Cuba y España: dos caminos divergentes desde 1959

MPR21                                                                                                                                    Juan Manuel Olarrieta                                                                                                       23/03/26

 

Es un tópico comparar a unos países con otros, y basta elegir cuidadosamente el contraste para demostrar una cosa y la contraria. Por ejemplo, la situación económica de Cuba se compara con la de España, para demostrar al “atraso” de uno y el “progreso“ del otro.

Embobados, los turistas ratifican esa comparación con un paseo superficial por las calles de La Habana. Pero si compararan a Cuba con un país cercano, como Haití por ejemplo, la diferencia no parecería tan evidente.

La conclusión es siempre que el socialismo no mejora la suerte de la población, sino que es sinónimo de pobreza.

La revolución cubana triunfó en 1959, el mismo año en el que en España el franquismo ponía en marcha el Plan de Estabilización, que comenzó los años de lo que antes se llamaba el “milagro económico”.

El “milagro” franquista procedió del exterior y, sobre todo, de tres pilares básicos: las entradas de capital extranjero, el turismo y las remesas de millones de trabajadores emigrantes.

A partir de 1959 las historias respectivas de Cuba y España son divergentes: al mismo tiempo que Estados Unidos abría las fronteras de España, cerraba las de Cuba con uno de los bloqueos económicos más prolongados que ha conocido la histroria.

Ahora cabe imaginar una historia hipotética para concluir que, si Estados Unidos hubiera impuesto a España un bloqueo como el que ha impuesto a Cuba, no hubiera habido “milagro económico” y España sería lo más parecido a Haití que cabe imaginar.

Los imperialistas reciben con los brazos abiertos a los países sumisos y dan portazos a los demás, a los que luego califican de “herméticos”, como a Corea del Norte. Luego los charlatanes quieren dar la impresión de que los norcoreanos son “herméticos” por voluntad propia. Nadie les bloquea; ellos mismos se cierran las puertas.

El caso de Cuba demuestra que no es así. Si La Habana claudica alguna vez, ya sabe el futuro que le espera: otro “milagro económico” como el español. La Isla será lo más parecido a Las Vegas, un parque temático del ocio y la podredumbre para que los magnates estadounidenses pasen unas vacaciones divertidas en un lugar exótico.