Continuidad de objetivos de la dictadura militar empresarial en actual proyecto gobernante

Paula Klachko                                                                                                                     31/03/26

milei inicio legislativo 1marz26

Durante una hora y 40 minutos, Milei gritó, atacó y llegó a afirmar que “la justicia social es un robo”, además de repetir insultos y descalificaciones contra los kirchneristas y defender con cifras alteradas lo que presenta como logros de su agenda. Foto: EFE

Rememorar 50 años, medio siglo, del golpe de estado genocida en Argentina, nos llena de sensaciones intensas:

Bronca y dolor que jamas cicatrizarán por habernos asesinado a toda una generación de los mejores cuadros políticos, sociales y sindicales que todavía nos hacen falta y se nota su ausencia.

Pasión por continuar y honrar sus luchas y banderas y por seguir construyendo caminos de justicia que incluyen el orgullo de sabernos vanguardia en memoria, verdad y justicia.

Conciencia de todo lo que falta por construir y lograr en todos los terrenos. Solo por poner un ejemplo, la actual vicepresidenta del país, Victoria Villarroel, es una activa defensora de los genocidas.

Elementos que nos indican la responsabilidad gigante de mantener viva la llama de la memoria y transferirla a las juventudes actuales y próximas generaciones, y la necesidad de luchar contra los engendros que reivindican y justifican el estado terrorista y su genocidio, hoy desde posiciones de gobierno en el estado nacional.

Pero también se torna importante dar el combate contra los discursos que, desde cierto progresismo liberal, reviven la teoría de los dos demonios para acomodarse por izquierda en el escenario del poder en este momento aberrante de políticas de estado reivindicadoras del genocidio sobre el pueblo argentino[1].

Los cuadros políticos hoy en el gobierno, por más caricaturescos y perversos que se muestren, son la expresión de los mismos intereses que pusieron a la junta militar a gobernar el país. La mayoría de lxs actuales funcionarixs de gobierno no solo niegan sino que aplauden el terrorismo de estado y las torturas, las violaciones, bebes secuestrados, desaparecidxs, exiliadxs, presxs y asesinadxs porque todo eso vale para el altar del capital. Sacrificio humano extraído con la mayor de las crueldades y que se torna también lento genocidio cuando gobiernan de manera directa los apetitos de las grandes corporaciones trasnacionales, como hoy en Argentina.

Esas políticas económicas de concentración brutal de la riqueza y su contraatacara de empobrecimiento, miseria, desamparo y abandono de las grandes mayorías populares no podían ser aplicadas con los niveles de conciencia existentes previamente al golpe de estado del 76 y expresados en una riquísima diversidad de combativas organizaciones populares, varias de ellas articuladas. Para desarticularlas desplegaron ese sangriento mecanismo de disciplinamiento social que debía quedar en el territorio/cuerpo social y de cada habitante por muchos años. Ciencia del terror que fuera impartida a las jerarquías militares de América Latina, entrenados en la Escuela de las Américas dirigida por por Estados Unidos (hoy Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación o, en inglés, Western Hemisphere Institute for Security Cooperation, WHINSEC) usando los manuales de la guerra contrainsurgente ensayada por los franceses en los cuerpos rebeldes de lxs argelinxs. El secuestro, tortura y desaparición forzada de personas como vehículo principal del terror infringido a la sociedad, potenciada y coordinada en todo el cono sur por la Operación Cóndor, fue eficaz en generar la angustia y paralización política de buena parte de la sociedad y en lograr derrotar a las principales organizaciones político-militares revolucionarias, pero no pudo a largo plazo desarticular el entramado popular.

El movimiento obrero organizado en su diversidad fue tomando aire para enfrentar a la dictadura, más aun, luego de la derrota de Malvinas. Y, más tarde, ya cuando la dictadura del capital tomó formas democrático electorales a partir del 84 fue recomponiéndose y activó la lucha para reponer y defender derechos laborales que habían sido reclamados por lxs trabajadores a través de décadas de lucha y conquistados y reconocidos con fuerza de ley por el estado peronista de mediados del siglo XX. Derechos que, a pesar de varios intentos de destruirlos por parte de los diversos gobiernos neoliberales pos-dictadura, seguían vigentes hasta ahora. Pues justamente, el actual gobierno de Milei en clara continuidad total del plan económico del ministro de economía del gobierno militar, José Alfredo Martínez de Hoz, ha logrado modificar toda la legislación en esa materia cristalizando la situación de la esclavitud asalariada.

La clase dominante se hace un banquete con la astucia y sagacidad del títere de Trump que consiguió articular una ofensiva institucional brutal para aprobar en el Congreso de la Nación la contrarreforma más retrograda que se pueda imaginar, que retrotrae la situación de lxs trabajadores a más de un siglo atrás. Marchas, huelgas, tomas, no le hacen mella a la iniciativa acelerada de los cuadros políticos del capital concentrado hoy en el gobierno, que, tal vez por no pertenecer de origen al establishment, se esfuerzan eficazmente por mostrar decisión y voluntad. Cientos de miles de trabajadores que perdieron sus puestos de trabajo y miles de pequeñas y medianas industrias y comercios completan el panorama económico desolador. Deberemos buscar maneras creativas de revivir caminos combativos que frenen este nuevo genocidio esta vez por goteo y por hambre. Nuestra historia nos muestra muchas ocasiones de fracasos y derrotas de las cuales supimos salir. Como de la misma oscura noche del terrorismo ejercido aplicado de manera sistemática desde el aparato del estado entre 1976 y fines de 1983. No hay relojes políticos ajustados a las profundas necesidades que ya tenemos, pero hay memoria. Sumemos juventud, voluntad, unidad y formación política popular y honraremos a nuestras y nuestros compañerxs desaparecidxs enterrando en el basurero de la historia a los programas de subordinación imperialista de ayer y de hoy


[1]He tenido que escuchar a supuestas historiadoras justificando esas sucias reivindicaciones y las intenciones de excarcelar genocidas aludiendo a que dicha radicalización de las derechas es una reacción simétrica al discurso kirchnerista de reivindicación de la lucha de la militancia popular de los 70.

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