

Sabemos por Diógenes Laercio que Platón y sus contemporáneos solían utilizar en sus conversaciones la metáfora del mal arquero-aquél que clava la flecha donde le place o le interesa y pinta después la diana alrededor para criticar las habituales prácticas sofistas de justificación a posteriori, ilustrando lo que puede entenderse por ventajismo u oportunismo. Las justificaciones ad hoc han estado siempre y siguen estando a la orden del día. Las complicadas relaciones entre las esferas política y jurídica no son una excepción. Actualmente estamos asistiendo a una ardua polémica en este sentido, ya que la muy deseable independencia judicial parece verse muchas veces en entredicho a su contacto con la penetración subrepticia de las diversas posiciones políticas (dando lugar a una situación que puede compararse al célebre caballo de Troya). Para el autor del presente artículo el problema principal radica en la falta de honradez de los participantes en la escena jurídica.









