Robert Kibet 10/02/26

La larga marcha por el agua: niños, niñas y adolescentes de Marsabit, un condado del norte de Kenia, recorren terrenos abrasadores con pesados bidones, mientras la sequía se lleva el ganado y pone en peligro su supervivencia. Imagen: Charles Kariuki / IPS
Cuando sus compañeros de clase abren sus cuadernos, Amina ya arrastra un un bidón amarillento que en vertical casi le llega a la cintura y es un recipiente que se ha convertido en un símbolo de la escasez de agua en extensas zonas rurales y también urbanas del norte de Kenia.
Su madre, Fatuma Adan, dice que ya no se trata de elegir entre la educación y las tareas domésticas, sino entre el agua y la supervivencia.
«Cuando no hay agua, no hay comida y no hay colegio», explica Fatuma, «los niños deben ayudar; si no, no podemos pasar el día».
La historia de Amina refleja una crisis cada vez mayor en las tierras áridas y semiáridas (Asal, en inglés) de Kenia, donde la prolongada sequía está revirtiendo los logros conseguidos con tanto esfuerzo en materia de reducción de la pobreza, seguridad alimentaria, salud y educación, pilares fundamentales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Una sequía que lleva a los sistemas más allá de sus límites
Según la Autoridad Nacional de Gestión de la Sequía de Kenia, Mandera sigue en fase de alarma, tras repetidas ausencias de lluvias que hicieron que las lluvias cortas de octubre a diciembre de 2025 solo alcanzaran entre 30 % y 60 % de la media a largo plazo.
Los abrevaderos para el ganado se han secado, los pastos se han agotado y los hogares que dependen del pastoreo están perdiendo rápidamente su principal fuente de alimentos e ingresos.
Las evaluaciones nacionales de seguridad alimentaria y nutricional muestran que más de 2,15 millones de personas en los condados Asal de Kenia necesitan actualmente asistencia humanitaria urgente, mientras que más de 800 000 niños de entre seis y 59 meses requieren tratamiento por desnutrición aguda.
Los funcionarios de salud del condado de Mandera informan de un aumento de las admisiones en los programas terapéuticos ambulatorio, ya que las familias agotan sus reservas de alimentos y la producción de leche del ganado disminuye.
La crisis no se limita a Kenia. En todo el Cuerno de África, en la zona oriental del continente, las Naciones Unidas estiman que casi 24 millones de personas en Kenia, Somalia y Etiopía se enfrentan a una grave inseguridad hídrica, tras años de sequías recurrentes y crisis climáticas.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advierte de que 2,7 millones de niños de toda la región ya han abandonado la escuela debido a los desplazamientos relacionados con la sequía, y otros cuatro millones corren el riesgo de hacerlo si las condiciones persisten.
«Estas crisis climáticas ya no son emergencias puntuales», afirma un funcionario de educación del condado de Mandera. «Son estructurales y están determinando cómo —o si— los niños crecen, aprenden y prosperan», agrega.
Educación interrumpida, futuros retrasados
En Mandera Norte, las escuelas se encuentran en primera línea de la crisis. Los profesores describen cómo las aulas se van vaciando a medida que las familias emigran en busca de pastos y agua, llevándose a los niños con ellas. Otros se quedan atrás, pero les cuesta concentrarse debido al hambre y el agotamiento.
Abdikadir Adan Alio, funcionario de educación del condado, afirma que la asistencia a algunas escuelas afectadas por la sequía ha disminuido drásticamente, y que las niñas se ven afectadas de manera desproporcionada, ya que son ellas las que se encargan en primer lugar de la recogida de agua y la ayuda en las tareas domésticas.
Para los expertos en desarrollo, las implicaciones van más allá de la pérdida de aprendizaje a corto plazo.
La interrupción de la educación debilita el capital humano, socava la productividad económica a largo plazo y reduce la capacidad de las comunidades para adaptarse a futuras crisis climáticas, lo que supone un revés directo para el ODS 4 (Educación de calidad) y el ODS 1 (Fin de la pobreza).
«Si los niños faltan a la escuela año tras año, el daño se convierte en generacional», advierte Ali Abdi, especialista en educación humanitaria que trabaja en el norte de Kenia.
Salud y nutrición bajo presión
Los trabajadores sanitarios afirman que la sequía está acelerando un peligroso ciclo de hambre, enfermedades y vulnerabilidad entre los niños. La escasez de agua afecta a la higiene, lo que aumenta el riesgo de enfermedades diarreicas que debilitan aún más a los niños desnutridos.
En las clínicas móviles que operan en zonas remotas de Mandera, los equipos sanitarios examinan a los niños para detectar casos de desnutrición, les proporcionan alimentos terapéuticos y derivan los casos graves a centros de estabilización. Muchos de estos servicios se prestan gracias a la colaboración entre los gobiernos de los condados y las agencias humanitarias.
«La detección temprana está salvando vidas», afirma un responsable de nutrición que participa en programas de divulgación. «Pero el número de casos sigue aumentando y las distancias que recorren las familias son cada vez mayores», añade.
Estas presiones amenazan directamente el ODS 3 (Salud y bienestar) y el ODS 2 (Hambre cero), objetivos que habían mostrado un progreso gradual antes de que se intensificaran los fenómenos climáticos extremos.
Más peligros en la protección al fallar los mecanismos de respuesta
A medida que la sequía erosiona los medios de vida, las familias se ven obligadas a adoptar estrategias de respuesta negativas. Las agencias humanitarias informan de un aumento de los riesgos de trabajo infantil, matrimonios precoces y violencia de género, especialmente en los asentamientos remotos, donde las redes de seguridad social son más débiles.
Las niñas son especialmente vulnerables. Cuando los recursos escasean, la educación suele ser lo primero que se recorta.
«La sequía no solo se lleva la comida y el agua», afirma un líder comunitario de Mandera. «Se lleva la seguridad y la dignidad de los niños», lamenta.
Lo que funciona: soluciones integradas y centradas en los niños
A pesar de la magnitud de la crisis, los datos de Mandera y otros condados Asal muestran que las respuestas integradas pueden proteger a los niños de los peores efectos y salvaguardar los avances en los ODS, también el ODS 6 (Agua limpia y saneamiento)
Las clínicas móviles de salud y nutrición, apoyadas por los gobiernos de los condados y organizaciones como Unicef y la organización internacional Save the Children, están llegando a familias nómadas y desplazadas que, de otro modo, quedarían fuera del sistema sanitario.
Estas clínicas combinan servicios de detección nutricional, inmunización y salud materna, lo que reduce la necesidad de realizar largos desplazamientos hasta instalaciones fijas.
Los programas de transferencia de efectivo, implementados por agencias gubernamentales con el apoyo de socios como World Vision, permiten a los hogares dar prioridad a los alimentos, el agua y la atención sanitaria según sus necesidades más urgentes.
Los estudios demuestran que la ayuda en efectivo puede reducir significativamente las estrategias de supervivencia negativas y ayudar a que los niños sigan asistiendo a la escuela durante las crisis.
Mientras tanto, las inversiones en transporte de agua, rehabilitación de pozos y infraestructuras hídricas resistentes al clima están estabilizando el acceso en las zonas más afectadas por la sequía.
Aunque son costosas, los expertos sostienen que estas intervenciones son esenciales para salvaguardar el ODS 6, el del agua limpia y saneamiento, y prevenir emergencias humanitarias repetidas.
Los enfoques comunitarios también están demostrando su eficacia. Voluntarios capacitados realizan exámenes nutricionales a nivel doméstico, identificando a los niños en situación de riesgo de forma temprana y poniendo a las familias en contacto con los servicios antes de que las condiciones se deterioren.
«Estas intervenciones funcionan mejor cuando se combinan», afirma un director de programas humanitarios. «La salud por sí sola no es suficiente. El agua, los alimentos, los ingresos y la protección deben ir de la mano», detalla.
El reto de la escala y la sostenibilidad
Aunque estos programas están salvando vidas, siguen existiendo lagunas. Los ciclos de financiación suelen ser cortos y las respuestas siguen siendo en gran medida reactivas en lugar de preventivas.
Los funcionarios locales afirman que ampliar los medios de vida resistentes al clima —como la agricultura tolerante a la sequía, los seguros ganaderos y las fuentes de ingresos alternativas— es fundamental para romper el ciclo.
Los analistas de desarrollo advierten de que, sin una inversión sostenida, la sequía seguirá erosionando los avances en múltiples ODS, lo que obligará a repetidas respuestas de emergencia que, a largo plazo, resultarán más costosas.
«La cuestión no es si volverá la sequía», afirma Eunice Koech, experta en clima. «La cuestión es si los sistemas serán lo suficientemente fuertes como para proteger a los niños cuando llegue», agrega.
La infancia en una encrucijada
De vuelta en Rhamu, Fatuma Adan espera que su hija vuelva a la escuela a tiempo completo cuando mejoren las condiciones. Por ahora, lo primero es sobrevivir.
«Quiero que Amina aprenda, realmente», afirma, «pero primero debemos vivir».
A medida que se intensifican las crisis climáticas en el Cuerno de África, lo que está en juego no podría ser más importante.
Sin una acción coordinada a largo plazo, la sequía seguirá robando no solo agua y alimentos, sino también la infancia misma, lo que socavará los compromisos mundiales con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
T: MF / ED: EG