El nuevo orden mundial de Trump: el Consejo de Paz

Noticias Suprimidas                                                                                                                    Editorial                                                                                                                                        https://x.com/SuppressedNws1/status/2013972300945617385      22/01/26

Gaza como caso de prueba para un orden mundial post-ONU

La propuesta de crear un Consejo de Paz en Gaza no es una iniciativa aislada. Debe entenderse como parte de un proyecto estratégico más amplio. Donald Trump no busca reformar las Naciones Unidas. Busca reemplazarlas.

El sistema de la ONU se basa en leyes, igualdad formal entre los Estados y rendición de cuentas institucional. El modelo alternativo de Trump se basa en acuerdos, dinero, jerarquía y coerción. Mientras que la ONU se basa en tratados y normas, este modelo se basa en contribuciones de capital, lealtad política y control centralizado.

Gaza es el caso de prueba.

La arquitectura de gobernanza propuesta elimina el derecho internacional de las Naciones Unidas y lo sustituye por una gestión tecnocrática. Se desmantela la UNRWA. El estatus y los derechos de los refugiados se sustituyen por ayuda condicional. Se rechazan las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU en favor de una Fuerza Internacional de Estabilización liderada por Estados Unidos. Se elimina por completo el marco legal para la ocupación.

En este modelo no existen leyes de ocupación, derecho de retorno, investigaciones independientes ni aplicación vinculante de los derechos humanos. Lo que queda es un sistema dirigido por tecnócratas designados, grandes donantes y una fuerza de seguridad diseñada para imponer estabilidad en lugar de arbitrar derechos.

Esto no es mantenimiento de la paz. Es control administrado. Un imperio con un nuevo nombre: estabilidad.

El Consejo de Paz de Gaza como modelo institucional
La estructura del Consejo de Paz refleja esta lógica. Donald Trump presidiría directamente el organismo, controlando su composición, aprobando decisiones y supervisando sus fondos. Nickolay Mladenov, excoordinador de la ONU para Oriente Medio, actuaría como director ejecutivo y se encargaría de la supervisión diaria.

Figuras clave del gobierno estadounidense, entre ellos Marco Rubio, Steve Witkoff, Jared Kushner, Aryeh Lightstone y Josh Gruenbaum, liderarían la estrategia, el desarrollo de la capacidad de gobernanza, la reconstrucción y la coordinación de las inversiones.

Entre los participantes internacionales se encuentran figuras como Tony Blair, Ajay Banga, del Banco Mundial, y el financiero Marc Rowan, además de representantes regionales de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Egipto. La administración local de Gaza está representada nominalmente por Ali Sha’ath.

La seguridad estaría a cargo de una Fuerza Internacional de Estabilización bajo el mando del general estadounidense Jasper Jeffers, con autoridad sobre la desmilitarización, el control fronterizo y la distribución de ayuda humanitaria.

Según informes, la membresía permanente en el consejo requeriría una contribución mínima de mil millones de dólares. Los estados que pagaran esta cantidad durante el primer año quedarían exentos de los límites de mandato, lo que en la práctica compraría influencia permanente. La gobernanza se vuelve transaccional. El acceso se compra. La autoridad emana del capital.
¿Por qué se ignora a la ONU?

Las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU y una fuerza de estabilización liderada por Estados Unidos no son mecanismos intercambiables. Desempeñan funciones fundamentalmente diferentes.

Las misiones de paz de la ONU supervisan los ceses del fuego, requieren el consentimiento del Estado anfitrión, operan bajo reglas de intervención restrictivas y tienen el mandato de denunciar las violaciones de derechos humanos. Tratan a Gaza como territorio ocupado según el derecho internacional. Sus procesos son lentos, se basan en el consenso y son vulnerables al veto del Consejo de Seguridad. La aplicación de la ley es limitada, pero se garantiza la rendición de cuentas ante la justicia.

Una fuerza de estabilización liderada por Estados Unidos es de naturaleza coercitiva. Impone el desarme, realiza redadas, arrestos e incautaciones, y opera bajo un mando centralizado. El despliegue es rápido y los socios de la coalición son cuidadosamente seleccionados. La exposición legal se minimiza mediante acuerdos bilaterales. La rendición de cuentas política por los resultados es explícita.

Estados Unidos evita una estructura de la ONU en Gaza por razones obvias. Una misión de la ONU obligaría a Gaza a cumplir la legislación de ocupación. Esto desencadenaría la vigilancia obligatoria y la divulgación de información sobre derechos humanos. Las violaciones tendrían que documentarse. Las pruebas podrían impulsar procedimientos legales internacionales. La reconstrucción se convertiría en una obligación legal, en lugar de la ayuda discrecional de los donantes. Rusia y China ganarían influencia a través del Consejo de Seguridad. Gaza se presentaría como una crisis de ocupación, no como un proyecto de desarrollo posbélico.

Por qué el derecho de ocupación es el campo de batalla central
El derecho de ocupación se aplica cuando una potencia ejerce control efectivo sobre un territorio, incluso sin la presencia permanente de tropas. El control de las fronteras, el espacio aéreo, el acceso al mar, los registros de población o la vida civil es suficiente para su aplicación.

Una vez que un territorio se considera ocupado, la potencia controladora tiene deberes legales, no derechos. Se debe proteger a los civiles. Se debe garantizar el alimento, el agua y la asistencia médica. Se debe permitir el acceso humanitario. Se prohíben los castigos colectivos, los desplazamientos masivos y las alteraciones políticas o demográficas permanentes.

Para Estados Unidos e Israel, esta estructura es peligrosa. Un proceso liderado por la ONU trataría a Gaza como territorio ocupado. La vigilancia de los derechos humanos sería obligatoria. Las violaciones tendrían que ser denunciadas. La reconstrucción se regirá por la ley, no por la caridad. Los Estados terceros que colaboren en las violaciones podrían enfrentarse a sanciones legales.
La legislación de ocupación transforma a Gaza de un problema de seguridad a un régimen de responsabilidad legal. Limita el poder coercitivo, impone la rendición de cuentas y socava el control de la narrativa.

Por qué es peligroso sustituir la ONU por un «Consejo de Paz»
La propuesta de Trump de crear un Consejo de Paz no busca arreglar la ONU. Se trata de reemplazarla por un sistema completamente diferente.

La ONU, a pesar de sus defectos, se basa en normas. Los países son formalmente iguales. Su autoridad se deriva de los tratados y el derecho internacional. Incluso los Estados poderosos están, al menos en cierta medida, sujetos a requisitos de información, investigaciones y obligaciones legales.

El modelo del Consejo de Paz funciona de manera diferente.
El poder se concentra en la cima. Las decisiones las toman un presidente, los principales donantes y una fuerza de seguridad. No existen normas jurídicas vinculantes, supervisión independiente ni una verdadera rendición de cuentas. Lo que importa es la alineación política y el dinero.

La influencia se convierte en algo remunerado. Los puestos permanentes, vinculados a miles de millones de dólares en contribuciones, transforman la gobernanza internacional en un mercado. Los Estados ricos determinan los resultados. Se espera que los Estados más pobres los acepten.

La seguridad se impone, no se negocia. Una fuerza estabilizadora liderada por Estados Unidos prioriza el control y la obediencia sobre el consentimiento. Esto puede reducir la violencia a corto plazo, pero a largo plazo genera resentimiento y una gobernanza frágil y dependiente.

Se elude intencionalmente la rendición de cuentas. Al eludir a la ONU, se eliminan del sistema los informes e investigaciones sobre derechos humanos. Se elimina la exposición legal. Se justifica el poder.

Más importante aún, este modelo permite el control sin rendición de cuentas. Al rechazar el derecho de ocupación, los actores externos pueden administrar el territorio sin asumir obligaciones legales con la población. Esto socava una protección fundamental del derecho internacional humanitario.

De aplicarse globalmente, esta medida no traería orden. Al contrario, fragmentaría el sistema internacional, fomentaría bloques rivales y reemplazaría las normas universales por el clientelismo y la coerción.

La implicación más amplia
A nivel mundial, este modelo marca la erosión de la gobernanza universal. La participación se vuelve selectiva. La influencia se compra. Los derechos humanos se vuelven opcionales. Los aliados reciben inmunidad, mientras que los adversarios enfrentan castigos.

Lo que se está poniendo a prueba en Gaza no es simplemente un acuerdo de posguerra. Es una arquitectura alternativa del orden mundial, donde la ley se sustituye por la gestión, los derechos por la ayuda y la rendición de cuentas por la estabilidad impuesta.

Esto no es mantenimiento de la paz. Es la normalización del control sin consentimiento, disfrazada con el lenguaje de la reconstrucción y el orden.

Noticias suprimidas, 21 de enero de 2026
https://x.com/SuppressedNws1/status/2013972300945617385

Gaza como caso de prueba para un orden mundial post-ONU

La propuesta de crear un Consejo de Paz en Gaza no es una iniciativa aislada. Debe entenderse como parte de un proyecto estratégico más amplio. Donald Trump no busca reformar las Naciones Unidas. Busca reemplazarlas.

El sistema de la ONU se basa en leyes, igualdad formal entre los Estados y rendición de cuentas institucional. El modelo alternativo de Trump se basa en acuerdos, dinero, jerarquía y coerción. Mientras que la ONU se basa en tratados y normas, este modelo se basa en contribuciones de capital, lealtad política y control centralizado.

Gaza es el caso de prueba.

La arquitectura de gobernanza propuesta elimina el derecho internacional de las Naciones Unidas y lo sustituye por una gestión tecnocrática. Se desmantela la UNRWA. El estatus y los derechos de los refugiados se sustituyen por ayuda condicional. Se rechazan las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU en favor de una Fuerza Internacional de Estabilización liderada por Estados Unidos. Se elimina por completo el marco legal para la ocupación.

En este modelo no existen leyes de ocupación, derecho de retorno, investigaciones independientes ni aplicación vinculante de los derechos humanos. Lo que queda es un sistema dirigido por tecnócratas designados, grandes donantes y una fuerza de seguridad diseñada para imponer estabilidad en lugar de arbitrar derechos.

Esto no es mantenimiento de la paz. Es control administrado. Un imperio con un nuevo nombre: estabilidad.

El Consejo de Paz de Gaza como modelo institucional
La estructura del Consejo de Paz refleja esta lógica. Donald Trump presidiría directamente el organismo, controlando su composición, aprobando decisiones y supervisando sus fondos. Nickolay Mladenov, excoordinador de la ONU para Oriente Medio, actuaría como director ejecutivo y se encargaría de la supervisión diaria.

Figuras clave del gobierno estadounidense, entre ellos Marco Rubio, Steve Witkoff, Jared Kushner, Aryeh Lightstone y Josh Gruenbaum, liderarían la estrategia, el desarrollo de la capacidad de gobernanza, la reconstrucción y la coordinación de las inversiones.

Entre los participantes internacionales se encuentran figuras como Tony Blair, Ajay Banga, del Banco Mundial, y el financiero Marc Rowan, además de representantes regionales de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Egipto. La administración local de Gaza está representada nominalmente por Ali Sha’ath.

La seguridad estaría a cargo de una Fuerza Internacional de Estabilización bajo el mando del general estadounidense Jasper Jeffers, con autoridad sobre la desmilitarización, el control fronterizo y la distribución de ayuda humanitaria.

Según informes, la membresía permanente en el consejo requeriría una contribución mínima de mil millones de dólares. Los estados que pagaran esta cantidad durante el primer año quedarían exentos de los límites de mandato, lo que en la práctica compraría influencia permanente. La gobernanza se vuelve transaccional. El acceso se compra. La autoridad emana del capital.
¿Por qué se ignora a la ONU?

Las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU y una fuerza de estabilización liderada por Estados Unidos no son mecanismos intercambiables. Desempeñan funciones fundamentalmente diferentes.

Las misiones de paz de la ONU supervisan los ceses del fuego, requieren el consentimiento del Estado anfitrión, operan bajo reglas de intervención restrictivas y tienen el mandato de denunciar las violaciones de derechos humanos. Tratan a Gaza como territorio ocupado según el derecho internacional. Sus procesos son lentos, se basan en el consenso y son vulnerables al veto del Consejo de Seguridad. La aplicación de la ley es limitada, pero se garantiza la rendición de cuentas ante la justicia.

Una fuerza de estabilización liderada por Estados Unidos es de naturaleza coercitiva. Impone el desarme, realiza redadas, arrestos e incautaciones, y opera bajo un mando centralizado. El despliegue es rápido y los socios de la coalición son cuidadosamente seleccionados. La exposición legal se minimiza mediante acuerdos bilaterales. La rendición de cuentas política por los resultados es explícita.

Estados Unidos evita una estructura de la ONU en Gaza por razones obvias. Una misión de la ONU obligaría a Gaza a cumplir la legislación de ocupación. Esto desencadenaría la vigilancia obligatoria y la divulgación de información sobre derechos humanos. Las violaciones tendrían que documentarse. Las pruebas podrían impulsar procedimientos legales internacionales. La reconstrucción se convertiría en una obligación legal, en lugar de la ayuda discrecional de los donantes. Rusia y China ganarían influencia a través del Consejo de Seguridad. Gaza se presentaría como una crisis de ocupación, no como un proyecto de desarrollo posbélico.

Por qué el derecho de ocupación es el campo de batalla central
El derecho de ocupación se aplica cuando una potencia ejerce control efectivo sobre un territorio, incluso sin la presencia permanente de tropas. El control de las fronteras, el espacio aéreo, el acceso al mar, los registros de población o la vida civil es suficiente para su aplicación.

Una vez que un territorio se considera ocupado, la potencia controladora tiene deberes legales, no derechos. Se debe proteger a los civiles. Se debe garantizar el alimento, el agua y la asistencia médica. Se debe permitir el acceso humanitario. Se prohíben los castigos colectivos, los desplazamientos masivos y las alteraciones políticas o demográficas permanentes.

Para Estados Unidos e Israel, esta estructura es peligrosa. Un proceso liderado por la ONU trataría a Gaza como territorio ocupado. La vigilancia de los derechos humanos sería obligatoria. Las violaciones tendrían que ser denunciadas. La reconstrucción se regirá por la ley, no por la caridad. Los Estados terceros que colaboren en las violaciones podrían enfrentarse a sanciones legales.
La legislación de ocupación transforma a Gaza de un problema de seguridad a un régimen de responsabilidad legal. Limita el poder coercitivo, impone la rendición de cuentas y socava el control de la narrativa.

Por qué es peligroso sustituir la ONU por un «Consejo de Paz»
La propuesta de Trump de crear un Consejo de Paz no busca arreglar la ONU. Se trata de reemplazarla por un sistema completamente diferente.

La ONU, a pesar de sus defectos, se basa en normas. Los países son formalmente iguales. Su autoridad se deriva de los tratados y el derecho internacional. Incluso los Estados poderosos están, al menos en cierta medida, sujetos a requisitos de información, investigaciones y obligaciones legales.

El modelo del Consejo de Paz funciona de manera diferente.
El poder se concentra en la cima. Las decisiones las toman un presidente, los principales donantes y una fuerza de seguridad. No existen normas jurídicas vinculantes, supervisión independiente ni una verdadera rendición de cuentas. Lo que importa es la alineación política y el dinero.

La influencia se convierte en algo remunerado. Los puestos permanentes, vinculados a miles de millones de dólares en contribuciones, transforman la gobernanza internacional en un mercado. Los Estados ricos determinan los resultados. Se espera que los Estados más pobres los acepten.

La seguridad se impone, no se negocia. Una fuerza estabilizadora liderada por Estados Unidos prioriza el control y la obediencia sobre el consentimiento. Esto puede reducir la violencia a corto plazo, pero a largo plazo genera resentimiento y una gobernanza frágil y dependiente.

Se elude intencionalmente la rendición de cuentas. Al eludir a la ONU, se eliminan del sistema los informes e investigaciones sobre derechos humanos. Se elimina la exposición legal. Se justifica el poder.

Más importante aún, este modelo permite el control sin rendición de cuentas. Al rechazar el derecho de ocupación, los actores externos pueden administrar el territorio sin asumir obligaciones legales con la población. Esto socava una protección fundamental del derecho internacional humanitario.

De aplicarse globalmente, esta medida no traería orden. Al contrario, fragmentaría el sistema internacional, fomentaría bloques rivales y reemplazaría las normas universales por el clientelismo y la coerción.

La implicación más amplia
A nivel mundial, este modelo marca la erosión de la gobernanza universal. La participación se vuelve selectiva. La influencia se compra. Los derechos humanos se vuelven opcionales. Los aliados reciben inmunidad, mientras que los adversarios enfrentan castigos.

Lo que se está poniendo a prueba en Gaza no es simplemente un acuerdo de posguerra. Es una arquitectura alternativa del orden mundial, donde la ley se sustituye por la gestión, los derechos por la ayuda y la rendición de cuentas por la estabilidad impuesta.

Esto no es mantenimiento de la paz. Es la normalización del control sin consentimiento, disfrazada con el lenguaje de la reconstrucción y el orden.

Noticias suprimidas, 21 de enero de 2026
https://x.com/SuppressedNws1/status/2013972300945617385

 

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