Cabalgata de Muro d’Alcoi: 125 años de racismo cultural

Precisamente por eso, lo que ocurre en Muro d’Alcoi, responde a una lógica que se repite. Es una práctica estructural sostenida en el tiempo.

Al igual que en Alcoi o Ibi, en Muro existen pajes que cumplen la misma función dentro de la cabalgata. Acompañan a los emisarios reales, suben a las casas y reparten regalos. La estética varía ligeramente —turbante, faldilla—. El elemento central permanece intacto. Ropa negra utilizada para representar la piel. Una caracterización racializada que constituye blackface.

La magnitud de esta práctica es relevante. En Alcoi participan alrededor de 400 pajes, en Ibi unos 200, en Muro d’Alcoi en torno a 150. Aunque se trata de un municipio más pequeño, la figura del paje está tan arraigada como en el resto de cabalgatas de la comarca. Esta zona de la provincia de Alicante concentra más del 20% de los casos documentados de blackface en el Estado español.

Desde dentro del propio pueblo, personas que siguen estas celebraciones han intentado abrir el debate estas Navidades. Sin éxito. No ha habido escucha institucional ni voluntad de revisión. Persiste un discurso defensivo que insiste en que «el problema es de Alcoi». Los hechos demuestran exactamente lo contrario. Todos los pueblos del entorno mantienen figuras de pajes racializados.

Este contexto no es neutro. Muro d’Alcoi y Agres fueron noticia recientemente por pintadas racistas y xenófobas dirigidas contra la población migrante. Cuando las prácticas racistas se normalizan en celebraciones públicas, con respaldo social e institucional, no hablamos de tradición. Hablamos de un clima que legitima la exclusión y la deshumanización.

El blackface no es un disfraz inocente ni una cuestión de sensibilidad individual. Tiene un origen colonial, ligado históricamente a la burla, la caricaturización y la negación de humanidad de las personas negras. Mantenerlo hoy, en actos públicos y festivos, es incompatible con una sociedad que se reivindica democrática, plural y respetuosa con los derechos humanos. El Parlamento Europeo, en su resolución del 19 de junio de 2020, pidió a los Estados miembros que «denuncien y se abstengan de las tradiciones racistas y afrofóbicas, como la práctica del blackface».

Las tradiciones no son intocables. Cambian cuando se reconoce que generan daño. Revisarlas no implica cancelar celebraciones. Implica asumir responsabilidad histórica y social. Defender el blackface en nombre de la cultura es priorizar la comodidad de la mayoría frente a la dignidad de una parte de la ciudadanía.

Desde Afroféminas seguiremos documentando, señalando y acompañando a quienes, dentro y fuera de estos municipios, ya no aceptan el silencio ni la normalización del racismo. Firma la petición #StopBlackfaceInSpain.

El blackface sigue ocurriendo. Hoy. Aquí.

Negarlo no lo hace desaparecer. Nombrarlo es el primer paso para desmontarlo.

Afroféminas


 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *