Irán ataca la fábrica israelí de armas nucleares de Dimona

MPR21                                                                                                                        Redacción                                                                                                                        23/03/26

 

Israel es un Estado artificioso contruido sobre mentiras y paradojas a partes iguales. Una de ellas es que los imperialistas acusen con el dedo a Irán por pretender construir armas nucleares, mientras pasan de puntillas sobre las de Israel.

La fábrica israelí de armas nucleares está en Dimona, una ciudad sobre la que Irán disparó un misil balístico, que el gobierno de Tel Aviv siempre ha mantenido en una nebulosa. La versión oficial es “no sabe no y no contesta”. Pero, por si acaso, Israel no ha firmado el Tratado sobre la no proliferación nuclear y se niega a someter sus instalaciones a inspecciones por parte de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Las inspecciones son obligatorias para Irán, pero no para Israel.

“No seremos los primeros en introducir armas de destrucción masiva en Oriente Medio”, han repetido hasta la saciedad todos los dirigentes israelíes durante más de medio siglo cuando se les pregunta sobre su arsenal nuclear.

Las televisiones españolas hacen lo propio cuando aluden a un ataque iraní contra el “centro de investigación nuclear” de Dimona, como si se tratara de un instituto de enseñanza secundaria.

Dimona está en el desierto de Negev, en el sur del país. El misil iraní cayó a cinco kilómetros de distancia, en una zona residencial de la localidad vecina, dejando varias decenas de heridos.

El arsenal nuclear israelí se compone de un centenar de ojivas y algunas fuentes duplican las estimaciones por la producción de plutonio para misiles equipados con material fisionable.

“Dimona es posiblemente el lugar más seguro de Israel. Pensábamos que estábamos a salvo aquí”, decían los habitantes de la ciudad, de casi 40.000 habitantes.

La localidad ya había sido blanco de guerras anteriores, pero el ataque del sábado marca una escalada significativa que lo vuelve a colocar en el centro de la atención mundial, mientras la OIEA realiza otro de sus actos cinismo: pide a ambas partes (o sea, a Irán) que eviten cualquier riesgo de accidente nuclear. No quiere que destruyan la central de Dimona.

Todo empezó en los años cincuenta, cuando Francia, el principal apoyo del sionismo, construyó un reactor nuclear y una planta de procesamiento de plutonio. Los dos países tenían un enemigo común: el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, que apoyó al FLN en medio de la guerra de Argelia. Posteriormente, el general De Gaulle puso fin progresivamente a esta cooperación nuclear.

Pero el reactor francés, operativo desde 1963, siguió funcionando a pesar de que fue diseñado para hacerlo sólo durante cuarenta años. En 2016, el diario israelí Haaretz reveló un informe: la central contaba 1.537 grietas y otras anomalías en el núcleo de aluminio del reactor. La Comisión Israelí de Energía Atómica reconoció la existencia de estos defectos, pero aseguró que no suponían un riesgo inmediato.

En 2021 las imágenes de satélite permitieron detectar importantes obras de ampliación del reactor de Dimona. Aquello sugería que Israel ampliaba las instalaciones actuales y construía nuevas infraestructuras para compensar el deterioro de las antiguas.

Los “expertos” creían que el reactor estaba protegido por una red muy densa de baterías de defensa antiaérea. Está prohibido acercarse a la central, tomar fotografías o utilizar contadores Geiger para medir el nivel de radiactividad cercana, revela un documental del Canal 13.

Mordejai Vanunu, un trabajador de la planta, pagó un alto precio por romper un secreto de polichinela. Tomó fotografías y recopiló datos técnicos clandestinamente que luego transmitió al Sunday Times en 1986. Las evidencias demoestraron que Israel tenía un arsenal nuclear mucho más avanzado de lo que los “expertos” creían.

Llegó el castigo a Vanunu. Un sicario del Mosad lo atrajo a Londres y luego a Roma, donde fue drogado y secuestrado, antes de ser trasladado en secreto a Israel. Condenado por traición y espionaje, cumplió dieciocho años de prisión, incluidos once años de aislamiento total. Liberado en 2004, ha estado sujeto a estrictas restricciones desde entonces. Tiene prohibido salir de Israel, hablar con periodistas o ciudadanos extranjeros y acercarse a embajadas extranjeras.