Yo no soy virgen

Pues por aquí van los tiros, porque tonterías se llegan a decir muchas, y lo de escandalizarse e indignarse ahora, así como de repente, estará muy de moda, pero no deja de ser una estupidez que en lugar de esperanzar, encabrona más que otra cosa. Hasta los  fachas peperos y las peperas, y los y las ciudadanitas, o hasta una indeseable tan nociva como Oprah Winfrey se han sumado a la fiesta. Aunque afortunadamente siempre hay alguien decente, como Seal, que te recuerda lo que en realidad eres: “Cuando eres parte del problema durante décadas, pero de repente todo el mundo piensa que eres la solución”.

Y es que ya no queda nadie que no quiera salir en esa foto borrosa que mezcla el sano compromiso con el siempre necesario feminismo con otros factores como el sexismo y el capitalismo, o con las ambiciones y el costumbrismo, hasta crear una amalgama en la que se hace imposible diferenciar entre objetivos loables o espurios, y entre orígenes y consecuencias. De todas formas, ¿dónde os habíais metido todo este tiempo, o dónde guardabais las neuronas para no haber visto que, entre otras cosas, vivimos en una sociedad no solo profundamente machista sino también profundamente ignorante, clasista y materialista? Y lo que es más importante, si de verdad nos importa y queremos ponerle remedio al problema: ¿con esto otro qué hacemos? Porque, queridos y queridas, aunque no os va a interesar, es la base fundamental. Se llama educación. Se llama cultura.

Muy bien por Cristina Fallarás.

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