Se cumplen 50 años desde que la japonesa Junko Tabei se convirtió en la primera mujer en alcanzar la cumbre de la montaña más alta del planeta tras superar los prejuicios machistas imperantes en la época
Ricardo Uribarri 29/01/2026

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Es probable que el nombre de Junko Tabei no les diga absolutamente nada. Y no debería ser así. Tabei se convirtió hace 50 años en la primera mujer que logró alcanzar la cima del Everest, motivo suficiente para que su figura fuera mucho más reconocida. Como muchas otras pioneras, su hazaña tuvo el valor añadido de haber tenido lugar en una sociedad muy conservadora que no aprobaba su actividad. Tabei tuvo que romper estereotipos de género, superar obstáculos y pagar un precio por perseguir su sueño. Rescatarla del olvido y dar a conocer su trayectoria es el objetivo del documental que se acaba de estrenar sobre su figura.
La cinta, dirigida por Isabel Díaz Novo y presentada en el Festival Internacional de Cine de Montaña Mendi Film Bilbao Bizkaia, se titula Lady Everest, el apodo que se ganó la alpinista japonesa tras hacer cumbre en la montaña más alta del planeta. Su objetivo es rendirle homenaje y poner en valor su trayectoria, que a nivel mediático ha recibido mucha menor atención que la de los grandes alpinistas masculinos. Un repaso a su vida nos hace entender cómo su carácter y perseverancia la llevó a cotas, nunca mejor dicho, que en aquel momento parecían vedadas para las mujeres.
Tabei nació en 1939 en Miharu, en la prefectura de Fukushima, y fue la quinta de siete hermanos. De complexión pequeña, pues apenas medía 1,52, su primer contacto con la montaña tuvo lugar a los 10 años, cuando fue de excursión con el colegio al complejo de volcanes denominado Monte Nasu. De aquella época infantil recuerda que “era una niña que trepaba árboles mientras que las demás aprendían a bordar”. Tanto se aficionó a la escalada que mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Showa se unió a un club de alpinismo. Sin embargo, la actitud de sus compañeros hombres, que impedían a las mujeres liderar un grupo, abrir vías o, directamente, rechazaban escalar con ella, la llevó en 1969 a crear el primer club de montaña japonés exclusivamente femenino, el Ladies Climbing Club, que desde el principio se impuso como lema: ‘¡Vayamos solas a una expedición al extranjero!’.
Su primera expedición integrada únicamente por mujeres fuera del Japón fue en 1970 en Nepal, para escalar el Annapurna III, donde Junko y otra compañera hicieron cima en medio de un ambiente enrarecido en el grupo por la decisión de la jefa del grupo, Eiko Miyazaki, de que fueran solo ellas dos las que siguieran hasta el final al considerar que el resto de las compañeras no estaban en condiciones de llegar. Aquella ascensión las convirtió en las primeras mujeres en coronar ese pico.
Cuando Tabei hizo aquel viaje ya llevaba casada cinco años con Masanobu Tabei, también escalador, al que había conocido en una expedición. Él perdió varios dedos de los pies en una ascensión al Cervino y dejó el alpinismo para apoyar a su mujer en sus metas. Por eso ella no tuvo dudas para afrontar su siguiente gran reto: ascender el Everest. Tras el éxito de su primera aventura, se centró en ello, aunque le costó varios años de preparación. Pidió el permiso a Nepal, que en aquellos momentos solo concedía uno por país y año.
Al buscar financiación se encontró con la negativa de multitud de empresarios, que le decían que su lugar era estar en casa cuidando de su marido y de su hija
Cuando se puso a buscar financiación se encontró con la negativa de multitud de empresarios, que le decían que su lugar era estar en casa cuidando de su marido y de su hija, Noriko, nacida en 1972. Una de las frases que más escuchó era que las mujeres tenían que criar hijos, no escalar montañas. Incluso le preguntaban si sería capaz de cargar con su propio equipo. Al mismo tiempo tenía que escuchar como alpinistas hombres afirmaban que era imposible ir al Everest con una expedición únicamente femenina. Finalmente consiguió reunir el presupuesto necesario gracias a que una cadena de televisión y un periódico aceptaron la propuesta a cambio de que la acompañaran dos periodistas de cada medio.
La ONU había declarado 1975 como el primer Año Internacional de la Mujer y, puede que gracias a eso, Nepal concedió por fin el permiso solicitado por el club. Como tampoco les sobraba el dinero, a pesar de que cada una aportó también el equivalente a un sueldo anual de la época, unos 5.000 dólares, siguieron el consejo del marido de Tabei, que trabajaba en la Honda y acudieron a desguaces a conseguir fundas de asientos de coches porque eran impermeables. Además, solo tenían oxígeno para utilizar a partir de los 7.600 metros.
Una vez en Nepal y mientras estaban en el campamento 2, a 6.300 metros de altura, una avalancha sepultó a varias de las expedicionarias mientras dormían. Tabei fue desenterrada por un sherpa tras estar seis minutos bajo la nieve. El jefe de la expedición y el médico que estaba en el campo base les pidieron que descendieran y que pusieran fin a la expedición, una opción que también apoyaban los periodistas que acompañaban al grupo, que no se vieron afectados al tener su tienda en otra zona. Cuando Tabei se enteró, se enfadó con ellos y dijo que seguían adelante, que no habían sufrido ninguna herida de consideración, solo magulladuras, y que con unas jornadas de descanso se restablecerían.
El 16 de mayo de 1975, al mediodía, hizo cumbre. Reconoció que su principal sentimiento en ese momento fue “alivio”
Dicho y hecho, apenas 12 días después, el 16 de mayo de 1975, Junko emprendió el ataque a la cumbre por la misma ruta que en 1953 siguieron el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay para convertirse en las primeras personas en coronar el Everest. La idea inicial era ir acompañada por otra alpinista, Yuriko Watanabe, pero varios sherpas sufrieron mal de altura y tenían que darse la vuelta, por lo que no habría suficiente oxígeno para Junko, Yuriko y el sherpa Ang Tsering, y finalmente la jefa de expedición decidió que Tabei siguiera la escalada. A las 12:30 culminó su objetivo de llegar a lo más alto del Everest junto a Tsering. Posteriormente declaró que la cima le pareció “un tatami de nieve”, y reconoció que su principal sentimiento en ese momento fue “alivio”. A más de 5.100 kilómetros de distancia se encontraba su marido, que durante todo ese tiempo sufrió las burlas de sus compañeros de trabajo por quedarse en casa cuidando a su familia mientras su mujer se iba al extranjero a escalar una montaña. Lo mismo le pasó a su hija en la escuela.
La percepción sobre la alpinista cambió a su vuelta a Japón, donde fue recibida por el emperador y le rindieron tantos homenajes por todo el país que no pudo volver a su casa hasta dos meses después. Su hazaña le valió que el gobierno de Nepal le condecorara con la medalla de honor del país. El ejemplo de Tabei fue seguido rápidamente por otras mujeres. Durante 1975 varias lograron coronar algunas de las montañas más altas del planeta. Tabei prosiguió con su actividad y, tras ser madre de su segundo hijo, Shinja, se propuso nuevos retos, como ser la primera mujer en escalar las montañas más altas de cada continente, una meta que terminó de lograr en 1992. Tres años después se convirtió en la primera escaladora en recibir el premio Leopardo de las Nieves, por hacer cumbre en todos los picos de más de siete mil metros de la Unión Soviética. En su carrera figuran como coronadas las cumbres más altas de 76 países. Esa fue su manera de contestar a los que cuando era joven le dijeron que no era apropiado escalar. “Respondí con pasos. Uno a uno. Hasta llegar a lo más alto”.
Otro de los aspectos relevantes en la trayectoria de la escaladora fue su lucha por conservar los entornos de montaña, lo que la llevó a dirigir la Himalayan Adventure Trust, una organización que persigue ese fin a nivel mundial, y ofrece charlas y conferencias en distintos países para transmitir la necesidad de cuidar el medio ambiente. En el año 2000, a los 61 años, no dudó en volver a la universidad para estudiar un posgrado en Ciencias Ambientales centrado en el problema de la basura en el Himalaya. En señal de agradecimiento por haber sido la persona que la descubrió la montaña por primera vez en aquella excursión colegial, Tabei llevó en uno de sus viajes al Himalaya a la profesora que organizó esa actividad para que contemplara el Everest desde la base.
En 2012, la alpinista fue diagnosticada con un cáncer peritoneal, por el que falleció en octubre de 2016. En su honor, un asteroide y una cadena montañosa descubierta en Plutón llevan su nombre. Reconocimientos otorgados a una pionera para la que su mayor orgullo “no fue plantar una bandera. Fue demostrar que ninguna cima está reservada a un solo género. Que las mujeres también pueden mirar al mundo desde arriba… y sonreír”.
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Ricardo Uribarri
Periodista. Empezó a cubrir la información del Atleti hace más de 20 años y ha pasado por medios como Claro, Radio 16, Época, Vía Digital, Marca y Bez. Actualmente colabora con XL Semanal y se quita el mono de micrófono en Onda Madrid.

