le ponen por detrás de Los Verdes, por poner un ejemplo.