G-Biack y Thome wa Mukamba: formación para agricultores keniatas

Fuente: A Fondo, num.1/2017/Encarni Castillo

El Centro de Crecimiento de Agricultura Biodiversa de Kenia G-biack está ubicado a las afueras de la ciudad de Thika. Samuel Nderitu y su esposa Peris Wanjiru crearon el centro educativo y demostrativo G-Biack para sensibilizar y formar a los agricultores en agroecología y soberanía alimentaria. Gracias a su trabajo eficiente,
incansable y comprometido, G-Biack ganó el premio a la soberanía alimentaria en 2012. Con solo seis empleados, G-Biak brinda educación y acompañamiento a más de 1.500 pequeños agricultores, enseñándoles técnicas de agricultura biointensiva, nutrición y conservación de los recursos naturales. También tienen un programa enfocado a las mujeres.

Ana Galvis, quien ha visitado el centro recientemente, de la ONG Food First (La alimentación primero) nos transcribe las palabras de Samuel: «las mujeres son mucho más vulnerables a la pobreza, porque cuando un hombre se contagia con VIH, abandona su hogar y se va a morir solo a la ciudad, deja atrás a su esposa, generalmente también infectada, y a sus hijos. Aquí tenemos programas para ayudarlas a través de la capacitación en técnicas agrícolas y otros oficios como el de modista o el taller de bisutería». Samuel añade un poco preocupado: «yo hago esto porque no quiero que ningún niño sienta hambre como yo la sentí en su momento, aquí les demostramos y les enseñamos a los campesinos cómo producir suficiente alimento para ellos y sus familias con lo que tienen».
«Cuando llegamos a este terreno sólo había un par de árboles de mango», comenta Samuel, «ahora hay más de 160 camas de cultivo plantadas con vegetales, granos y legumbres, un invernadero, un gallinero, un semillero, dos lagunas para cría de peces, decenas de árboles frutales y un corral para cabras». Gracias a la solidaridad de
donantes extranjeros, alianzas estratégicas con organizaciones dentro y fuera de Kenia, y al trabajo comprometido del equipo de trabajo, G-Biack es una semilla para el cambio en la provincia central de Kenia.
«Mire, yo fui a la escuela de agricultura con mucho esfuerzo, no tenía con qué pagar, alguien pagó por mí, después me di cuenta que era una donante de los Estados Unidos. Gracias a la confianza y al apoyo de esa mujer, G-Biack existe y yo hago lo que hago, tengo gratitud, todo ha valido la pena», dice Samuel, antes de dibujar en su rostro esa sonrisa melancólica y profunda que parece que nunca pierde.
Ana Galvis también nos cuenta su experiencia en el Instituto para la Cultura y la Ecología (ICE) Thome Wa Mukamba de Kivaa. La comunidad de Kivaa está ubicada al noreste de Nairobi, allí el ICE desarrolla programas con más de 150 hombres y mujeres agricultores enfocados a promover el uso de las semillas tradicionales y su conservación.
Ana nos comenta: «la llegada a esta comunidad fue una de las experiencia más mágicas que tuve en mi aventura por África. Al llegar, unas mujeres nos recibieron cantando y bailando, y cuando bajamos del camión nos abrazaron cálidamente. Sentí como si hubiera llegado a casa. Tras darnos la bienvenida nos explicaron el trabajo de conservación que hacen con las semillas. Este proyecto está liderado por los ancianos de la comunidad, tanto hombres como mujeres, que tienen el conocimiento sobre el uso, la siembra y la conservación de las semillas tradicionales. Guiándonos a una mesa repleta de semillas, nos mostraron las variedades de millo, sorgo, caupí (Vigna unguiculata) y gandúl (Cajanus cajan) que tenían y, nos explicaron que las comían principalmente en tortas y coladas como fuente de carbohidrato y proteína. Para conservar las semillas pequeñas, las mezclan con cenizas, las colocan en contendedores hechos de calabaza y luego las meten en grandes canastas de paja. Las semillas de mayor tamaño, como el sorgo y el maíz, las atan y las colocan sobre lugares calientes, generalmente en la cocina sobre el horno de leña».

A lo largo de la conversación era evidente que las mujeres eran las encargadas de cuidar las semillas y de todo lo que ocurría dentro del hogar. «¿Y qué hacen los hombres?», preguntó algún valiente. «Los hombres son los responsable de realizar las tareas fuera del hogar. Por ejemplo, cuidan la montaña. La montaña es sagrada, de allí
viene el agua y la medicina, allí se hacen los sacrificios para pedir perdón y protección. Ellos son quienes siembran los árboles y hacen los canales para evitar la erosión del suelo». «¿Y de quién es la tierra?, preguntó alguien. «La propiedad de la tierra es de los hombres, pero el hombre no puede disponer de la tierra sin el consentimiento de su familia. Aunque, las cosas están cambiando, ahora las mujeres pueden heredar la tierra de sus padres», añadieron.
Después de caminar por los alrededores de la casa de los anfitriones, uno de los participantes preguntó: «¿cuáles son los principales retos a los que se enfrentan?» «Muchos», replicó uno de los miembros de la comunidad. «Ya han venido a decirnos que es mejor usar métodos químicos para guardar nuestras semillas, además el ecosistema
ha cambiado mucho, por ejemplo, es difícil encontrar la paja para hacer las canastas donde conservamos nuestras semillas de manera tradicional. Es realmente difícil conservar semillas, los insectos las aman. Para preservarlas necesitamos mano de obra, pero no hay porque los jóvenes se van a la ciudad, y cuando regresan ya no quieren comer los alimentos que se pueden preparar con esas semillas». «¿Qué están haciendo para afrontar esos retos?»,
preguntó uno de los visitantes. «La clave está en nuestros jóvenes. Ahora vamos a hacer un centro cultural donde se les hablará sobre el valor de las semillas. También usamos nuestro ingenio para preparar la comida de manera que les guste». Después de esto se dio por terminada nuestra visita. Nos despedimos de esta comunidad en medio de cantos y bailes.
Es importante destacar que gracias a las fuertes luchas de los movimientos sociales y de la sociedad civil, en Kenia está prohibida la siembra de semillas transgénicas. Sin embargo, las presiones económicas y el lobby político para levantar la prohibición es enorme. Iniciativas como la de Thome Wa Mukamba son claves para aumentar la resiliencia a fenómenos climáticos extremos, como largas sequías, y asegurar el acceso al material genético adaptado a las condiciones ambientales de la zona.
G-biack y Thome Wa Mukamba son dos claros ejemplos de cómo desarrollar e implantar la soberanía alimentaria en Kenia.
Fuente: https://foodfirst.org/g-biak-the-center-for-growth-of-biodiverse-agriculture-of-kenya/
http://www.icekenya.org/

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