España: sociedad ciega, sorda y muda con los Borbones

Fuente: https://www.telesurtv.net/bloggers/Espana-sociedad-ciega-sorda-y-muda-con-los-Borbones-20200718-0001.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_campaign=NewsletterEspa%C3%B1ol&utm_content=33   Pablo Jofre Leal                                                                                18 julio 2020

La sociedad española no puede alegar desconocimiento respecto a la realidad, que la monarquía borbona, que reina en ese país desde el año 1975, es una casa real corrupta.

España: sociedad ciega, sorda y muda con los Borbones

Una realidad demostrada a la luz de los hechos, denuncias e investigaciones, que demuestran la porqueriza moral en que está convertida dicha monarquía. Esto, a pesar de todos los intentos de limpiar su imagen, gastando millones de euros en agencias de relaciones públicas, con una prensa en general genuflexa, desde el inicio de este reinado atribuyéndole incluso, al ex Rey Juan Carlos I, el papel de defensor de la democracia tras la intentona golpista del 23 de febrero del año 1981, a manos del teniente coronel Antonio Tejero Molina. Una historia repetida hasta el hartazgo y de la cual los medios de información, en su enorme mayoría, han hecho una especie de auto de fe y que segundopaso.es en su misión de dar a conocer reseña en este artículo.

Política comunicacional, plena de manipulación y sometida, que se ha expresado en esa imposición tácita de no criticar a los miembros de la monarquía española, que ha durado ya 40 años, hasta que el olor a corrupción ya salía de todos los palacios, yates y casas de descanso dentro y fuera de España pertenecientes a los Borbones.  No se puede tapar el sol con un dedo, más aún cuando el propio ex monarca, creyéndose impune, se paseaba por el mundo participando en la matanza de elefantes, como fue descubierto tras una fractura sufrida en un safari en Botsuana el año 2012, país del cual tuvo que ser evacuado. Una cacería patrocinada por los amigos saudíes de Juan Carlos I y que había sido organizada, además, por la amante del ex monarca Corinna Larsen, conocida en los ambientes palaciegos como Corina zu Sayn Wittgenstein. Todo un ambiente corrupto, destinado a gestionar el lobby necesario para empresas y obras multimillonarias.

Un ex Monarca que ya tuvo hechos concretos de una conducta deshonrosa, cuando traicionó los anhelos de autodeterminación del pueblo saharaui, cuyo territorio fue colonia española hasta el abandono de esos territorios en virtud de los llamados Acuerdos de Madrid, que dieron vía libre a la monarquía encabezada por el fallecido rey alauita Hassan II, para comenzar el proceso de colonización y ocupación de la patria saharaui. Un Hassan II fallecido el año 1999 y que Juan Carlos I tenía en alta estima por la cercanía afectiva y de intereses políticos y económicos entre ambas casas reales. En los funerales de Hassan II, el propio Juan Carlos I declaró entre sollozos a la prensa “Le he dicho al rey Mohamed VI que lo mismo que era mi hermano mayor el rey Hassan II, ahora soy yo su hermano mayor». El nuevo rey de Marruecos llamó cariñosamente “tío” a su interlocutor español en forma llorosa.

La traición al pueblo saharaui ha sido desclasificada por documentos de la CIA en enero del año 2017, dadas a conocer por medios españoles, los cuales señalan que “Don Juan Carlos pactó en secreto con Hassan II que la avanzadilla de la gigantesca Marcha Verde, con la que Marruecos se adueñó del Sáhara Occidental, pudiera entrar unos cientos de metros en la colonia española de cuya frontera norte se habría retirado previamente el Ejército español. También aceptó que una delegación de medio centenar de funcionarios y espías marroquíes entrase en esas fechas en El Aaiún, la capital del Sáhara.

Cercanía entre España y Marruecos, que tendrá ampliación incluso al mundo político español como fue el caso del ex primer ministro socialista Felipe González, que está hoy, a sus 78 años convertido en un empleado de la monarquía marroquí, de la cual es su lobista predilecto. Esto, pues no existe mejor siervo, que aquel que el 14 de noviembre del año 1976 en los territorios liberados saharauis, denunciaba los Acuerdos de Madrid y juraba defender a un pueblo y termina siendo su sepulturero. “Para nosotros, ya no se trata ya de derechos de autodeterminación, sino que de acompañaros en vuestra lucha hasta la victoria final. Como parte del pueblo español sentimos vergüenza que el gobierno no haya sólo hecho una mala colonización sino que una peor descolonización entregándolos, en manos de gobiernos reaccionarios como los de Marruecos y Mauritania…”.

El registro histórico demuestra, que poderoso señor es don dinero, incluyendo aquella mansión que “Felipito” comenzó a construir a pie de playa, gracias a la generosidad marroquí en Tánger y que terminó vendiendo al rey saudí Salman Bin Abdulaziz, para tratar de evitar así, que la prensa y los votantes españoles profundizarán sobre la hondura de las relaciones del otrora político de izquierda. Hoy, Felipe González, devenido en un jubilado dotado de una enorme fortuna, viaja por el mundo como lobista de Repsol, Telefónica, en general las transnacionales españolas, cobrando suculentas sumas por sus arcaicas conferencias y defendiendo a la monarquía marroquí de las denuncias por su política de colonización, ocupación y crimen del territorio saharaui.

Dicho lo anterior, volvamos a la Monarquía a la cual el dirigente español y gran parte de la casta política española jura lealtad. Tras la abdicación de Juan Carlos I (quedando como Rey Emérito) asumió su hijo Felipe con la entronización nominal de Felipe VI, el 14 de junio del año 2014. Decisión tomada por presión de la propia familia, precisamente por las denuncias de dineros mal habidos, conducta personal y pública que ya hacía insostenible su presencia al mando de la casa real española y que ya había tenido un fuerte golpe con las acusaciones de corrupción contra la infanta Cristina (hija mayor de Juan Carlos I) y su esposo, el ex deportista olímpico Iñaki Undargarín, involucrados en el llamado caso Noos.

Un hecho delictivo, de blanqueo de dinero que consistió, básicamente, en el desvío dinero público desde el Instituto Nóos creado por Undargarín junto a funcionarios de la casa real y la propia Infanta Cristina, que implicó un trasiego de dinero que sobrepasó los 10 millones de euros. Un Undargarín que finalmente bajo los delitos de malversación, estafa, fraude a la Administración, prevaricación, falsedad, dos delitos contra la Hacienda Pública y blanqueo de capitales lo llevaron a la cárcel con una condena de 5 años y 8 meses en junio del año 2018.

En el caso específico del ex Monarca, la podredumbre no pudo ocultarse más. Esto generó incluso, que Felipe VI en marzo de este año 2020 retirara la asignación presupuestaria que venía percibiendo desde los fondos de la casa real. Unido a la decisión de marginarse de la herencia que el abdicado rey pudiese dejarle a su hijo Felipe, de una fortuna estimada en 1.800 millones de euros. “Así como a cualquier activo, inversión o estructura financiera cuyo origen, características o finalidad puedan no estar en consonancia con la legalidad y los criterios de rectitud e integridad que rigen su actividad institucional y privada”. Cientos de millones de euros. Nada de mal para una casa monárquica, que solía enorgullecerse de ser una de las más modestas de Europa.

En estos meses ya se conoce toda la trama de corrupción en que estaba involucrado Juan Carlos I que le reportaron decenas de millones de euros, parte del cual pasó a manos de su amante Corinna Larsen. En el caso de los 100 millones de euros recibidos como “pago de comisiones” de la Monarquía saudí, por apoyar la adjudicación de la obra de construcción del tren de alta velocidad entre La Meca-Medina (Haramain). Estos fondos fueron depositados en la creada sociedad instrumental panameña denomina Lucum Foundation, de la cual se evidenció que había salidas continuas de fondos en importes promedio de 150 mil euros mensuales entre los años 2008 al 2012, que permitían gastos no declarados de la casa real española. Ese año 2012 Juan Carlos I liquidó los  últimos 65 millones de dólares a la cuenta  de su ex amante Corinna zu Sayn-Wittgenstein en concepto de donación

Las investigaciones demostraron que la transferencia entregada por el fallecido rey Abdulá bin Abdulaziz de Arabia saudí fue depositado en la cuenta número 505523 del Banco Ginebrino Mirabaud – con sede en Panamá – el día 8 de agosto del año 2008. Ninguno de esos retiros fue declarado a Hacienda de España. Sumen a esta transferencia, el “regalo” del Hamad bin Isa al Khalifa, Rey de Bahréin, por 1.5 millones de dólares.  El propio banco solicitó cuatro años que se diera término a este fondo por las repercusiones políticas que estaba teniendo tras los hechos de Botsuana. Juan Carlos I fue vaciando la cuenta, entregando un millón de euros a una amante suiza y dos millones de euros a su ex amante y amiga Marta Gayá. En entramado de sociedades fantasmas, testaferros, fundaciones comenzaba a tambalearse así como una Monarquía que no se justifica, en modo alguno, en una sociedad, que suele jactarse de su democracia.

El tufillo corrupto de la Casa de los Borbones salió a impregnar el aire político español, gracias a la labor de dos pequeños medios digitales de ese país (Ok Diario y El Español) como muestra del silencio obsequioso de los medios tradicionales y de la casta política hispana. Estos medios digitales difundieron las conversaciones llevadas a cabo por la ex amante de Juan Carlos I, la empresaria germano -danesa Corinna Larsen, en Londres, junto al ex presidente de telefónica Juan Villalonga y el ex comisario de la policía nacional y empresario José Manuel Villarejo (actualmente detenido por corrupción).

En ese encuentro queda establecido, con claridad y sin lugar a duda, que Juan Carlos I fue destinatario de dineros por tráfico de influencias, apoyo a bajar el valor de la oferta dada por el consorcio que construyó el Tren de Alta Velocidad en Arabia saudí (cuya rebaja sirvió para compensar a Juan Carlos con los 100 millones de euros para su cuenta corriente) y que para ello se construyó una compleja red financiera destinada a ocultar ese dinero y los beneficiados.  Ya no era posible ocultar la cloaca en que estaba convertida la Monarquía española. Hecho que termina de explotar tras la decisión del fiscal jefe del cantón suizo de Ginebra Yves Bertossa, de dar a conocer que se estaba llevando a cabo una investigación penal secreta por el delito de blanqueo de capitales agravado: la causa judicial P14783/2018, conocida como “los papeles secretos de Ginebra”.

Lo más probable es que la jefatura del estado español continúe en manos de una monarquía que expele tal pestilencia. Y prueba de ello es el manejo con guantes blancos que la prensa española, en forma mayoritaria, hace de las acusaciones contra el ex monarca Juan Carlos I. en ese acuerdo tácito de no afectar a la casa real. Decisión que demuestra la hipocresía cuando se trata de dar cuenta de una sociedad, supuestamente democrática, pero que es capaz de esconder bajo la alfombra la basura que durante años salía de la Zarzuela.

Conceptos como “presuntos pagos al rey emérito” “supuesta cuenta en Suiza” “presuntas acusaciones de corrupción” “Corinna Larsen: la presunta amante del rey”. Puro eufemismo destinado a tratar de salvar en algo a una casa real que exuda corrupción y que recibe, con todo, el apoyo de La Moncloa en esta alianza que hunde sus raíces desde el fin de la dictadura franquista. Hasta ahora, la sociedad española sigue adormecida en este respeto a una monarquía que suele entregar más dividendos turísticos que morales.

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