

Por LQSomos
Para comprender bien el presente, es necesario conocer el contexto en el que se produjo la transición, y los límites que se impusieron a sangre y fuego. Porque la transición, la Constitución, están teñida de sangre y no se fraguaron en un clima de verdadera libertad
En 2018, Alejandro Pacheco Madrid (1958-2022) e Iñaki Alrui, miembros de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos, iniciaron una recopilación de los asesinatos de la transición, coincidiendo con el cuarenta aniversario de la Constitución.
Ahora volvemos a recuperar aquellas recopilaciones con la colaboración de Rosa García Alcón, y es que queremos aprovechar el año uno de la democracia, o sea los “50 años de la transición”, para volver a recordar los crímenes cometidos durante ese periodo que no fue para nada tan pacífico como nos han contado. La transición fue de hecho una violencia brutal desde el aparato del estado, ya fuese a través de sus brazos armados oficiales —la policía y la guardia civil— o por medio de las bandas fascistas (siempre parapoliciales) que se encargaron de reprimir huelgas, manifestaciones y todo tipo de reivindicaciones.
⇒ 50 años de la sangrienta transición⇐
Ninguno de los crímenes aquí recordados han tenido su merecido castigo, ni siquiera han sido juzgados penal o políticamente como lo que son: asesinatos. Asesinatos de Estado o amparados por el Estado… Febreros:
1976
19 de febrero. Sabadell
Del 17 al 27 de febrero tuvo lugar una huelga general en Sabadell, David Wilson y Manuel Rodríguez Arcos no aparecen en la mayoría de listas de víctimas de la dictadura franquista. Pero lo fueron. Ambos perdieron la vida a consecuencia de la brutalidad policial del 19 de febrero de 1976, en plena huelga general en Sabadell. Aunque no murieron hasta bastante tiempo después de los hechos. El primero, David Wilson, era un profesor de 35 años que enseñaba inglés en la escuela de idiomas FIAC, que en ese momento tenía unas aulas en el edificio del paseo de Manresa con la Plaça de l’Àngel. Resultó herido por el impacto de una granada lacrimógena mientras asomaba la cabeza por la ventana, situada en un segundo piso. Murió pocos días después. Su nombre salió en la prensa de la época como uno de los heridos, pero nunca se informó de su muerte. El segundo, Manuel Rodríguez Arcos, era secretario jurado de la empresa Unidad Hermética y se encontraba en el pasillo entre el paseo de Manresa y la calle de Sant Antoni cuando la policía intervino. Recibió un disparo de bala de goma en la nuca y quedó aturdido en medio de un charco de sangre. Aunque se recuperó, las secuelas del impacto le dejaron incapacidad para el trabajo. A raíz de esta situación y de algunos problemas personales, acabó suicidándose.

«Las víctimas de la represión han sido muy mal tratadas. No ha habido un tratamiento institucional. Al menos no de forma significativa. Y no ha habido una política reparadora y colectiva. Si ha habido algún reconocimiento ha sido por el empuje y voluntad -no sin dificultades- de asociaciones memorialísticas y de las familias. No por una política de reparación».
David Ballester, Víctimas e impunidad en Cataluña (1964-1980).
– Les morts oblidades de la vaga del 76
24 de febrero, Elda, Alacant
Teófilo del Valle Pérez, de 20 años, trabajaba como oficinista en el sector del calzado de Elda (Alicante). Fue asesinado por la Policía Nacional en el trascurso de la represión de las huelgas de este sector. Se le considera el primera asesinado de la transición.
21.000 trabajadores reclamaban 5.000 pesetas semanales de aumento; 40 horas de trabajo en 5 jornadas, 28 días de vacaciones al año y que las empresas se hicieran cargo del IRTP. El paro fue secundado por el 90% de las fábricas y las asambleas se hacía en plazas y campos de fútbol.
El 24 de febrero, 5.000 personas se reunieron en la Plaza de Emilio Castelar y la policía cargó. La mayoría fueron a la iglesia de San Francisco de Sales, donde hicieron una asamblea. A las 23:00 horas salieron, pero un pequeño grupo se cruzó con el convoy de “los grises” que regresaban a los cuarteles. Tiraron piedras a los vehículos. El último coche del convoy paró. De él salieron varios policías y uno de ellos disparó. Teófilo del Valle Pérez recibió varios tiros por la espalda por parte del policía Daniel Daroca (imputado en la querella interpuesta por el hermano de Teófilo en Elda en la que también está imputado el exministro Rodolfo Martín Villa). Este dato fue posible conocerlo gracias al tesón del juez instructor Agustín Ferrer, que realizó una investigación forense recabando pruebas de lo ocurrido. Sin embargo, la jurisdicción militar, que se hizo cargo del juicio, absolvió al policía alegando que había actuado “en cumplimiento de su deber”.
Tras la muerte de Teófilo, hubo una huelga general en las comarcas de Vinalopó. A su entierro asistieron más de 20.000 personas. Se creó una comisión ciudadana para exigir responsabilidades, que fue ignorada.
– Als 50 anys de l’assassinat
– Manifest unitari en record de Teófilo del Valle i els cinc treballadors de Gasteiz
1977
5 de febrero, Zaragoza
Miguel Vicente Basanta López, era vecino del barrio zaragozano de San José. Albañil de profesión, se encontraba en paro a la edad de treinta y un años. El 5 de febrero había tenido lugar en la plaza de toros de Zaragoza el primer —y multitudinario— mitin del recién constituido PSA. El ambiente en la ciudad era muy tenso; se había producido incluso un aviso de bomba. Esa misma noche el policía Francisco Tovar Tovar, quien se encontraba de permiso dando un paseo junto a su familia, sorprendió a Basanta realizando una pintada con una brocha y una lata de pintura roja en los muros de la antigua fundición Alumalsa. La pintada rezaba: «Trabajo sí, policía no» junto a una hoz y un martillo que quedaron a medias. Tovar encañonó a Basanta por la nuca con las manos en la cabeza, descerrajándole tres disparos, dos de ellos en la cabeza cuando intentó escapar. Fue ingresado de urgencia a las 21:30 horas en la clínica San Juan de Dios, aludiendo que había sufrido un mareo y como consecuencia cayó desplomado, lo que le provocó una herida en la cabeza. A las 21:45 falleció en la misma clínica.
Mes y medio después de su asesinato, el caso fue sobreseído por un juzgado miliar, quedando únicamente un atestado policial. Durante el proceso no se contó con la familia ni con ningún testimonio, ni siquiera el del doctor Ansón, el médico que le atendió y en seguida comprobó la falsedad de los hechos acreditados por Tovar. En 1989 el abogado y exalcalde de Zaragoza Pedro Santisteve Roche presentó una querella criminal por asesinato a fin de reabrir el caso, puesto que todavía no había prescrito, aportando y pidiendo nuevas pruebas para conseguir un juicio justo, pero tras la aparición de unas fotocopias sin firmar en las que supuestamente el Capitán General dictaba el sobreseimiento, el caso quedó archivado de nuevo. Todos los intentos posteriores de que se hiciese justicia a través de múltiples vías se vieron frustrados. (‘Memoria del asesinato de Vicente Basanta‘ por José Antonio Basanta Cuenca, en Zaragoza Rebelde).
20 de febrero, Hostalrich, Girona
Adolfo Bárcena López, 22 años. Conducía su coche acompañado de cuatro amigos, todos vecinos de Tordera, al pasar por el municipio de Hostalric frenó bruscamente –quizás porque se le cruzó un gato–, frente a la casa cuartel de la benemérita, para detenerse unos metros después frente al bar Parrufu, donde sus amigos se bajaron del coche, que Adolfo condujo hacia la parte trasera del local, donde lo aparcó, entrando a continuación en el local para reunirse con ellos. Mientras los amigos cenaban, una pareja de guardias civiles, el sargento Juan Guerrero García y el cabo José García Carballo, acompañados del sereno Javier Noguera, inspeccionaron el vehículo, que les había parecido sospechoso y siendo incapaces de leer la cédula identificadora, deshincharon dos de las ruedas para dificultar su movilidad. Los acompañantes de Adolfo salieron del bar y se encontraron con los guardias y el sereno, que les pidieron su documentación, mientras que el joven que se había retrasado para pagar, decidió salir por la puerta de atrás, tal vez porque no llevaba su identificación encima y quería evitar problemas con los agentes de la ley. Cogió su coche y pasó frente al bar, con la intención de recoger a sus amigos, pero se encontró con el sereno que, al reconocer el vehículo, alertó a los guardia civiles, uno de los cuales, el cabo José García Carballo, subió a otro coche y fue en su persecución. Pasaron unos minutos y se escuchó un disparo. Era el que mató a Adolfo Bárcena López. El guardia civil argumentó que al intentar detenerlo el joven se había abalanzado sobre él, y que había disparado al sentirse amenazado.
El cabo de la guardia civil fue declarado “no culpable” y continuó con su carrera militar, alcanzando el grado de capitán.
24 de febrero, Cartagena
Francisco (“Pancho”) Egea, 19 años. Asesinado por la policía nacional en Cartagena (Murcia) durante una manifestación de trabajadores de la construcción y el metal. El 24 de febrero de 1977, “Pancho” Egea, trabajador de la construcción estaba secundando una manifestación conjunta de obreros de la construcción y del metal en Cartagena. La Policía Nacional cargó violentamente y disparó pelotas de goma. Tres de ellas impactaron en Pancho, dos en la cabeza y una en el cuello. Murió de un derrame cerebral. El caso no fue investigado.
1978
24 de febrero, Manresa
Ramón Solá Puigví, 34 años, asesinado a manos del policía armada Esteban Amíls Escrip. Ramón trabajaba en la Mutua Previsora de Barcelona como cobrador (donde Amils estaba pluriempleado, práctica muy habitual entre los miembros del cuerpo en aquellos años). El policía había contraído una deuda de 20.000 pesetas (120 euros) con Ramón, casado y padre de cuatro hijos y vecino de Tarrasa. En el transcurso de una discusión en la sede de la Mutua donde le reclamaba la deuda, el policía agredió a la víctima atacándole a culatazos con su arma reglamentaria, asesinándolo en el acto. El policía empezó a revolver toda la oficina para simular un robo. Cuando fue llamado a declarar entró en contradicciones que, según la nota oficial, condujeron a su detención tres semanas después de haber cometido el homicidio.
1980
1 de febrero, Madrid
Yolanda González Martín fue brutalmente asesinada el 1 de febrero de 1980 por un comando de Fuerza Nueva, grupo de extrema derecha con conexiones con las fuerzas policiales (que nunca se quisieron investigar). Yolanda era militante del Partido Socialista de los Trabajadores, y una dirigente estudiantil. Fue secuestrada en su casa por Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Velázquez, que se hicieron pasar por policías. Con la colaboración de otros individuos, entre ellos el policía Juan Carlos Rodas Crespo, la introdujeron en un coche donde fue torturada y maltratada. Su cuerpo sin vida fue encontrado en un camino cercano a la carretera que une Alcorcón con San Martín de Valdeiglesias, con varios disparos en la cabeza y en el antebrazo. Los miembros del comando fascista fueron detenidos y juzgados gracias a la colaboración del policía Juan Carlos Rodas. Sin embargo, Emilio Hellín, condenado a 43 años de prisión, se dio a la fuga en 1987 aprovechando un permiso penitenciario. Se escondió en Paraguay donde recibió protección del régimen militar de Stroessner hasta que fue descubierto por un periodista de Interviú y, tras una intensa campaña política, extraditado a España en 1990.
Para más “inri” en 2013, saltó a la opinión pública que el asesino Emilio Hellín, trabajaba para los Cuerpos y Fuerzas Generales de la Seguridad y del Estado en técnicas de espionaje.
Aquí van algunas notas publicadas en LoQueSomos sobre Yolanda:
– Deustu recuerda a Yolanda González y reivindica su lucha antifascista
– ¿Quién mató a Yolanda González?
– En recuerdo de Yolanda González Martín
10 de febrero, Vallecas, Madrid
Apenas una semana después del secuestro y asesinato de Yolanda González sería asesinado Vicente Cuervo Calvo en Vallecas. Vicente, como tant@s vecin@s de todo Madrid, había acudido a manifestarse contra el acto fascista del sindicato afín a Fuerza Nueva que pretendía celebrarse en medio del corazón rojo del barrio, en el cine París. El acto al final no se celebró, la policía cargó contra los antifascistas que acordonaban la zona y dio protección a los fascistas, que además, con total impunidad, hicieron uso de sus armas de fuego y de todo tipo de violencia. Vicente fue alcanzado en el hemitórax derecho por una bala disparada por uno de los fascistas. Fue trasladado a la Casa de Socorro y después al hospital Gregorio Marañón donde nada se pudo hacer por su vida. A pesar de que hubo dos detenciones, las de los fascistas Félix del Yelmo e Ignacio Ortega, a los que les incautaron una pistola y otras armas, fueron puestos en libertad. Tras tres meses del asesinato se cerró la investigación, sin haber identificado al asesino. Nunca hubo procesados… Cuarenta y cuatro años después, en el BOE de 21 de febrero de 2023, se le concede a titulo póstumo, la Gran Cruz del Reconocimiento Civil como víctima del terrorismo.

– Crimen contra Vicente Cuervo Calvo
– Vicente Cuervo: olvido sobre olvido y van 41
– Vicente Cuervo, asesinado por la extrema derecha en 1980

28 de febrero, Facinas, Cádiz
Pedro Becerra Castro, 24 años, muere por disparos de la Guardia Civil en un control de carretera. Un acompañante, Juan Cabrera Jiménez, quedó postrado en una silla de ruedas el resto de sus días como consecuencia de sus heridas.
29 de febrero, Sant Esteve d’en Bas, Girona
Jean Michel Clabecq, 20 años, murió tiroteado por la Guardia Civil en un control de carretera. Los padres no pudieron presentar una querella contra el autor del disparo, porque al pasar el sumario a la jurisdición militar no existe cauce para ello.
1981
13 de febrero, Madrid
Joseba Arregi Izaguirre, 30 años, camionero. Murió en el hospital penitenciario de la cárcel de Carabanchel después de haber sufrido infames torturas en la Dirección General de Seguridad a manos de la Brigada Regional de Información (antigua Brigada Político Social). En los interrogatorios, que duraron nueve días, participaron 73 policías. Los comisarios Juan Luis Méndez Moreno, Juan Antonio Gil Rubiales, Julián Marín Ríos, Ricardo Sánchez y Juan Antonio González Pacheco (alias Billy el Niño) fueron interrogados por estos hechos en el Juzgado de Instrucción número 13. Marín Ríos y Gil Rubiales fueron enjuiciados y condenados a penas ridículas y el Gobierno del PSOE de Felipe González les indultó en 1990. Juan Antonio Gil Rubiales siguió su carrera “policial” y, en 2005, fue ascendido a Comisario Provincial de Santa Cruz de Tenerife por el gobierno del PSOE de Rodríguez Zapatero. Murió en 2008 y fue enterrado con honores de Estado.

Esto hicieron en la DGS con Joseba Arregi. Antes de morir, en el hospital penitenciario pudo decir: «Oso latsa izan da» (Ha sido muy duro). Nueve días de torturas y de sadismo dejaron a un hombre en este estado. Gogoan Zaitugu. ¡Te recordamos!
– Joxe Arregi: el caso de tortura más documentado, también impune.
¡No olvidamos!
#50AñosDeTransiciónSangrienta #LaTransiciónFueSangrienta
#Impunidad #Transición #YoTambiénSoyVíctima
⇒ Sangres de Enero 1976-1981
⇒ 50 años de la sangrienta transición
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