Jorge Elbaum Página | 12 15 de marzo de 2026 Hora: 13:44

El último capítulo de la guerra en el Cercano Oriente se inició cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán. Las intenciones últimas de los dos protagonistas de la ofensiva no son idénticas, aunque coincidan en el propósito común de debilitar, herir o disciplinar a la República Islámica. En el caso de Donald Trump, sus misiles tienen como interpósito derrotero la República Popular China, cuyo abastecimiento petrolero tiene en Teherán un exportador clave: el 16 por ciento de los hidrocarburos adquiridos por Beijing tiene origen en el golfo Pérsico. Si a ese porcentaje se le suman los barriles de crudo que comercializaba Venezuela, antes del ataque brutal sobre Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, se totaliza una quinta parte de todo el petróleo que capta China, el segundo consumidor global, después de Estados Unidos. China importaba casi un millón y medio de barriles diarios de Irán y otro medio millón de Venezuela. Teherán se había consolidado como un proveedor casi exclusivo de Beijing, a quien destinaba casi el 80 por ciento de sus exportaciones. La guerra de Donald Trump busca quebrar la multipolaridad, debilitando a uno de sus nodos centrales, que ahora orienta su provisión hacia Moscú.
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