
Tribuna: 500 académicos, periodistas y artistas libaneses firman el “Llamamiento Nacional a la resistencia global contra la agresión del Líbano”

En esta tribuna, publicada el 19 de marzo de 2026 en Líbano, los firmantes denuncian la hostilidad del Estado libanés hacia la resistencia libanesa, concretamente Hezbolá. Reiteran que la resistencia libanesa no es otra cosa que los hijos e hijas del país que defienden la tierra y la soberanía del país frente a un ejército colonial. Hacen un llamamiento de apoyo a la resistencia, a la cooperación entre el ejército, la resistencia y el pueblo, y a una resistencia integral, en todos los ámbitos y por todos los medios posibles, contra la agresión colonial israelí.
La entidad sionista prosigue su agresión contra el Líbano, su Estado, su pueblo y su territorio, cometiendo los crímenes de guerra más atroces, entre ellos el asesinato de civiles, el desplazamiento masivo de población, la destrucción de pueblos y ciudades, los ataques contra instalaciones e infraestructuras económicas, así como el bombardeo de los equipos médicos y de rescate y de las concentraciones de personas desplazadas.
Esta ola de agresión, por brutal que sea, es una continuación de la violación sistemática y continua por parte del enemigo de sus compromisos en virtud del acuerdo de cese de hostilidades de noviembre de 2024.
Desde el anuncio de este acuerdo el enemigo ha proseguido su ocupación del territorio durante quince meses, asesinando a civiles, destruyendo sus hogares y propiedades, desplazando a los habitantes del sur e impidiéndoles regresar a sus aldeas. En contraste, el Estado libanés y la resistencia han respetado plenamente el mencionado acuerdo. Las autoridades políticas se esforzaron por tranquilizar al enemigo con el pretexto de “eliminar los pretextos”. De este modo, han tomado decisiones injustas destinadas a asfixiar financiera y socialmente a la resistencia, incumplido sus compromisos de reconstrucción, incumplido su obligación de desarrollar una estrategia de defensa nacional para proteger el Líbano y aumentado su representación en las negociaciones con el enemigo1.
Esta política no ha conseguido poner fin a la agresión ni obligado al enemigo a respetar los términos del cese de hostilidades; por el contrario, lo ha envalentonado para seguir violando la soberanía del Líbano. Y cuando la resistencia lanzó su operación militar el 2 de marzo, el gobierno no tardó en condenarla. Lo que merece ser denunciado y condenado es la inacción del Estado, durante todo este período en el que se comprometió a defender su soberanía y respetar el acuerdo, ante la agresión y las violaciones de la soberanía.
Al reanudarse la agresión, el gobierno libanés adoptó nuevas medidas que vulneraban la soberanía al ordenar al ejército que se retirara de la frontera justo antes del inicio de la invasión, sin proporcionarle los medios para protegerse ni defender el territorio. Criminalizó las actividades militares y de seguridad de la resistencia y se convirtió en cómplice político de su represión, equiparando a la resistencia con la ocupación y justificando así la persistente criminalidad israelí. En contraste, los combatientes de la resistencia, hijos e hijas de esta tierra, libran batallas heroicas para defender su patria, preservar su soberanía, la integridad de su territorio, la seguridad de su pueblo y su dignidad.
Todo esto se desarrolla en un contexto regional e internacional marcado por una guerra estadounidense en múltiples frentes, mediante la cual Washington y su aliado Israel buscan someter a sus rivales, aniquilar a las fuerzas independentistas y subyugar a sus aliados para colonizar pueblos, apoderarse de sus tierras y saquear sus recursos. El último de estos ambiciosos planes es la guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, inseparable del renovado proyecto expansionista sionista para establecer el “Gran Israel” y la amenaza existencial que este proyecto representa para el Líbano, lo que hace necesario resistir.
Por lo tanto, nosotros, los y las abajo firmantes, declaramos lo siguiente:
-El enemigo israelí, como entidad colonial expansionista, sigue representando una amenaza existencial para el Líbano. Esta es una amenaza que las resoluciones internacionales y los intentos de presión diplomática no han logrado contener;
-La actual escalada de la agresión israelí contra el Líbano forma parte de la continuación de una fase ofensiva iniciada con el ascenso al poder del gobierno sionista de extrema derecha, acompañada de transformaciones estructurales en la doctrina militar israelí con el objetivo de prevenir la aparición de lo que denomina una amenaza, mediante el recurso a una fuerza preventiva excesiva, la creación de zonas de amortiguación, la imposición de la “libertad de movimiento” dentro del marco soberano de los Estados (es decir, la institucionalización del asesinato y la destrucción como un derecho adquirido) y la imposición de la capitulación política a los Estados de la región;
-La agresión israelí está alimentando el sectarismo en su guerra por dividir al pueblo libanés. Esta agresión no se dirige fundamentalmente contra ningún partido, secta o región en particular, sino que busca obligar al Líbano a someterse a Israel como potencia regional hegemónica. Esto implica subordinar al Estado libanés a las exigencias políticas y de seguridad israelíes, transformándolo en guardián de la entidad sionista y en su agente para eliminar a la resistencia. La lucha contra esta agresión no es un asunto de ninguna facción o región en particular sino una causa nacional que concierne a la seguridad de todos los libaneses, al futuro de su Estado y su economía, y a su derecho a vivir con dignidad en su tierra;
– El enfoque del gobierno, incluidas las decisiones de agosto de 2025 sobre el monopolio de armas hasta la decisión de criminalizar las actividades militares y de seguridad de la resistencia el 2 de marzo de 2026, así como el fracaso del Estado en defender a los habitantes de las zonas atacadas que el Estado afirmaba tener bajo su soberanía, todo ello ha llevado a legitimar la agresión israelí al presentarla como una forma de combatir la insurgencia y ha facilitado el castigo colectivo de la sociedad que apoya a la resistencia para volverla contra ella;
– El comportamiento catastrófico de las autoridades libanesas ante la agresión y la resistencia, que consideran el problema, no es más que un debilitamiento de la soberanía, que no se limita a una calificación jurídica formal otorgada desde el exterior, sino que se adquiere y se conserva a través de la práctica cotidiana;
-La resistencia frente a la agresión hoy no es otra cosa que la consagración del concepto de soberanía como vínculo orgánico entre el pueblo y la tierra, basado en la continuidad histórica y la memoria colectiva, y que se produce y se reproduce continuamente a través del conflicto y el sacrificio, así como a través de la afirmación diaria del vínculo del pueblo con su tierra;
-La concepción estatal de la soberanía se ha reducido a la exigencia de un monopolio sobre la violencia (es decir, sobre las armas), un monopolio que, en la práctica no existe dada la persistencia de la ocupación y la agresión israelíes, así como de los dictados estadounidenses. Bajo la ocupación o la dominación colonial, la resistencia precede a la ley: es el medio por el cual un pueblo continúa existiendo como entidad política colectiva cuando se le priva de su soberanía legal. En consecuencia, criminalizar la resistencia e impedir que el pueblo se defienda, al tiempo que se impide al ejército cumplir con su deber, constituye un acto de despilfarro de la soberanía y una confiscación de un derecho inalienable del pueblo, reconocido por todas las leyes, tratados y convenios;
-La hostilidad hacia la resistencia, la incitación al ejército libanés a oponerse a ella y las negociaciones políticas directas con el enemigo (que son prácticas rechazadas y condenadas) representan posiciones y políticas que consagran un estado de derrota ante la entidad enemiga, la sumisión total a los dictados estadounidenses y la abdicación de las responsabilidades soberanas. Todo esto forma parte de una estrategia destinada a transformar el Líbano en un protectorado estadounidense sometido a la agenda israelí;
-El Presidente de la República, en virtud de su posición constitucional, debe respetar el juramento que prestó y las posturas que adoptó antes y después del mismo, considerando la cuestión de las armas de la resistencia como un asunto soberano que no está sujeto a imposiciones externas y que puede debatirse en el marco de una estrategia de defensa nacional. El presidente de la República debe asumir su responsabilidad en la defensa del Líbano. Cuando dirigía el ejército, el presidente afirmó reiteradamente y públicamente la naturaleza central de la amenaza israelí para el Líbano, la necesidad de completar la liberación de los territorios aún ocupados (las Granjas de Shebaa y las colinas de Kfar Chouba) y el derecho de la resistencia hasta su liberación;
-La defensa integral garantiza al pueblo el derecho, e incluso el deber, de tomar las armas para defender la patria. Cuando la patria es víctima de una agresión, la supervivencia del Estado depende de la movilización de toda la sociedad, y esta defensa popular resiliente se convierte en el pilar de la seguridad nacional. Afirmamos la necesidad de complementariedad entre el ejército y los ciudadanos que defienden su patria durante los períodos de agresión y guerra total, y que presionar al ejército libanés para que se oponga al pueblo y a quienes resisten la agresión amenaza la unidad del país y su destino nacional. Además, la cohesión y la solidaridad del pueblo frente a la agresión externa, así como la coordinación y la complementariedad entre el Estado y la resistencia en esta etapa, y la movilización por parte del Estado de todos sus recursos, fortalecen la capacidad del Estado para alcanzar un acuerdo de alto el fuego, liberar el territorio, prevenir nuevas agresiones, repatriar a los prisioneros y preservar la soberanía.
– La acogida y apoyo a las personas desplazadas es un deber nacional que recae, ante todo, sobre el Estado y, posteriormente, sobre la sociedad en su conjunto, en particular sobre sus fuerzas políticas y civiles, incluidas las instituciones sociales, educativas y religiosas, para garantizar la dignidad de las personas desplazadas y aliviar las cargas materiales y morales asociadas al desplazamiento. Son ellas quienes pagan el precio más alto en nombre de la sociedad ante esta agresión. Elogiamos la labor de las fuerzas vivas de la sociedad, de las ciudadanas y ciudadanos residentes y de los expatriados y expatriadas que se han ofrecido como voluntarios para ayudar a las personas desplazadas y brindarles asistencia; esta responsabilidad debe continuar e intensificarse hasta su inminente regreso a sus pueblos y aldeas.
La gravedad del proyecto sionista contra el Líbano, en su fase actual, obliga a todas las fuerzas de liberación (individuos, élites y grupos) a organizarse en torno al concepto de resistencia integral. Esta resistencia debe manifestarse en todos los aspectos de la vida cotidiana y ocupar la esfera pública, especialmente frente a la dominación colonial de los medios de comunicación tradicionales en el Líbano y la región. La lucha política y popular es un deber necesario, urgente e imperativo. Nosotros y nosotras no transigiremos. Resistiremos.
*La lista de firmantes se encuentra aquí, en la página web del periódico al-Akhbār, donde se ha publicado originalmente el artículo.
Traducción: viento sur.
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Para ahondar en esta cuestión: https://www.contretemps.eu/liban-guerre-coloniale-droit-resister/