Cuando puedes casarte, trabajar, pagar impuestos… pero no votar

Fuente: Iniciativa Debate/Iniciativa Debate/ lena Montero/ Francisco Sánchez, miembros de la Red EQUO Joven                              

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Si nos preguntasen, a botepronto, cómo definir a las generaciones más jóvenes apodadas “millennials”, “generación Z”, “Y” o cualquier mote posmoderno que se nos ocurra, lo más seguro es que a la mayoría nos broten palabras como individualistas, impacientes, sobreprotegidos… y todo el día pegados a su smartphone.

Pero, contradictoriamente, resulta que la clase política se empeña en que la juventud, tomemos decisiones cada vez antes. ¿Ciencias o letras?, ¿Bachiller o Formación Profesional?, ¿estudiar o trabajar? Con sólo 14 años nos podemos ver abocadas a la vía única y maltratada de la Formación Profesional, o si no, con 15 tendremos que elegir ya la rama de conocimiento que marcará las decisiones que tomemos en el futuro académico, por no seguir con que a los 16 nos cerramos las puertas de ciertas áreas de conocimiento que, en muchos casos, no se volverán a tocar.

Además, a esa misma edad, se nos da permiso para casarnos, trabajar, formar una familia y pagar impuestos. Si trabajamos, ¿por qué no podemos decidir las leyes que regulan el empleo?, si estudiamos, ¿por qué no podemos decidir las leyes de educación?, si podemos tener relaciones sexuales, ¿por qué no podemos decidir sobre nuestros cuerpos?

Nos encontramos en un momento crucial socialmente, en el que nosotros y nosotras, las hijas e hijos, no volveremos a vivir mejor que nuestros padres y madres, porque muchas de las leyes que se aprueban ahora condicionan nuestro futuro. ¿Quiénes deciden las leyes que nos afectan? En general, una clase política con otras preocupaciones y que hace mucho dejaron de ser adolescentes, empeñada en que la juventud, – la que según ellos no es capaz de levantar la vista de la pantalla-, tomemos decisiones  “irrevocables” e igual de importantes como la del voto. Entonces ¿Cómo es posible que hasta los 18 se nos aparte de la vida política?

Estamos cansadas y ansiosas por romper el romance entre “juventud” y “precariedad” y sólo podemos hacerlo implicándonos, incluyéndonos, educándonos y dejándonos participar en un espacio que es nuestro por derecho.

Móvil en mano, la que somos la generación “más preparada de la historia” cambiamos realidades a golpe de vídeos y publicaciones virales, de campañas de firmas impulsadas por una  “youtuber” o un “influencer”. Nuestra realidad es diferente a la de nuestras mayores; pero que nuestra forma de desenvolvernos no os confunda, aprendemos de lo que nos gusta, nos ilusionamos, lloramos y tenemos pensamiento crítico. La brecha intergeneracional que nos han traído las nuevas tecnologías, no sirve como excusa para ser acusados de “egocéntricas”, “inmaduros” o “irresponsables”. No sirve como excusa para nuestro aislamiento político.

Queremos participar, y queremos hacerlo bien. Sabemos que apostar por los 16 para votar por primera vez es una propuesta que asusta y que implica esfuerzo, y consensos. Y sabemos que todo ello provoca desconfianza y, para que engañarnos, pereza. Sin embargo, no seríamos las primeras: tenemos el ejemplo de Europa, – cuyos ejemplos usamos solo cuando nos interesa-, donde otras naciones como Austria o Chipre ya han dado el paso, en Alemania y Estonia se permite el voto a los 16 en algunos comicios locales, y el Consejo de Europa adoptó una resolución en 2011 a favor del voto a los 16 para reducir “la creciente marginación” política de los jóvenes. En EQUO, también decidimos tomar la decisión desde nuestra fundación en 2011.

Sabemos que saldrán voces en contra, como cuando nos atrevimos a impulsar el peligroso voto de las “incultas, analfabetas, religiosas, retrógradas” mujeres, pero, como entonces, es necesario hacer de nuestra sociedad un espacio inclusivo en el que todas y todos contemos, aportemos y ganemos en calidad democrática.

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