
Con el inicio de la huelga de 48 horas de más de 55.000 trabajadores del condado de Los Ángeles el martes, quedó clarísimo que se trata de una batalla crucial no solo por las demandas inmediatas de estos trabajadores, sino también por la lucha más amplia contra la desigualdad, la represión estatal y la guerra bipartidista contra los derechos democráticos.
Los trabajadores del condado de Los Ángeles —enfermeras, trabajadores sociales, personal administrativo, conserjes y muchos otros— prestan servicios a unos 10 millones de personas y mantienen en funcionamiento la que se considera la quinta economía más grande del mundo. Exigen lo fundamental: aumentos salariales que se ajusten al alza del costo de la vida, una dotación de personal segura y el fin de los planes de privatización que desvían los recursos públicos hacia las arcas corporativas. Sin embargo, los funcionarios del condado, respaldados por la aristocracia financiera que gobierna Los Ángeles con mano de hierro, han respondido con desdén, amenazas y mentiras.






