El País

La congelación de las ayudas de Estados Unidos pone en alerta a las ONG y a los gobiernos subsaharianos, y abre más la puerta a la cooperación china

En la entrada del hospital de distrito de Masaka, a poco más de media hora en coche del centro de Kigali, en Ruanda, un gran cartel que detalla los servicios médicos de las instalaciones está presidido por unas siglas que lo han sido todo para muchos gobiernos africanos durante años: USAID. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional está detrás de multitud de programas para hacer accesible la sanidad a muchos ciudadanos, pero ahora profesionales y pacientes ya se están haciendo a la idea de que nada es para siempre. A principios de febrero, el presidente Donald Trump decidió congelar todos los fondos de USAID, y anunció que retirará a su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dos bandazos que dejan a la intemperie a las ONG y los gobiernos de todo el mundo, especialmente en África.







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