El gallinero sigue tremendamente alborotado en Madrid. Esto no es Perú, pero aquí todo el mundo tiene el golpe de Estado en la boca. Hablar es fácil. Hay mucho teatro, mucha sobreactuación prelectoral, pero también hay hueso y sustancia. La crisis institucional de estos días, que estuvo a punto de cruzar una línea roja el pasado jueves con la finalmente abortada interrupción de una votación en el Congreso por parte del Tribunal Constitucional, deja entrever el material del que está hecho el sistema político español y las dificultades que presenta para construir con él una democracia liberal al uso; ya otro día hablamos cuál cosa es esa y si acaso existe en algún lugar.