El plan de paz de Trump no solo busca poner fin a la guerra en Ucrania. También abre una batalla económica para la posguerra. Incluye un mecanismo que otorga a Estados Unidos un papel central en la reconstrucción del país, con un acuerdo de reparto de beneficios que se presenta muy favorable para Washington. Esta dimensión económica está atrayendo tanta atención como las cláusulas militares y territoriales del plan.
A las 24 horas de hacerse público el Plan de Paz de Trump para Ucrania,Zelenski dirige un mensaje a su pueblo en el que prácticamente anuncia que EE.UU. le ha dado un ultimátum: “o la pérdida de dignidad o el riesgo de perder un socio clave; 28 puntos complicados o un invierno extremadamente duro”1. Del conjunto del mensaje se deduce que “por duro que sea”, peor sería no aceptarlo.
En este sentido la difusión de las informaciones, precisamente ahora, sobre la corrupción de la cúpula de poder en Ucrania, Zelenski incluido, cuando es un hecho bien conocido desde hace años, ha servido de chantaje político para volcar las voluntades de la cúpula de Kiev hacia el acuerdo.
El miércoles Israel desplazó 300 metros la línea amarilla al este de Gaza, un movimiento que ha llevado a cabo el ejército discretamente y sin previo aviso.
Tanques israelíes entraron en la zona, atrapando a decenas de familias que viven en los barrios orientales de la ciudad de Gaza. Los vecinos afirman que los tanques bloquearon sus rutas de salida en las calles Al Shaaf, Al Nazzaz y Bagdad.
El gobierno británico había elaborado un plan para desplegar tropas en Ucraniauna vez finalizados los combates, dice la agencia Bloomberg, citando al secretario de Defensa británico, John Healy. El plan implicaba el envío de tropas no combatientes, desplegadas lejos del frente, como parte de una presencia occidental que se pretende que continúe tras la derrota de Ucrania sobre el terreno.
El presidente Donald Trump habla durante una cena con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, en el Salón Este de la Casa Blanca, el martes 18 de noviembre de 2025, en Washington, mientras la primera dama Melania Trump observa a la derecha. [AP Photo/Alex Brandon]
El jueves, el presidente estadounidense Donald Trump compartió y respaldó comentarios en los que se pedía el arresto, el enjuiciamiento e incluso la pena de muerte para los miembros demócratas del Congreso —varios de ellos antiguos militares y oficiales de inteligencia— por publicar un breve y anodino vídeo en el que se recordaba a los miembros del ejército que están legalmente obligados a desobedecer órdenes ilegales.
El presidente Donald Trump se reúne con el alcalde electo de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani en el Despacho Oval de la Casa Blanca, 21 de noviembre de 2025, Washington D.C. [AP Photo/Evan Vucci]
El viernes por la tarde, el alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, se reunió con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, seguido de una conferencia de prensa de 30 minutos desde el Despacho Oval. El evento fue una grotesca celebración de amor mutuo, durante la cual Mamdani, miembro de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés), declaró una “asociación” y se comprometió a “trabajar junto” al fascista Trump.
Editorial de la Unión Palestina de América Latina –UPAL
No es casualidad que las fechas más dolorosas y determinantes del pueblo palestino hayan nacido en noviembre. Este mes, que desde hace más de un siglose repite como un estribillo histórico, es una herida y un recordatorio; un espejo donde el mundo revela su doble moral y dondePalestina reafirma su dignidad.
En los últimos meses, el debate público sobre el sin hogarismo en Zaragoza se ha reducido casi exclusivamente al Parque Bruil. Ese hiperfoco ha generado una narrativa peligrosa que simplifica la realidad hasta volverla irreconocible. Se nos quiere hacer creer que las personas sin hogar en la ciudad son mayoritariamente inmigrantes solicitantes de asilo. Una mentira que alimenta estigmas, xenofobia y políticas públicas basadas en la excepcionalidad.
Mientras los medios repiten un único relato, centenares de personas que duermen en las calles quedan completamente invisibilizadas. Historias que no se cuentan porque no encajan en la agenda, porque desmontan discursos fáciles, porque obligan a mirar más allá.
Desde aquí quiero compartir, cada semana, uno de esos casos que nadie cuenta. Historias que sí existen, aunque no interesen.