En Ucrania el campo de batalla se llena de cables

MPR21                                                                                                                          Redacción                                                                                                                        24/02/26

En la Guerra de Ucrania el frente es un enorme surco de 1.200 kilómetros de largo por unos 20 a 40 kilómetros de ancho. Esa “zona gris” presenta un aspecto extraño donde, además de las trincheras, lo que más proliferan son las redes de pesca. Los artefactos de última tecnología, los drones, conviven con remedios tradicionales que hace cuatro años nadie hubiera sospechado encontrar en un campo de batalla.

Nunca los ciclos de innovación habían sido tan cortos en una guerra. Los drones aéreos, navales y ahora terrestres dominan el terreno, hasta el punto de que el combate depende cada vez más de la calidad de las conexiones entre el operador y su dron. Las guerras son electrónicas y dependen de las comunicaciones y las conexiones.

La “zona gris” se ha llenado de radiofrecuencias y tendidos de kilómetros cables de fibra óptica. En la guerra moderna se lucha con drones y contra drones.

El siguiente paso es la autonomía de los artefactos para reducir la necesidad de efectivos humanos. Para ello es necesario recurrir a la inteligencia artificial, que permite guiar y apuntar lo más rápido posible. Los soldados no empuñan armas sino ordenadores.

Por eso está en Ucrania el antiguo director de Google y actual cabecilla de Swift Beat, Eric Schmidt, que suministra drones equipados con inteligencia artificial al ejército de Kiev.

El pasado mes de enero el comandante en jefe del ejército ucraniano, Oleksandr Syrsky, concedió una entrevista en la que lanzó una bomba sobre los drones, contradiciendo lo que dicen al respecto los “expertos” y medios de comunicación occidentales (1).

El año pasado numerosas publicaciones occidentales afirmaron que Rusia solo podía producir unos 100 drones al día. Sin embargo, Syrsky dice que Rusia produce actualmente de 400 drones Geran al día como mínimo y planea aumentar esta cifra a 1.000 para este año.

El oficial ucraniano se refería a los drones de tipo Geran, por lo que, además, hay que tener en cuenta la producción de otros drones de mayor alcance, como el Molniya por ejemplo.

En su página de Facebook, Syrsky especifica que la nueva rama rusa de drones aéreos ya cuenta con 80.000 militares y que este año esa cifra aumentará a 165.500 y llegará a 210.000 en 2030.

Al mismo tiempo, Bloomberg informó que “la empresa emergente de tecnología de defensa más valiosa de Europa”, Helsing, había sufrido reveses tan graves con sus drones de bajo rendimiento en el frente que Ucrania ha suspendido todos los nuevos pedidos de estas unidades decepcionantes; los drones apenas pudieron despegar (2).

Ante una innovación tan trascendental en la manera de dirigir la guerra, la OTAN necesita aprender, y eso ha dado un giro respecto a lo que sucedía hace cuatro años, cuando quienes necesitaban aprender eran los ucranianos.

Ahora son las empresas de defensa de los Estados miembros de la Unión Europea las que se apresuran a ir a Kiev para aprender de los ucranianos.

El año pasado se abrió en Polonia el Centro OTAN-Ucrania de Análisis, Formación y Formación (JATEC), para aprovecharse de las lecciones y experiencias de la guerra, convertida en una nueva escuela de West Point para oficiales en servicio activo.

Pero no sólo los ejércitos necesitan aprender; también las empresas privadas han enviado a sus especialistas al campo de batalla para comprobar el funcionamiento de sus armas y equipos, asi como las posibilidades de introducir mejoras.

(1) https://lb.ua/society/2026/01/18/717446_golovnokomanduvach_zsu_sirskiy.html
(2) https://www.bloomberg.com/news/articles/2026-01-19/ukraine-holds-off-on-new-helsing-drone-orders-after-setbacks