El cierre del Estrecho de Ormuz beneficia a Rusia

 

Desde el comienzo de la Guerra de Irán, uno de los objetivos de Estados Unidos fue acercar el portaaviónes Abraham Lincoln, junto a el grupo naval que lo acompaña, a la parte suroeste del Estrecho de Ormuz, entre otras cosas, para evitar que Irán pudiera cerrarlo. Es uno de sus grandes fracasos.

El ejército iraní no sólo tiene como objetivo mantener el bloqueo del Estrecho de Ormuz, sino también destruir los yacimientos de petróleo y gas, así como las refinerías.

Seis petroleros ya han sido alcanzados por los misiles iraníes e incendiados. Las cisternas cargadas de petróleo y gas natural licuado se están acumulando cerca del Estrecho de Gibraltar, reticentes a cruzarlo.

La interrupción del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz beneficia a Rusia, cuyas exportaciones energéticas se han convertido en una alternativa segura para los mercados asiáticos.

La decisión de la OPEP el domingo de aumentar la producción mundial de petróleo en 206.000 barriles diarios podría haber contribuido a suavizar la subida de precios. Pero el problema de aumentar la producción es sacarla del Golfo, si el bloqueo persiste. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha indicado en su boletín preliminar que las alternativas logísticas terrestres son insuficientes para compensar el cierre del Estrecho.

A diferencia del petróleo de Arabia Saudí, Irak o Kuwait, el crudo ruso no transita por el Estrecho de Ormuz para llegar a sus principales clientes. La parálisis en Oriente Medio posiciona de facto al petróleo ruso como la fuente de suministro más fiable a corto plazo. Esta situación provoca un aumento mecánico del precio del barril de petróleo de Ural, lo que impulsa los ingresos del presupuesto ruso.

En los mercados bursátiles aumenta significativamente la cotización de los gigantes petroleros rusos: Rosneft sube un 2,17 por cien y Novatek un 0,69 por cien, en contraste con la caída de los índices occidentales.

China, el mayor importador de petróleo del mundo y principal cliente de Irán, se ve obligada a reorganizar sus suministros para evitar la escasez. Pekín está recurriendo masivamente a Moscú para asegurar los volúmenes necesarios de energía, lo que refuerza la dependencia de China de Rusia.

Los petroleros rusos están aumentando su velocidad hacia los puertos chinos. Esta situación está generando una mayor presión financiera sobre las economías occidentales al elevar la inflación, a la vez que proporciona un impulso positivo a las finanzas públicas rusas.

El impacto en los precios mundiales del petróleo y el gas fue inmediato. Actualmente, el crudo Brent supera los 78 dólares, cinco dólares más que antes de los ataques contra Irán. Pero el efecto más drástico se ha producido en los mercados del gas. El precio de los contratos de futuros de gas natural en Europa subió ayer hasta los 44 euros por megavatio-hora, frente a los 32 euros del viernes, antes de los ataques contra Irán. Se espera que Europa y Asia, las dos principales regiones importadoras de gas licuado, sean las primeras afectadas.

La subida se aceleró cuando QatarEnergy anunció la detención de la producción de gas licuado en su planta de Ras Laffan tras un ataque iraní. Los precios de los contratos de futuros del gas en Europa subieron a casi 40 euros por megavatio-hora debido al cierre del Estrecho de Ormuz.

Qatar produce unos 100.000 millones de metros cúbicos al año. En comparación, la Unión Europea importó unos 140.000 millones de metros cúbicos de gas licuado el año pasado. No es una producción fácil de reemplazar. El impacto es aún más grave porque se trata de una crisis por partida doble, que afecta tanto al petróleo como al gas.

A pesar de la guerra, los precios del gas en el mercado europeo se mantienen muy por debajo de los niveles alcanzados en 2022, tras el inicio de la Guerra de Ucrania. Entonces los precios del gas superaron los 300 euros por megavatio-hora, con consecuencias desastrosas para la industria europea.

El aumento limitado parece indicar que los mercados financieros no creen en la hipótesis de un bloqueo sostenido del Estrecho de Ormuz ni en la destrucción total de la infraestructura energética de la región.

Si el Estrecho de Ormuz permaneciera bloqueado o si la infraestructura energética de la región fuera destruida, las consecuencias para la economía mundial podrían ser desastrosas. Si los 100.000 millones de metros cúbicos de gas licuado no estuvieran disponibles durante meses, o incluso años, el impacto en el mercado mundial de gas licuado sería enorme.

Países como Japón, Corea del Sur y Taiwán dependen del gas licuado para casi la totalidad de su consumo de gas. Un tercio de las importaciones de Taiwán provienen de la región. Pakistán tiene cierta producción nacional, pero prácticamente la totalidad de sus importaciones provienen de allí. De igual manera, India es el cuarto mayor importador mundial de gas licuado. El gas natural aporta el 6 por cien de su producción eléctrica.

Al comienzo de la Guerra de Ucrania, la demanda europea privó de gas a países como Bangladesh, Pakistán y Vietnam. En Europa hay hoy el mismo nivel de almacenamiento de gas que en 2022.