El martirio de los colegas periodistas Abdel Raouf Shaath, Anas Ghanim y Mohammed Qashta no puede tratarse como una tragedia individual ni como una excepción pasajera. Estos crímenes forman parte de un patrón recurrente de persecución sistemática contra los medios palestinos, en el que el periodista es castigado por cumplir con su deber profesional, y no por desempeñar ningún papel combativo o militar. No portaban armas, sino cámaras y micrófonos, y eligieron ser testigos, no silenciosos, pagando con sus vidas el precio de la verdad.
Atacar a periodistas constituye una grave violación del derecho internacional humanitario y una clara transgresión de los Convenios de Ginebra, que garantizan la protección de los profesionales de la prensa durante los conflictos armados. Sin embargo, la peligrosidad de estos crímenes no se limita a su dimensión legal, sino que se extiende a las dimensiones ética y política; es una expresión de un profundo temor a la verdad y un reconocimiento implícito de que la palabra y la imagen se han vuelto más poderosas que cualquier arma en el campo de batalla.
El silencio internacional, o la mera emisión de comunicados de preocupación, ya no es una postura neutral, sino que se ha convertido en una forma de complicidad. Cuando un periodista es asesinado y el responsable no rinde cuentas, el crimen se convierte en un precedente, y el ataque a los medios pasa a ser una herramienta legitimada en los conflictos futuros, amenazando la libertad de prensa en todas partes.
Defender a los periodistas en Gaza no es una causa profesional que concierna únicamente a los periodistas, sino una defensa del derecho humano a la información y de la libertad de prensa como pilar fundamental de cualquier sistema internacional que afirme respetar los derechos humanos y el Estado de derecho. Porque cuando la verdad es aplastada en Gaza, este derecho universal se ve socavado en todo el mundo.
En Gaza, la verdad es bombardeada, pero no enterrada.
Cada periodista asesinado deja tras de sí un testimonio vivo, una voz más alta, una memoria imposible de borrar y una condena que permanecerá, por largo que sea el tiempo.
Traducción: Daily Baja
Wissam Zoghbour es periodista, miembro del Secretariado General del Sindicato de Periodistas Palestinos y director de Radio Voz de la Patria.