

La represión estatal contra las protestas por el tráfico de armas demuestra que la presión moral ya no es suficiente; es hora de atacar la maquinaria bélica desde su origen. ~ Kevin Blowe ~
Como quizás se pretendía, la prohibición del 5 de julio de Palestine Action —el grupo de protesta que denuncia la complicidad británica en el suministro de armas a Israel, especialmente a través de la empresa israelí Elbit Systems UK— ha generado una enorme confusión.
Además de la cuestión inmediata de qué se puede y no se puede decir sobre la prohibición, existen pruebas contundentes de que la policía trata cualquier expresión de solidaridad con los palestinos como sospechosa. También es cada vez más evidente que es más probable que el Estado trate cualquier futura perturbación dirigida al sector de defensa como «terrorismo» o con una «conexión terrorista».





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