El Cómic negro: Viñetas que son aulas antirracistas

 

Las personas negras buscaron su reflejo en las páginas de los cómics y encontraron solamente sirvientes, hampones o estereotipos. Hoy, el panorama ha cambiado radicalmente. El cómic negro contemporáneo ha dejado de ser un simple entretenimiento para convertirse en un espacio donde convergen la mitología africana, el afrofuturismo, la justicia racial y la educación política.

De la invisibilidad y el racismo a Wakanda

La historia del cómic afrodescendiente comenzó con apenas migajas. Stan Lee y Jack Kirby crearon a Black Panther en 1966, el primer superhéroe negro de Marvel Comics, en pleno auge del movimiento por los derechos civiles. T’Challa, rey de Wakanda, apareció en el número 52 de Los Cuatro Fantásticos como un monarca de un reino africano tecnológicamente avanzado. La creación de este personaje coincidió con la fundación del Partido Pantera Negra, lo que obligó a la editorial a renombrarlo brevemente como Black Leopard para evitar asociaciones políticas.

Pero Black Panther era una excepción en un mar de representaciones muy racistas. Antes de los años sesenta, los personajes negros como el Príncipe Lothar (1934), compañero del mago Mandrake, o Ebony White, asistente de The Spirit, eran figuras secundarias marcadas por la discriminación de su época. La llegada de Falcon (1969), Luke Cage Power Man (1972) y John Stewart como Linterna Verde (1971) marcó un cambio, aunque estos personajes seguían atados a estereotipos de la blaxploitation.

La verdadera revolución llegó cuando creadores negros tomaron las riendas. En 1993, Dwayne McDuffie, Denys Cowan, Michael Davis y Derek T. Dingle fundaron Milestone Comics, la primera editorial afroamericana con distribución de DC Comics. Su misión era explícita, visibilizar y empoderar a personajes afrodescendientes en un medio monopolizado por narrativas blancas. Milestone introdujo un universo de héroes que luchaban contra villanos, pero también contra el racismo, la violencia pandillera y el embarazo adolescente. Títulos como Static, Icon, Hardware y Blood Syndicate presentaban versiones negras de arquetipos de superhéroes con una profundidad inédita hasta entonces.

McDuffie fue especialmente crítico con la industria. Propuso a Marvel una serie titulada «Teenage Negro Ninja Thrasher», parodia mordaz de los personajes negros existentes que derivaban todos del mismo modelo estereotipado. La propuesta fue rechazada, pero dejó claro el problema de las grandes editoriales que carecían de sensibilidad multicultural. Milestone cerró en 1997 debido a la crisis de la industria, pero su legado perdura. DC relanzó la línea en 2020, demostrando que aquellas historias siguen siendo necesarias.

El cómic como un aula sin pupitres

El cómic afrodescendiente contemporáneo funciona como una escuela visual donde se aprende sin darse cuenta. A través de narrativas que combinan acción, mitología y crítica social, estas historietas educan sobre racismo estructural, colonialismo, identidad diaspórica y resistencia cultural.

Christopher Priest, quien asumió el control creativo de Black Panther, entendió esto perfectamente. Bajo su guion, el personaje dejó de ser una creación blanca sobre el imaginario negro para convertirse en un vehículo de identidad. Don McGregor, dibujante que trabajó con el artista afroamericano Billy Graham, situó completamente las aventuras de Black Panther en el continente africano, rompiendo el paternalismo blanco que llenaba África de personajes caucásicos. En los años setenta, McGregor creó la polémica serie «Black Panther vs the Klan», donde T’Challa enfrentaba al Ku Klux Klan en el sur de Estados Unidos. Aunque Marvel canceló la serie antes de que pudiera completarse, el cómic ganó el estatus de culto por su denuncia violenta del racismo.

Desde que Priest tomó el control, todos los escritores de la serie han sido afroamericanos. Ta-Nehisi Coates, actual guionista de Black Panther, estudió profundamente la iconografía africana para su etapa en Marvel, exponiendo las flaquezas del diseño original del héroe. Reginald Hudlin modernizó al personaje y lo adaptó al siglo XXI, creando además a Shuri, la hermana de T’Challa, para que las niñas tuvieran un referente femenino de poder.

Esta dimensión educativa se extiende a otras regiones.

Afrofuturismo y brujería para descolonizar el futuro

El afrofuturismo es una de las corrientes más potentes del cómic negro contemporáneo. Esta estética mezcla tecnología, mitología africana y futuros alternativos donde las personas negras ocupan el centro de la narrativa. Pero dentro del afrofuturismo hay matices importantes.

Nnedi Okorafor, escritora nigeriana-estadounidense, acuñó el término africanofuturismo para diferenciar su trabajo del afrofuturismo clásico. Mientras el afrofuturismo se centra en la experiencia afroamericana en contextos occidentales, el africanofuturismo se arraiga primero en África, con personajes, tradiciones y futuros africanos sin la mediación occidental. Okorafor también utiliza el concepto Africanjujuism para referirse a obras que incorporan el juju, la magia folclórica de África Occidental, donde el mundo espiritual intersecta con el material.

Sus cómics para Marvel, como Black Panther, Shuri y LaGuardia, así como la adaptación gráfica de su relato «On the Road» titulada After the Rain, ilustran esta perspectiva. After the Rain, adaptado por John Jennings e ilustrado por David Brame, narra la historia de Chioma, una policía de Chicago que regresa a Nigeria y descubre su herencia espiritual. La obra mezcla terror, identidad diaspórica y mitología igbo, mostrando cómo el trauma y la familia se transmiten a través del cuerpo.

Jennings, profesor de Estudios Culturales en la Universidad de California y director del sello editorial Megascope, ha sido figura clave en la promoción del cómic afrodescendiente. Megascope, lanzado por Abrams Books, publica ficción especulativa creada por y sobre personas de racializadas. Jennings también adaptó obras fundamentales como Kindred y Parable of the Sower de Octavia Butler, estableciendo un puente entre la literatura afrofuturista clásica y el medio gráfico.

La brujería, el vudú, la santería y otras prácticas espirituales afrodiaspóricas aparecen en estos cómics como herramientas de resistencia y conocimiento. Lejos de los estereotipos exotizantes, estas narrativas presentan las tradiciones espirituales negras como sistemas complejos de sabiduría, curación y poder. Tormenta, mutante de los X-Men creada en 1975, es descendiente de magos kenianos y posee poderes conectados con su herencia africana. Su matrimonio con Black Panther simbolizó la unión de la diáspora con el continente.

Representación femenina en superheroínas y guerreras

La representación de mujeres negras en el cómic ha sido históricamente escasa y estereotipada. Pero el panorama contemporáneo muestra un cambio radical. Natacha Bustos, ilustradora afrodescendiente española de madre brasileña y padre chileno, es la artista regular de Moon Girl and Devil Dinosaur para Marvel. Sus dibujos dan vida a Lunella Lafayette, una superheroína afroamericana de 9 años considerada la persona más inteligente del universo Marvel. El cómic ha creado una legión de fans en la comunidad afroamericana.

La película Black Panther (2018) presentó cuatro protagonistas negras que rompieron moldes. Nakia (Lupita Nyong’o), Okoye (Danai Gurira), Shuri (Letitia Wright) y Ramonda (Angela Bassett) son mujeres fuertes, poderosas, científicas, guerreras y líderes políticas. Shuri, en particular, tomó el manto de Pantera Negra tras la muerte del actor Chadwick Boseman, consolidándose como heredera del legado.

Milestone Comics también presentó a Rocket, superheroína en la serie Icon. La editorial se preocupó por mostrar la diversidad de la vida afroamericana, incluyendo personajes femeninos complejos que enfrentaban violencia de género, racismo y desigualdad económica.

Más allá de Estados Unidos, un movimiento global

El cómic negro contemporáneo es un fenómeno global. En Brasil, artistas afrodescendientes e indígenas ocupan espacios que históricamente les fueron negados. En la época del barroco brasileño, las personas negras que creaban arte religioso, esculturas y pinturas para iglesias eran consideradas meras artesanas, nunca verdaderas artistas. Esta negación del reconocimiento cultural servía para mantenerlas en posiciones sociales inferiores, aunque su trabajo fuera tan valioso como el de los creadores blancos. El cómic brasileño reprodujo esa exclusión durante mucho tiempo, pero hoy se ha convertido en herramienta de reparación histórica, un espacio donde los creadores negros e indígenas recuperan la voz que les fue arrebatada.

En África, el cómic emerge con fuerza desde varios países. En la República Democrática del Congo, el colectivo Kin Label publica desde hace años la revista Kin Label Magazine, donde 25 autores congoleses crean historietas realistas con humor, transfondo social y afán didáctico. Desde Kenia, el ilustrador Eric Muthoga ha dibujado cómics sobre figuras históricas como Wangari Maathai, la activista ecologista y Premio Nobel de la Paz, en un proyecto de la UNESCO titulado «Mujeres en la historia de África». En Mozambique, Laércio George Mabota creó Princess Wella, una «superwoman» negra que desafía los cánones occidentales del superheroísmo. Desde Camerún hasta el continente, un proyecto iniciado en 1920 por Ibrahim Njoya, considerado el primer autor de cómics de África, sentó las bases de una tradición que hoy florece en festivales de Kinshasa, Lagos y Yaundé.

En América Latina, la representación afrodescendiente en el cómic sigue siendo limitada, aunque están surgiendo proyectos prometedores. En Colombia, aunque existe una rica tradición literaria afrodescendiente con autores como Manuel Zapata Olivella (cuya novela épica Changó, el gran putas es fundamental), el cómic afro ha sido históricamente marginal. Sin embargo, hay señales de cambio: en 2018 se publicó Crónicas de la Resiliencia, una novela gráfica del Instituto Humboldt que, aunque centrada en temas ambientales y de ciencia ficción, presenta protagonistas afrodescendientes como líderes científicos —Ceiba Stelis y Otus Marko— que trabajan para salvar el planeta, desafiando los estereotipos racistas y ofreciendo representaciones positivas. Además, ilustradores afrocolombianos como Frank Zárate han colaborado en proyectos internacionales como Los Nadie (2024), una novela gráfica sobre migración africana hacia Europa.

En Brasil, el panorama es más alentador. El investigador Leonardo Rodrigues señala que el país atraviesa un momento histórico donde artistas afrodescendientes e indígenas están ocupando espacios antes negados. Rodrigues explica que en la época del barroco brasileño, los artistas negros eran considerados artesanos, no verdaderos creadores, un estigma que el cómic contemporáneo busca reparar. Un ejemplo clave es Zagaia (2022), una colección de historietas afro-amazónicas —el nombre significa «lanza africana»— creada por diez artistas afrodescendientes e indígenas, organizada por el artista Elton Galdino. Esta obra circula ahora en bibliotecas y escuelas públicas, constituyendo una herramienta educativa antirracista.

En México, la historia es compleja y contradictoria. Memín Pinguín, creado por Yolanda Vargas Dulché en 1943, fue durante décadas el cómic mexicano más popular, protagonizado por un niño afromexicano. Sin embargo, la obra ha sido ampliamente criticada por el historiador Federico Navarrete y otros académicos como «humor racista» que ridiculiza rasgos físicos y perpetúa estereotipos del «negro simpático pero flojo». Actualmente, México carece de una tradición de cómic afrodescendiente creado por autores negros que contrarreste estas representaciones problemáticas. Las portadas hablan por si solas:

En Perú, la investigadora Lucía Charún-Illescas escribió la novela Malambo sobre un hombre esclavizado y griot, aunque no en formato de cómic. El cómic peruano contemporáneo ha crecido, pero la narrativa gráfica afrodescendiente sigue siendo escasa. Algo similar ocurre en Ecuador, donde si bien existe un movimiento de cómic independiente representado por figuras como Power Paola (Paola Gaviria), las temáticas afrodescendientes quedan pendientes. Power Paola, aunque colombo-ecuatoriana y una de las voces más importantes del cómic latinoamericano contemporáneo, centra su obra autobiográfica en temas de género, familia y migración, sin abordar específicamente la negritud.

La conciencia sobre la diáspora africana en estos países está creciendo, y con ella la necesidad de narrativas visuales que reflejen realidades históricamente invisibilizadas. Proyectos como Zagaia y Crónicas de la Resiliencia marcan el camino, demostrando que el cómic afrodescendiente latinoamericano puede ser tanto herramienta de reparación histórica como espacio de creación de futuros posibles.

La pedagogía del cómic en el aprendizaje visual

El cómic afrodescendiente educa de formas que otros medios no pueden. La combinación de imagen y texto permite transmitir conceptos complejos de manera accesible. Las viñetas enseñan sobre colonialismo mostrando la resistencia de Nzinga, reina de Ndongo y Matamba, quien luchó contra Portugal. Explican el racismo estructural a través de las aventuras de personajes que enfrentan discriminación cotidiana. Presentan el afrofuturismo como posibilidad de imaginar futuros donde las personas negras prosperan.

Los niños que leen estos cómics aprenden que pueden ser científicos como Shuri, guerreros como Okoye, o genios como Lunella Lafayette. Aprenden que sus ancestros no fueron solo esclavizados, sino reyes, guerreros, sacerdotisas y científicos. Aprenden que la magia y la tecnología pueden coexistir, que África no es sinónimo de pobreza, que la negritud es diversa y poderosa.

Mientras, los adultos que leen estos cómics desaprenden los estereotipos que interiorizaron. Descubren que las narrativas negras son tan variadas como las blancas, que los superhéroes pueden venir de Wakanda o de Lagos, que la justicia social puede contarse con acción y fantasía.


A pesar de los avances, el cómic afrodescendiente enfrenta desafíos. La industria sigue siendo mayoritariamente blanca en los puestos de poder. Las editoriales grandes como Marvel y DC tienen derecho de veto sobre contenidos, lo que limita la libertad creativa. Milestone Comics cerró en parte porque los distribuidores y lectores percibían sus títulos como «cómics para negros», asumiendo que no interesarían a audiencias no afroamericanas.

La representación también debe evitar caer en nuevos estereotipos. Crear personajes negros complejos, con defectos, virtudes y contradicciones, es fundamental. El afrofuturismo debe cuidar de no convertirse en escapismo que ignora las realidades materiales de las comunidades negras.

El futuro del cómic negro pasa por la autonomía creativa. Más editoriales independientes dirigidas por personas negras, más distribución en escuelas y bibliotecas, más traducciones a otros idiomas. Pasa también por la interseccionalidad con narrativas que incorporen clase, género, sexualidad y discapacidad.

El cómic negro contemporáneo ha conquistado su propio territorio. Crea sus propias editoriales, sus propios universos, sus propias reglas. Desde Wakanda hasta las favelas de Brasil, desde Nigeria hasta Harlem, las viñetas se han convertido en territorios liberados donde la imaginación negra escribe el futuro que merece. Y en cada página, en cada dibujo, en cada bocadillo de diálogo, hay una lección sobre cómo la representación importa, la historia puede reescribirse, y los superhéroes pueden ser negros.

Redacción Afroféminas


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