Etiopía, un poco de historia

Fuente: UMOYA, nº 82/E. Torre, Comité de Logroño/ Wikipedia.           1er trimestre 2016

Etiopía es un país del Cuerno de África que tiene una superficie del doble de España (1.133.380 km2) y una población de casi 80 millones de habitantes, aproximadamente el 80% de los ellos trabajan en el mundo rural. Fuentes: Ana Henríquez, “Etiopía en el punto de mira”, Carlos Hernádez Calvo, “Etiopía, ¿el león africano?”

Etiopía limita con Somalia al este, Yibuti al noreste, Eritrea al norte, Sudán del Norte y del Sur al oeste, y Kenia al sur. Su importancia estratégica es evidente, ya que sus países limítrofes son puntos calientes por los conflictos que allí se mantienen. El ejército etíope es fuerte, en parte debido al apoyo estadounidense para que el país sirva de “pacificador” en la zona. Etiopía es un inmenso país del África nororiental.

Tiene en su relieve altiplanicies volcánicas y montañas, con zonas inaccesibles e inhóspitas, que alternan con desiertos y pantanos. Al noroeste se yergue el macizo etiópico en el que se sitúa el pico más elevado del país: Ras Dashán, con 4.621 m. de altitud. En su parte superior el macizo se caracteriza por las mesetas de tierras rojizas y las sabanas herbáceas. Frente a la región montañosa del noroeste se encuentran las tierras bajas del este y del sureste, ambas separadas por la fosa tectónica del valle del Rift. Es una tierra de gran belleza natural, pero también arquitectónica, gracias a las iglesias excavadas y talladas en la roca de Lalibelá, Patrimonio de la Humanidad, los castillos de Gondar, los monasterios y catedrales ortodoxas, la ciudad de Aksum, sin olvidar la orfebrería, la pintura y la música. Dentro de su gastronomía destaca el injera, un plato de verduras y carnes picantes que se sirve sobre una masa estirada de harina de teff fermentada que se come con las manos. Sus gentes son de origen semítico: los etíopes dicen que descienden del rey Salomón y la reina de Saba. Su idioma es el amárico, aunque también hablan el inglés. Su religión es fundamentalmente ortodoxa-etíope, que es una antigua rama cristiana que se remonta al s IV. Hay un 30% de musulmanes. Es una República Federal basada en etnias que en apariencia funciona bien, pero cuando se rasca un poco se respiran las rencillas, sobre todo entre las etnias más poderosas, los amara y los oromo. Otras etnias numerosas son los somalís, los pueblos del sur y los tigrays, estos últimos la etnia del partido en el poder, que está recibiendo todos los privilegios y riquezas. Haile Marim Desalegne es el Primer Ministro en la actualidad, sustituyendo al carismático Meles Zenawi, pertenecientes ambos al único partido que ha gobernado desde 1994, el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope. Algunas libertades, como la libertad de expresión y de prensa, están en serio riesgo. Los 9 famosos blogueros del grupo Zona 9 fueron arrestados y encarcelados acusados de conspirar para cometer actos terroristas y de incitar a la violencia a través de sus posts, en los que pedían el fin de la censura y el respeto a la Constitución y el derecho a manifestarse. Etiopía ocupa el puesto 142 de 180 países en la Clasificación mundial de Libertad de Prensa 2015 de Reporteros sin Fronteras. Económicamente hablando, Etiopía, país conocido mundialmente por las hambrunas del pasado reciente, ha estado creciendo durante la pasada década a un ritmo medio del 10%. Aunque es evidente que el país está cambiando, parece que el principal interés del Gobierno, asesorado por el Banco Mundial y aplaudido por gobiernos occidentales, reside en abrirse al capital extranjero y no tanto en mejorar las condiciones de toda la población. Se habla del “milagro económico” etíope y del “león africano”. El gobierno está convencido de que Etiopía  alcanzará la mayoría de los ya obsoletos ODM y que en 2025 será un país de renta media. Solo le quedan diez años para conseguir este propó- sito y, hoy por hoy, se estima que más del 88% de sus habitantes sufre pobreza multifuncional y está todavía en el puesto 173 –sobre 187– en el ranking de desarrollo humano que publica la ONU. Al crecimiento demográfico se le une la consecuente erosión del suelo, los estragos del cambio climático y la persistente sequía. Ahora  está atravesando la peor sequía que ha tenido en 30 años, desde aquella tristemente célebre hambruna de 1984, en la que murieron un millón de personas. El hambre amenaza de nuevo, aunque el gobierno presume de haberse dotado de un sistema de seguridad alimentaria que les haría más resistentes a las sequías. Mientras se construyen las dos presas más grandes de África y la capital, Addis Abeba, se llena de nuevos edificios y de inversiones en infraestructuras, el Gobierno deja sin tierra a la población local, regalándosela a grandes multinacionales para que la usen en el cultivo de productos para la exportación. En Gambela, la región más pobre de Etiopía, y en muchas partes del país, los campesinos han sido forzados a instalarse en aldeas pre-designadas por el Estado (política denominada “aldeización”) para facilitar el acaparamiento de tierras para la agricultura comercial. En Addis Abeba, desde la parte elevada de Taitu Street, con el hotel Sheraton Addis en primer plano, una avenida de palmeras dirige la mirada hacia el nuevo skyline, hogar de cuatro millones de personas. Desde aquí, la ciudad parece una urbe cosmopolita, con anchas avenidas, edificios elevados y muchas construcciones en marcha. Los chinos han regalado los edificios de la Unión Africana y están construyendo la mayor parte de las infraestructuras del país. Se ha inaugurado recientemente el primer metro ligero de África subsahariana con su ayuda y éste solo es el principio del proyecto ferroviario que quiere llegar a los 5.000 km de vías extendidas por todo el país y, a largo plazo, planean conectar por ferrocarril con Yibuti, Sudán e, incluso, Gabón, al otro lado del continente. Etiopía siempre ha conservado el orgullo de ser el único país no colonizado de África. Ahora está siendo invadida por las empresas transnacionales que ven en ella una oportunidad para reducir sus costes y aumentar sus beneficios gracias a la mano de obra barata, la riqueza de sus tierras y una política que favorece sus propios intereses.

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