
05/01/26

Por Pedro Barragán*
Analizar el poder militar de China no es sencillo y menos en unos días en los que acabamos de ver la agresión militar de EEUU contra Venezuela. No se trata solo del tamaño de sus fuerzas armadas o de su presupuesto de defensa, sino del contexto estratégico en el que se desarrolla, de las amenazas que percibe y de la doctrina que guía su modernización.
El poder militar chino es, ante todo, el resultado de una planificación a largo plazo orientada a la disuasión, la defensa de su entorno estratégico inmediato y la protección de intereses clave, más que a la proyección militar global clásica de intervenir en cualquier parte del mundo.
China concibe su poder militar como un instrumento subordinado al desarrollo económico y al progreso social. Esta premisa ayuda a entender por qué su modernización es constante y por qué combina un discurso oficial defensivo con avances tecnológicos de primer nivel.
La profunda transformación del Ejército Popular de Liberación
El eje del poder militar chino es el Ejército Popular de Liberación (EPL). Durante décadas ha sido un ejército masivo, centrado en la defensa terrestre y con recursos tecnológicos limitados. Hoy, tras más de veinte años de reformas, se ha transformado en una fuerza mucho más reducida en efectivos, pero notablemente más avanzada.

Las reformas organizativas han fortalecido el mando conjunto entre fuerzas terrestres, navales, aéreas, espaciales y de misiles. El objetivo ha estado en la interoperabilidad, la rapidez de decisión y la capacidad de operar en escenarios complejos, donde la información y la precisión pesan tanto como la potencia de fuego.
Este cambio responde a una lectura clara de la guerra moderna en la que los conflictos ya no se deciden solo por el número de soldados, sino por la integración de tecnología, inteligencia y mando.
Presupuesto y continuidad estratégica
China es el segundo país del mundo en gasto militar, solo por detrás de Estados Unidos. Sin embargo, su presupuesto de defensa, como proporción del PIB, se mantiene en niveles moderados para una potencia de su tamaño y responsabilidades.
Lo más relevante es la estabilidad del gasto. El presupuesto militar chino crece de forma sostenida, sin oscilaciones bruscas, lo que permite desarrollar programas de largo plazo en aviación, marina, misiles, espacio y ciberdefensa. Este desarrollo evita carreras armamentísticas desordenadas y refuerza la coherencia estratégica.
El entorno estratégico marcado por dos cinturones de bases estadounidenses
Para entender el desarrollo militar chino es imprescindible observar su entorno. China no opera en el vacío. Al contrario, se encuentra rodeada por una extensa red de bases militares estadounidenses y de aliados de Washington que forman dos cinturones estratégicos alrededor de su territorio.
Fair Politik sitúa en alrededor de 160 las bases e instalaciones militares estadounidenses (más de 100.000 militares) distribuidas en dos cinturones que rodean China en Asia-Pacífico, desde Japón y Corea del Sur hasta Guam, Filipinas y el Sudeste Asiático, con presencia adicional en el Índico. El primer cinturón se extiende a lo largo del Pacífico occidental, muy próximo a la costa china. El segundo se proyecta hacia el Pacífico central y el Índico.

Desde el lado chino, esta arquitectura militar rodeándola constituye un factor estructural de presión y explica buena parte de su esfuerzo en capacidades defensivas, de negación de acceso y de disuasión regional. La modernización del EPL no puede entenderse sin este contexto.
El poder naval y el control del entorno marítimo
La Armada china es uno de los ámbitos donde la modernización resulta más visible. De una marina costera, China ha pasado a desarrollar una fuerza capaz de operar en mar abierto, con portaaviones, destructores modernos, fragatas y una flota submarina cada vez más sofisticada.
El objetivo no es replicar la presencia naval global de Estados Unidos, sino garantizar el control de su entorno marítimo inmediato, proteger rutas comerciales vitales y asegurar el acceso a recursos estratégicos. El mar de China Meridional y el mar de China Oriental son espacios prioritarios, tanto desde el punto de vista económico como de seguridad.
Fuerza aérea y control regional
La Fuerza Aérea china ha dado un salto cualitativo. La incorporación de cazas de quinta generación furtivos como el J-20, el desarrollo de aviones de transporte estratégico y sistemas de alerta temprana han ampliado significativamente su radio de acción.
El objetivo está en lograr la superioridad aérea regional y en impedir que fuerzas externas puedan operar libremente cerca de sus fronteras. La integración con sistemas de defensa antiaérea avanzados refuerza esta capacidad, convirtiendo el espacio aéreo en un elemento clave de la disuasión china. (El enfrentamiento aéreo entre India -equipada con los modernos aviones occidentales Rafaele- y Pakistán -con equipamiento chino- en 2025 se ha saldado con un número indeterminado de Rafaeles derribados y ninguno pakistaní. A destacar que ningún avión de los dos bandos llegó a cruzar la frontera y la batalla aérea se libró a distancia)

China no ha presentado oficialmente los caza de sexta generación, pero existen imágenes e indicios claros de su existencia. Los aviones de sexta generación chinos se conciben como plataformas de mando aéreo y entre las capacidades que se les atribuyen destacan la furtividad avanzada, la integración con drones de combate, el uso intensivo de inteligencia artificial, la capacidad de operar en entornos altamente disputados y la conectividad total.
Los misiles en el núcleo de la disuasión china
Uno de los pilares más determinantes del poder militar chino es su fuerza de misiles. China dispone de una amplia gama de misiles balísticos y de crucero, convencionales y nucleares, diseñados para distintos escenarios y alcances.
En los últimos años, ha cobrado especial relevancia el desarrollo de misiles hipersónicos. Algunos de estos sistemas incorporan vehículos planeadores hipersónicos capaces de volar a velocidades extremas y maniobrar de forma impredecible, lo que dificulta su interceptación por los sistemas defensivos tradicionales. Especial atención ha generado el desarrollo chino de misiles capaces de circunvalar la Tierra antes de dirigirse a su objetivo, combinando trayectorias orbitales bajas con capacidades hipersónicas. (Los escudos antimisiles se basan en radares cercanos al origen del disparo -el alcance máximo de los radares es de 500 km.- que los detectan, calculan su trayectoria y velocidad y se generan los parámetros de interceptación. Si el misil procede del espacio solo es detectado a una distancia de 500 km. del destino, que a una velocidad de 12.000 km/h – 10 mach- los recorre en dos minutos y medio -pongamos 5′ ya que usa trayectoria errática-, tiempo imposible para detectar, confirmar, calcular, disparar y alcanzarlo. Un misil tradicional de trayectoria elíptica a la misma velocidad de 12.000 km/h tardaría una hora entre Pekín y Washington)
Este tipo de misiles denominados DF-17 y otros, que China nunca ha confirmado que disponga y cuya existencia se conoce por informaciones del Financial Times procedentes del Pentágono, no busca tanto un uso operativo inmediato como reforzar la credibilidad de la disuasión estratégica china frente a escudos antimisiles avanzados. Estados Unidos, según parece, no dispone aún de este tipo de misiles y sí ha empezado a diseñar el proyecto Cúpula Dorada que estará basado en satélites de detección.
En el ámbito nuclear, China mantiene una doctrina de disuasión mínima y de no primer uso. Su arsenal es más reducido que el de Estados Unidos o Rusia, pero su modernización persigue garantizar su supervivencia y eficacia en un entorno tecnológico cada vez más complejo.
Espacio, ciber y guerra electrónica
El poder militar chino se extiende también a los nuevos dominios de la guerra moderna. China ha invertido de forma sistemática en capacidades espaciales, esenciales para la navegación, las comunicaciones, la observación y el mando militar.
En el ciberespacio y la guerra electrónica, el objetivo está en proteger infraestructuras críticas y garantizar la resiliencia de redes militares y civiles. Estos ámbitos reflejan una visión integral de la seguridad nacional, donde la superioridad informativa puede ser decisiva sin necesidad de enfrentamientos directos.
(La agresión militar norteamericana contra Venezuela se ha basado, según parece, en el despliegue de medios de guerra electrónica que han paralizado la red eléctrica y los sistemas de comando de la capital venezolana, impidiendo que el ejército venezolano organizara una resistencia efectiva)

La doctrina central es la disuasión antes que la confrontación
Por último, un elemento clave del poder militar chino es su doctrina. China no se presenta como una potencia militar intervencionista ni basa su influencia en una red global de alianzas militares. Su enfoque prioriza la defensa de la soberanía, la integridad territorial y la estabilidad regional.
El uso del poder militar se concibe, ante todo, como un instrumento de disuasión. La lógica es demostrar capacidades suficientes para que cualquier adversario potencial perciba el coste de una confrontación como inasumible.
Son habituales las voces que preguntan ¿por qué China no interviene en Gaza?, ¿por qué no interviene en Venezuela? Su doctrina militar centrada en la defensa no la ha dotado de elementos y estructuras logísticas que le permitan librar una guerra a distancia, su objetivo nunca ha sido construir un ejército para dominar el mundo.
Lejos de buscar una supremacía militar global, China ha construido un modelo centrado en la disuasión, la defensa regional y la protección de intereses estratégicos clave. Comprender su poder militar exige, por tanto, entender tanto su doctrina como sus capacidades y las presiones que las han moldeado.
* Pedro Barragán es economista. Asesor de la Fundación Cátedra China, temática que deja reflejada en su blog personal. Es editor de la web Archivo de la Transición. Acaba de publicar el ensayo: «Por qué China está ganando».
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