
En las páginas de opinión de los grandes periódicos y revistas, en los comentarios y análisis en los infinitos sitios cibernéticos, “expertos”, analistas, comentaristas, columnistas y más se esfuerzan para darle nombre a lo que sucede aquí. Unos creen que hay un plan maquiavélico supersofisticado, otros que por algún truco de los dioses malévolos apareció un animal político muy hábil, pero a la vez un narcisista mediocre que no tiene ni idea de lo que se le va a antojar hacer mañana. Otros comentan que son síntomas del fin de un imperio.
Fuera de este país, gobiernos, medios, tanques pensantes y universidades prenden alarmas de que el inquilino de la Casa Blanca está incendiando algo que llaman “el orden internacional basado en reglas”, pero por ahora aún no llegan los bomberos. ¿A poco Washington obedecía las reglas, o sea el derecho internacional, antes de la llegada de este gobierno?
Dentro del país, opositores señalan la presencia de una policía secreta, persecución política de críticos y disidentes, desapariciones, falta de proceso debido, persecución de minorías y más, todo lo cual, dicen, son rasgos de regímenes autoritarios. ¿Eso es nuevo?
Que dentro del país haya violaciones de derechos humanos, libertades civiles y más no es noticia para los pueblos indígenas, los afroestadunidenses, latinos y asiáticos (sobrevivientes e historiadores de la detención masiva de japoneses-estadunidenses en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial recuerdan su experiencia al advertir sobre las tácticas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas –ICE, por sus siglas en inglés– contra inmigrantes hoy día), como tampoco es algo nuevo la represión contra opositores y disidentes, periodistas, académicos y artistas, todo está más que documentado en diferentes etapas de la historia de este país.
Pero sí es nuevo que sea tan explícito y brutal. La imagen de Liam Ramos, un niño de 5 años en Mineápolis con una gorra de conejo y una mochila de Spiderman, llegando a su casa de la escuela y de repente custodiado por un agente de ICE, usado como anzuelo para que otros de su familia salgan, y finalmente enviado a un centro de detención con su padre la semana pasada, es inaguantable. Efectivos federales han asesinado a dos opositores desarmados –ciudadanos blancos– en Mineápolis en las pasadas tres semanas. Se remueven exhibiciones en museos y monumentos públicos para ocultar la historia de la esclavitud en Estados Unidos; el gobierno ha intervenido directamente en universidades públicas y privadas para obligarlas a modificar sus cursos y hasta expulsar a académicos. Sí es novedoso que un presidente diga que “a veces se necesita a un dictador”. Y que mencione que el hemisferio “es nuestro” y que el petróleo venezolano también. Tal vez mandatarios anteriores lo pensaban, pero no lo decían.
¿Marca el fin de algo o sólo la continuación híperespantosa de lo que siempre estaba, pero semioculto con disfraces y retórica bien ensayada? ¿O ya empezó algo nuevo sin precedente que dañará y, tal vez, destruirá el tejido de este país porque ya los dejaron pasar?
Pero tal vez marca también el principio de otra cosa, no de arriba, sino desde abajo, donde la ira contra más de lo peor empieza a volverse en un ¡ya basta! Eso tampoco sería novedoso, pero sí bienvenido por el mundo entero. Y con ello se sabrá donde estamos.
Crosby, Stills & Nash & friends. For what its worth. https://www.youtube.com/watch?v=MthuLxs-gJI&list=RDMthuLxs-gJI&start_radio=1