Europa en crisis: la muerte del unipolarismo y el auge del Sur Global

David López                                                                                                                              7 de abril de 2026 Hora: 13:46

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La “soledad” europea del presente no se explica por contingencias históricas ni por circunstancias accidentales. Se debe a una arquitectura geopolítica construida por sucesivas decisiones durante décadas, en gran parte por la propia UE, que fue renunciando de forma gradual, pero definitiva a su autonomía estratégica convertiendose funcionalmente en un apéndice subordinado al eje euroatlántico liderado por Washington.

Lejos de ser un polo estratégico autónomo, el “Viejo Continente” se volvió apéndice del complejo militar-industrial estadounidense en términos de defensa y política exterior, Esto lo cohibe de capacidad de decisión soberana y lo arrastra a las penumbras de la guerra y de dinámicas ajenas a sus intereses.

Vasallaje europeo y economía dependiente

El paquete de medidas adoptadas recientemente en el plano económico-comercial es ilustrativo. Acuerdos comerciales asimétricos, incremento obligado del gasto militar y dependencia energética externa manifiestan que la UE ha sido aceptada como un bloque de paises dependiente y funcional al modelo económico euroatlántico.

Reproduciendo una lógica centro-periferia dentro de Occidente, Washington ejerce hegemónicamente sobre Europa desde múltiples dimensiones: tecnológica, energética y militar. Bruselas asume el grueso de los costos sociales y económicos derivados de esa dinámica (desindustrialización creciente, crisis energética estructural, erosión del poder adquisitivo, etc.). Esto no es pura contingencia ni explicación política errónea sino consecuencia directa de un modelo económico mundial dominado por los intereses corporativos transnacionales en el que las decisiones estratégicas son guiadas más por la lógica de acumulación que por su propio bienestar.

Multipolaridad vs. unipolarismo: Rusia, China e Irán

A diferencia del modelo euroatlántico, los polos rusos, chino e iraníes están surgiendo como actores centrales para dar forma a un nuevo orden internacional multipolar. Lejos de representar simples rivales o amenazas para el mismo, son protagonistas activos que desafían la narrativa hegemónica a nombre de un nuevo orden mundial donde las mayorias globales tengan voz, poder de decisión y voto.

Moscú reivindica reiteradamente el principio de seguridad indivisible junto con la necesidad de preservar los equilibrios regionales. China promueve desde hace años un modelo asistencialista basado en la cooperación económica y el desarrollo sin injerencias donde el GGI y el proyecto BRI estan dando sus frutos brindando igualdad de condiciones a los paises del Sur cuando de negociar con Pekin se trata. Irán por su parte se destaca como actor regional clave para resistir frente a las dinámicas entrelazadas de presión y coerción unilateral. Su manera de hacerle frente a la potencia mundial más fuerte de todos los tiempos y acelerar su caida en un sistema que se desrumba con él, inspirará a la larga y sin lugar a dudas la necesidad de descolonizar sus ejercitos, sus economias y sus riquezas naturales.

Estas posiciones se justifican e inspiran de hecho a partir de los principios normativos que brinda la propia Carta de la ONU respecto a principios esenciales como igualdad soberana de los Estados, prohibición uso de la fuerza y solución pacífica de controversias. Sin lugar a duda, el principio más violentado en los ultimos 20 años por parte justamente de aquellos paises nostalgicos del unilateralismo y del poder colonial que ya no tienen.

El conflicto en Ucrania y la crisis del orden internacional

La guerra en Ucrania constituye un claro exponente de la crisis de orden internacional que transita el mundo contemporáneo. Más allá de las versiones simplificadas, se desarrolla un conflicto multidimensional donde se cruzan intereses geopolíticos, económicos y militares.

La ampliación de los mecanismos de defensa colectiva, la desconsideración de las preocupaciones legítimas en materia de seguridad y la utilización del conflicto por parte de los actores economico-corporativos al servicio de sus intereses, son elementos que confluyen para profundizar una guerra que tiene como víctimas centrales a los pueblos.

La propuesta china por una solución política y enfatización rusa en cuestiones de seguridad regional aportan ingredientes imprescindibles para alcanzar un eventual acuerdo negociado, donde el nazismo sea erradicado y donde exista una contraposición a la lógica de confrontación que promueve el eje euroatlántico.

América Latina: oportunidad y riesgo

Para América Latina esta coyuntura puede presentar una oportunidad o un riesgo. Históricamente subordinada a la órbita de poder estadounidense y en menor medida a la influencia de la UE, el continente se encuentra ante la posibilidad cierta de rediseñar su posicionamiento internacional.

El desafío es romper con las estructuras de dominación colonialista legadas por los siglos, para avanzar hacia un proceso genuino e incierto de integración bajo principios soberanos. Para ello será necesario recuperar una historia borrada por el colonialismo, desarrollar una dinámica basada en principios de cooperación Sur-Sur, potenciar mecanismos regionales e interregionales propios y establecer alianzas estratégicas con los actores emergentes del nuevo orden mundial multipolar.

Pero no será fácil. Las viejas elites criollo-oligárquicas continúan reproduciendo modelos económicos extractivistas y dependientes para favorecer sus negocios; las derechas reaccionarias buscan capitalizar el descontento social con discursos excluyentes y pseudonacionalistas sin importar las alianzas que puedan hacer con grupos ligados al narcotrafico o con sectores que resuciten al nazismo que creimos muerto en 1945.

Crítica estructural: globalismo, corporativismo y extrema derecha

Es importante distinguir entre la crítica válida al globalismo corporativo sobre el que se estructura el modelo neoliberal dominante a escala planetaria y las posiciones ideológicas contemporizadoras que buscan canalizar esa crítica al servicio del autoritarismo.

No se trata solo ni principalmente del problema hegemónico estadounidense o europeo subalterno, sino del predominio planetario corporativo transnacional vinculado a intereses financieros e institucionales complejos que regulan el funcionamiento del aparato estatal y que tradiconalmente han impuesto las reglas del ajedrez geopolítico que hoy aun vivimos.

Tampoco se trata simplemente del avance reactivo de nuevas fuerzas políticas subalternas. La irrupción globalizada contemporánea de fuerzas políticas antidemocráticas (el nazismo que menciono anteriormente) en diversas regiones no ofrece alternativas emancipatorias. Se trata más bien de una reconfiguración sinérgica autoritaria-corporativa del sistema existente.

La alternativa debe construirse sobre bases populares soberanas y conscientes, con proyectos redistributivos dotados de carácter ecosocialista e integradores desde una perspectiva supranacional o multinacional, evitando tanto la nueva dominación colonizada por el capital transnacional como sus intentos reaccionarios.

Al servicio del pueblo: defensa o resistencia estratégica

En este contexto, el derecho internacional, aunque creado por los paises occidentales y hoy en crisis, aparece como instrumento estratégico ante un escenario donde su neutralidad es puesta en cuestión. En rigor, si es utilizado sistemáticamente sobre la base irrenunciable y excluyente de cuatro principios: universalidad; autonomía (enmarcándose los Estados en estructuras supranacionales o multinacionales solo beneficiándose transitoriamente); coherencia sin dobles estándares; e independencia frente al poder corporativo transnacional.

A casos como el de la Corte Internacional de Justicia en Nicaragua vs. Estados Unidos lo que demuestra es que existían antecedentes jurídicos que contrarrestaban esas actitudes hegemónicas y defendían los derechos soberanos de los Estados. La diferencia está en la aplicación en el tiempo y el espacio. Mientras el derecho internacional continúe siendo aplicado selectivamente, continuará siendo visto como un instrumento de legitimación de poder por parte del sistema internacional, no como un instrumento para la justicia.

Hacia otro orden internacional

La crisis no es sólo europea, ni sólo occidental; es una crisis del modelo unipolar. La transición hacia una multipolaridad real no es una opción ideológica, sino un proceso histórico en marcha. En ese nuevo orden internacional, la cooperación entre países del Sur Global y otros emergentes (Rusia, China, Irán, India, Brasil) puede contribuir a la construcción de un nuevo orden caracterizado por el respeto a la soberanía, la no injerencia y el desarrollo compartido en vez de las lógicas dominantes.

La pregunta por ende ya no es si sucederá, sino bajo qué condiciones y con qué actores. Porque lo cierto es que el futuro del sistema internacional no se definirá sólo adentro de las estructuras tradicionales de poder sino también en la capacidad de los pueblos para organizarse, resistir y generar alternativas.

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