Feminismo socioliberal: un instrumento al servicio de la OTAN.

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El feminismo socioliberal: un instrumento al servicio de la OTAN. Tita Barahona

La guerra de Ucrania ha hecho aflorar a la superficie, tristemente, muchos tipos de ponzoña. Uno es el euro-centrismo y el racismo más descarados, que hace poco pudimos escuchar de boca de Josep Borrellalto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, quien lo expuso de manera palmaria:

«Los europeos hemos construido la Unión como un jardín a la francesa, ordenadito, bonito, cuidado, pero el resto del mundo es una jungla. Y si no queremos que la jungla se coma nuestro jardín, tenemos que espabilar«.

Lo que no mencionó el señor Borrell es que, para mantener ese jardín donde él y otros millonarios como él viven muy confortablemente, se necesitan muchos esclavos, tanto de Europa como de la “jungla” exterior.

Aquí, en el Reino de España, de donde es nacional Borrell, no hemos escuchado comentarios al respecto de los ministros y las ministras del gobierno de coalición PSOE-UP, el más  “progresista, diverso e inclusivo” de la historia.

Del PSOE, partido que nos metió en la OTAN, no nos podemos esperar nada distinto a lo que está haciendo en relación a la guerra de Ucrania: siempre siervo fiel del amo de la Casa Blanca. De Unidas Podemos (UP) -coalición de Izquierda Unida y Podemos-, muchos y muchas de quienes la votaron sí esperaban, ingenuamente, que marcara la diferencia.

Esa esperanza se vio frustrada desde el momento en que el Secretario General del Partido que, sin rubor, se llama Comunista de España (PCE) y forma parte de UP, se mostró encantado con que Madrid sea sede de la próxima Cumbre de la OTAN, alianza criminal que ha destrozado las sociedades de varios países en sus casi 70 años de vida.

Del mismo partido procede la Ministra de Trabajo y Vicepresidenta segunda del gobierno, Yolanda Díaz, que tampoco ha dicho esta boca es mía respecto al papel de la OTAN y de Washington en el conflicto de Ucrania, ni de los 8 años de guerra que llevan padeciendo las repúblicas del Donbass, en sintonía con el silenciamiento mediático sobre la misma. Lo que sí ha manifestado es su apoyo al envío de armamento al ejército ucraniano.

Para la ministra Yolanda Diaz, como para el resto del gobierno y sus medios de propaganda, esta es “la guerra de Putin”, un «tirano» que quiere implantar el autoritarismo en el mundo, no como su admirado Joe Biden, que siendo vicepresidente de EE.UU bombardeó sin piedad y destrozó Yugoslavia -por brazo del entonces Secretario general de la OTANJavier Solana. Pero guerras de Bush, Biden u Obama, al parecer, no ha habido.

Además, Yolanda Díaz, como otros social-liberales españoles y europeos, pretende hacernos creer que existe una Europa Social. Y, para salvar su cara de vendida a la Europa del Capital -que es la verdadera Europa-, se esfuerza en decir que la crisis en la que estamos y la que se avecina no debemos pagarla los de siempre; precisamente porque ella sabe quiénes somos los que siempre la hemos pagado y lo seguiremos haciendo, con la inestimable complicidad de su “diálogo social” y su demagogia de beata.

Y ya, el último salto mortal con pirueta para tapar su gruesa hipocresía lo ha dado la ministra Díaz al votar “por error en el Congreso contra una propuesta de ley de reforma del código penal para poder juzgar los crímenes del franquismo, propuesta que igualmente han rechazado –sin error ni vergüenza– el PSOE y resto de la derecha.

El feminismo que representa Yolanda Díaz y sus colegas de gobierno y partido, Irene Montero e Ione Belarra, es el que forma un matrimonio muy bien avenido con los intereses de la burguesía y sus políticas neoliberales de despojo de la clase trabajadora -a la que pertenecemos el grueso de las mujeres.

Al mismo feminismo liberal-burgués pertenece asimismo un peso pesado del feminismo español, Amelia Valcárcel. Catedrática de Filosofía, Moral y Política, vicepresidenta del Patronato del Museo del Prado, con múltiples galardones y dos doctorados honoris causaValcárcel se ha destacado por su oposición a la ideología de la identidad de género plasmada en las leyes trans, algo que, en mi opinión, le honra, así como el hecho de que no comparta la teoría del feminismo de la diferencia, que, sin embargo, es del gusto de Yolanda Díaz y otras políticas de UP.

No obstante, Valcárcel también ostenta un cargo político asesor, ya que, desde 2006 es miembro por el PSOE del  Consejo de Estado. Desde esta capacidad, con ocasión del 8 de Marzo, dio una conferencia en el Colegio Oficial de Enfermería de Cáceres, titulada “Feminismo y pacifismo”, que sentimos decir fue toda una lección de cómo dar una charla cuando se cree que la audiencia es tonta, ignorante o crédula.

No cabe duda que, como perteneciente a un órgano del Estado, la ilustre Amelia Valcárcel ni quiere ni puede disentir en ningún aspecto del discurso oficial de los aparatos a los que sirve. Aprovechó la ocasión para hablar de la guerra de Ucrania -o, como reza la propaganda otanista: la “guerra de Putin”-, no sin reproducir el etnocentrismo del que hizo gala Borrell, aunque con tintas menos cargadas:

Nosotros y nosotras, europeos que vivimos en un mundo feminista (…) hay que saber en qué relación está nuestro mundo con ese otro mundo”.

Previamente, hizo alusión a los movimientos de tropas rusas que se observaron en las fronteras con Bielorrusia  y Ucrania,  que, según Valcárcel, presagiaban ya la guerra. Ni una mención, claro está, a que hoy la OTAN está extendida por el BálticoTranscaucasia y Asia Central, completando de tal modo un asedio a Rusia por casi todas sus fronteras, llegando hasta sus mismas puertas. Desde 2016, la OTAN viene desplegando en el Este de Europa sistemas anti-misilesbombas nucleares y batallones de diversos países.

Sin embargo, la intelectual doña Amelia se pregunta: “¿Por qué dice Putin que la OTAN le amenaza?

Valcárcel no ahorró calificativos para ese feminismo que clama “No a la guerra”, al que llamó “feminismo de garrafón”. El “No a la OTAN” ni lo mentó: como si no existiera.

¿Qué pasa cuando hay una agresión como esta?” -también se pregunta-, como si no hubiera habido agresiones similares en las últimas décadas, aunque no provocadas por Rusia, sino por sus queridos aliados otanistas y estadounidenses.

Según la distinguida filósofa, “nosotros”, es decir, los europeos, “llevamos varios años haciendo una sociedad feminista, que podrá tener sus pequeños fallos, pero que funciona bastante bien”.

Seguramente, no sean de la misma opinión los millones de trabajadoras y trabajadores con vidas precarias, que ni siquiera son dueños de su futuro, o las miles de mujeres víctimas de violencia machista o que se ven abocadas -o traficadas- por pobreza a la prostitución… a no ser que estas situaciones se consideren “pequeños fallos”, que a ella, desde luego, no la afectan.

Somos una “sociedad feminista porque -según Valcárcel– nuestro índice de natalidad es bajo, lo cual denota mujeres con cierta independencia y nivel cultural, al igual que en Rusia. Pero, claro, Putin, que es el malo de la película de doña Ameliano quiere una Rusia feminista con baja natalidad. Y por ello, se fue a hablar “con el patriarca Cirilo I y los dos decidieron en el año 14 que necesitaban ayuda divina, así que hicieron una peregrinación al Monte Atos”, donde se guarda el cinturón de la Virgen, y lo llevaron en peregrinación a la catedral de San Salvador.

Todo esto contado en tono de sorna por quien se sienta en un  Consejo de Estadoel español, que se supone aconfesional pero cuyos cargos públicos rinden honores a santos y vírgenes de forma no muy distinta a como se hacía en la dictadura. En este episodio Valcárcel citó incluso la canción de las Pussy Riot “Virgen María, echa a Putin y hazte feminista”, cuyos vínculos con el Departamento de Estado de EE.UU y la Open Society Foundation del magnate George Soros son conocidos, menos por los sabios y las sabias a quienes no les interesa conocerlos.

Propaganda barata pero bien diseñada, la misma que vomitan constantemente los medios de comunicación -o más bien de manipulación- públicos y privados, es lo que Amelia Valcárcel  reprodujo en esta conferencia, aunque con una torpeza que sorprende en alguien tan bien formada.

Si Putin -por el que, personalmente, no abrigo ninguna simpatía- es un “tirano”, que -según Valcárcel– hace “una guerra exterior que le permita afirmarse dentro” ¿Habría tildado también de tirana a Margaret Thatcher cuando invadió las Malvinas o a Bush Jr cuando invadió Irak bajo pretextos demostradamente falsos? Seguramente no, porque ni una ni otro pertenecieron a ese «otro mundo”, esa «jungla» que amenaza al jardín de Europa.

El “feminismo es pacifista”, dice Valcárcel, “pero no tonto”, porque “no dice ‘no a la guerra’”, sino que trata de entender la situación”. Putin “representa el tipo civilizatorio” que se resiste a que exista una sociedad feminista como la nuestra, que, además, se inventa que hay nazis en el gobierno y las fuerzas armadas de Ucrania y tiene unos “servicios de propaganda” que lo difunden.

Al parecer, doña Amelia no ha leído desde 2014, año del golpe de Estado que EE.UU provocó en Ucrania, la prensa occidental  que mostró el carácter neo-nazi del Batallón Azov y otros asociados al gobierno y las fuerzas armadas ucranianas. Tampoco parece haberse enterado de que los únicos dos países que en la ONU votaron recientemente contra una resolución que pedía condenar la glorificación del nazismo fueron, no por casualidad, EE.UU y Ucrania.

Los servicios de propaganda a los que ella y otras feministas liberales sirven son, al parecer, mejores que los rusos, porque “nosotros” vivimos en una sociedad occidental que tiene “buenos modos de vida”. Y es así porque:

Esto no es un conflicto entre oriente y occidente, sino entre unas sociedades, abiertas, democráticas, igualitarias, feministas, educadas, libres y un tirano que no quiere que la suya sea como las demás”.

En resumen, el bueno y el maloel blanco y el negroel cuento infantil como el de aquel “eje del mal” del disminuido George W. Bush, que no fue un tirano porque presidió una “sociedad libre” como la nuestra, donde la libertad depende de lo abultado de la cuenta corriente; una “sociedad abierta” cuyas fronteras se cierran a los millares de refugiados de las guerras provocadas por nosotros”, pero lejos del jardín de Europa.

Unas guerras que, según Valcárcel, no nos deben preocupar tanto como la de Ucrania, porque ésta está aquí al lado, no -al parecer- como la del Sahara, que está junto a Canarias.

A doña Amelia le han molestado las críticas que ha recibido en redes sociales por sus posicionamientos y el doble rasero  aplicado a la guerra de Ucrania respecto a otras. En uno de sus tuits escribió, no sin cierta ironía:

Mis mas expresivas gracias a cuantas personas tienen a bien recordarme que ha habido más casos e incluso que los seguirá habiendo. La memoria es una cualidad adorable siempre que no se use para emborronar lo que ocurre”.

Entre otras respuestas, tuvo la mía: Si hubiera habido tanta preocupación por esos más casos, no habría salido a la superficie la hipocresía”.

Lo que ocurre es grave y condenable en ambas zonas de conflicto, mientras Kamala Harris se parte de risa por haber logrado el objetivo de cerrar el gaseoducto Nord Stream 2 para que EE.UU pueda vender a Europa su gas mucho más caro. Pero quizás más perniciosa sea la tromba de mentiras y tergiversaciones que están escupiendo al público los medios de comunicación corporativos, que, no olvidemos, son empresas capitalistas y brazos de la propaganda otanista.

Las mujeres de clase trabajadora y quienes defienden de verdad sus intereses no podemos esperar nada de este feminismo burgués, liberal, hegemónico en la política y la academia, porque apuntala el sistema de explotación del trabajo y de opresión por sexo, raza, etc., que es el capitalismo. En él conseguirán la igualdad las mujeres de la burguesía, pero nunca podremos emanciparnos las de la clase explotada ni la sociedad en su conjunto de la esclavitud salarial, ni destruir el complejo militar-industrial que hace ricos a unos pocos y unas pocas a costa de matar y destruir países enteros y el planeta.

Reitero lo señalado en ocasiones previas: si el feminismo quiere ser de verdad un movimiento revolucionario, debe asumir la perspectiva de clase y organizarse junto a otros movimientos que luchan por abolir el sistema capitalista. El feminismo burgués social-liberal es un tigre sin dientes, mascota preferida de las clases dominantes

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