Libro PDF. El marxismo occidental por Domenico Losurdo

El Sudamericano

DESCARGAR ESTE LIBRO AQUÍ

*

Prefacio: ¿Qué es el «marxismo occidental»?
Advertencia
I. 1914 y 1917. Nacimiento del marxismo occidental y oriental
II. ¿Socialismo vs. capitalismo o anticolonialismo vs. Colonialismo?
III. Marxismo occidental y revolución anticolonial: un encuentro frustrado
IV. Triunfo y muerte del marxismo occidental
V. ¿Recuperación o últimos coletazos del marxismo occidental?
VI. Cómo puede resucitar el marxismo en Occidente
Bibliografía

*

¿QUÉ ES EL «MARXISMO OCCIDENTAL»?

La expresión que da título a este trabajo le debe su suerte a un libro con el que en 1976 un filósofo inglés, marxista y comunista militante (trotskista), invitaba al «marxismo occidental» a declarar por fin su total extrañeza e independencia con respecto a la caricatura del marxismo de los países oficialmente socialistas y marxistas, todos ellos situados al Este. Apuntaba en particular a la Unión Soviética. Allí, a pesar de la Revolución de Octubre y de la lección de Lenin, el marxismo era ya «un recuerdo del pasado»; Stalin y «la colectivización» habían «acabado con cualquier trabajo teórico serio». Tampoco la «China Popular» salía mucho mejor parada: considerarla como un «modelo alternativo» equivalía a afirmar su «heteronomía política respecto del marxismo occidental». La condena afectaba también a los propios partidos comunistas occidentales, caracterizados por una «fidelidad absoluta a las posiciones soviéticas» y, en consecuencia, orientales de facto u orientalizantes (Anderson, 1979, 29, 126 y 60).

Esta acusación ni siquiera eximía al partido que, con Gramsci y Togliatti, había conjugado siempre la afirmación del valor universal de la Revolución de Octubre con la insistencia en las profundas diferencias políticas y culturales entre Este y Oeste; y en consecuencia con la teorización de la necesidad de desarrollar una vía nacional hacia el socialismo, adecuada a las exigencias de un país firmemente asentado en Occidente. El filósofo inglés era implacable:

«Mientras no se los invite a formar parte del grupo dirigente, los intelectuales (y, por consiguiente, también los trabajadores) afiliados a un partido comunista de masas no se pueden permitir ni la más mínima opinión personal sobre los problemas políticos decisivos. […] Gramsci se ha convertido en el icono ideológico oficial del Partido Comunista Italiano. Es verdad que lo invocan a la más mínima oportunidad, pero a costa de manipular e ignorar sus textos» (Anderson, 1976, 59 y 55 [trad. esp., 58 y 54]).

Era todo un misterio cómo los obtusos guardianes de un espantoso desierto cultural consiguieron cautivar a legiones de aguerridos y sofisticados intelectuales; por qué ejercieron una influencia hegemónica sobre la cultura italiana y gozaron de tanto prestigio en el plano internacional.

Perry Anderson no era el primero en señalar la disociación que estaba produciéndose entre marxismo occidental y oriental. El eminente filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, en un texto que data de los primeros años de la Guerra Fría, observaba:

«La política revolucionaria, que desde la perspectiva de 1917 debía suceder históricamente a la política «liberal» –bajo la presión de graves problemas de organización, defensa y rendimiento–, se convirtió cada vez más, en cambio, en una política de países nuevos, en el modo de transitar desde economías semicoloniales (o desde civilizaciones paralizadas durante siglos) a los modos de producción modernos. En el preciso momento en que su enorme aparato, con sus reglas y privilegios, se demostró eficaz para implantar una industria o para poner a trabajar a un proletariado todavía virgen, debilitó la posición de ese mismo proletariado como clase dirigente y dejó sin descendencia el misterio civilizatorio que, según Marx, aquel llevaba [consigo]» (Merleau-Ponty, 1955, 431).

Un año antes, en Dien Bien Phu, el poderoso y experimentado ejército de la Francia colonial fue sonoramente derrotado por el movimiento y el ejército popular vietnamita, dirigidos por el Partido Comunista. En toda Asia se escuchaban los ecos de la estratégica victoria del anticolonialismo que condujo a la fundación de la República Popular China. El comunismo se revelaba como la fuerza directriz de las revoluciones anticoloniales y, una vez conquistado el poder, del acelerado desarrollo que tan urgentemente necesitaban las «economías semicoloniales». Se trataba de resultados y acontecimientos innegables, pero –se preguntaba el filósofo francés– ¿qué ocurría con el comunismo que debía edificar el «proletariado occidental», al menos a ojos de Marx y del «marxismo occidental»? (Merleau-Ponty, 1955, 238 ss.).

Encontramos aquí, por primera vez, la expresión «marxismo occidental», que, no obstante, no se contraponía en términos positivos al oriental. Al menos en el contexto de una crítica global de Marx y del comunismo, el blanco principal era precisamente el marxismo «occidental». Una vez desvanecidas las esperanzas iniciales de una sociedad radicalmente nueva y de la «disolución del aparato de Estado», se imponía una conclusión: «el comunismo choca hoy día con el progresismo», y el progresismo no podía ignorar las condiciones concretas del país o la región donde se produce la acción política. Una vez abandonada la perspectiva mesiánica de una regeneración total de la humanidad, había que orientarse en cada caso: «Allí donde se ha de elegir entre el hambre y el aparato comunista, la decisión está tomada de antemano [a favor de este último]»; y es posible que para el filósofo francés también estuviese tomada de antemano la decisión cuando de lo que se trataba era de elegir entre sometimiento colonial y revolución anticolonial (dirigida a menudo por los comunistas). Occidente, en cambio, ofrecía un panorama muy distinto: ¿la revolución comunista era realmente necesaria y beneficiosa? y ¿cuáles iban a ser sus resultados concretos? (Merleau- Ponty, 1955, pp. 430-432).

Esta postura adolecía de muchas debilidades. Decidido a refutarla hasta el fondo, el filósofo francés acentuaba la tendencia mesiánica presente en Marx y Engels. No reparaba en que unas veces hablaban de la «extinción del Estado» en cuanto tal y otras de su «extinción en el sentido político actual», ni en que solo la primera fórmula puede ser tachada de mesianismo (y de anarquismo) (Losurdo, 1997, v, § 1-2). En segundo lugar, Merleau-Ponty eludía preguntarse por la posible relación entre la liquidación del colonialismo en todas sus formas y la construcción de la sociedad poscapitalista. En tercer lugar, y ante todo: ¿podemos considerar la lucha anticolonial como un problema exclusivo de Oriente? Sería inadmisible apoyar la lucha contra el sometimiento colonial o neocolonial al tiempo que se absuelve a los responsables de semejante política. Y no solo por razones éticas: las dos guerras mundiales habían demostrado que el expansionismo colonial desembocaba en una ruinosa rivalidad entre imperios con un impacto global; el incendio que prendió Hitler unos pocos años antes con su intento de construir en Europa oriental el imperio colonial alemán acabó por extenderse también a Occidente y a la propia Alemania.

Una vez expuestas estas críticas, hay que reconocerle a Merleau-Ponty el mérito de haber sido el primero en identificar las razones político-sociales objetivas que alimentaban la disociación entre ambos marxismos. En Oriente, y en prácticamente todos los países donde los comunistas conquistaron el poder, el problema prioritario para los dirigentes políticos no era el de promover la «disolución del aparato de Estado», sino uno bien distinto: ¿cómo evitar el peligro de sometimiento colonial o neocolonial y, por consiguiente, cómo salvar el retraso con respecto a los países industriales más avanzados?

Merleau-Ponty estaba muy lejos de una excomunión del marxismo oriental en nombre del occidental. Si queremos encontrar un precedente para la postura de Anderson, debemos mirar en una dirección completamente distinta. Con anterioridad al filósofo británico y al francés, fue Max Horkheimer quien en 1942 llamó la atención sobre el giro que se había producido en el país de la Revolución de Octubre: los comunistas soviéticos habían abandonado la perspectiva de la «supresión del Estado» para centrarse en el problema del desarrollo acelerado de la «patria industrialmente atrasada» (cf. infra, III, § 7). Era una observación acertada, formulada por desgracia en tono de desprecio y como condena. La Wehrmacht estaba a las puertas de Moscú, y lamentarse o indignarse por el hecho de que el líder soviético no se preocupase de realizar el ideal de la extinción del Estado resultaba algo grotesco (a su manera, Hitler habría compartido ese mismo lamento y esa misma indignación). El filósofo alemán no se daba cuenta de que la actitud que él denunciaba era precisamente lo que permitía a la Unión Soviética eludir esometimiento colonial y esclavista que pretendía imponerle el Tercer Reich. La desesperada lucha que se libraba en Oriente para resistir una guerra colonial de exterminio y esclavización resultaba irrelevante en Occidente a ojos de un filósofo que apreciaba en Marx, no el programa de transformación revolucionaria de la existencia, sino tan solo la persecución, en un futuro remoto, del ideal de una sociedad libre de contradicciones y conflictos y, consecuentemente, sin necesidad de un aparato estatal.

Más de un cuarto de siglo después, Horkheimer (1968b, pp. 154 y 160) agitaba de nuevo el tema de la extinción del Estado, remitiendo esta vez no ya a los autores del Manifiesto Comunista, sino a Schopenhauer. Mientras que, por un lado, elogiaba a Marx («ha llegado el momento de hacer por fin de la doctrina marxiana, en Occidente, una de las principales materias de enseñanza»), por otro lado, expresaba su consternación por el hecho de que «en muchos países orientales sirva como ideología útil para remontar la ventaja que lograra Occidente en la producción industrial». La «doctrina marxiana» celebrada en estas líneas no tenía ninguna relación con el problema del desarrollo de las fuerzas productivas, que se imponía, en cambio, por ejemplo, en Vietnam del Norte, decidido a defenderse de una agresión bárbara, dispuesta a recurrir incluso a armas químicas y, no obstante, contemplada con indulgencia e incluso apoyada por Horkheimer. Al igual que en 1942, también en 1968 la utopía miraba con desdén las dramáticas luchas que se libraban en Oriente y que no eran el resultado de una elección subjetiva, sino más que nada de una situación objetiva. Aunque no recurriese a esta expresión, el marxismo occidental le había dado la espalda al oriental.

Estamos obligados a plantearnos algunas preguntas: ¿Cuándo comenzó a manifestarse la escisión entre ambos marxismos? ¿Con la llegada de la autocracia de Stalin, como sostiene Anderson? ¿Y si, por el contrario, se hubiese delineado ya desde los decisivos días de 1917? ¿Y si las primeras grietas hubiesen surgido ya en el momento en que más sólida parecía la unidad, cimentada como estaba por la indignación unánime ante la inmunda carnicería de la Primera Guerra Mundial y ante el sistema capitalista-imperialista, acusado de provocarla? ¿Y si las grietas y el consiguiente alejamiento, en lugar de responder a la diversidad de las situaciones objetivas y de las tradiciones culturales, obedeciesen en primer lugar a los límites teóricos y políticos del marxismo occidental, precisamente el más sofisticado y mejor pertrechado en el plano académico?

El manifiesto con el que Anderson proclamaba la excelencia del marxismo occidental, liberado por fin del asfixiante abrazo del marxismo oriental, tiene un largo camino a sus espaldas. Parecía que para el primero se perfilaba en el horizonte una vida nueva y brillante; en realidad eran los preparativos de su suicidio. Nos las vamos a ver con importantes capítulos de la historia política y filosófica; capítulos en buena medida ignorados. Trataré de reconstruirlos para preguntarme además por las perspectivas de un renacer, sobre bases nuevas, del marxismo occidental.

Trump y su imposible retorno al pasado. Atilio Boron

logo

El radical retorno al proteccionismo es no sólo posible sino necesario para un imperio enfrentado a una inocultable declinación, denunciada no sólo por los analistas críticos del imperio sino certificada nada menos que por figuras estelares del  establishment  norteamericano como Zbigniew Brzezinski en un texto del 2012 y, posteriormente, por varios documentos de la Corporación Rand.

Seguir leyendo Trump y su imposible retorno al pasado. Atilio Boron

La escalada militar de la UE es contra los pueblos de Europa. Alberto Cubero

logo

La escalada militar de la Unión Europea es contra los pueblos de Europa

Artículo de Alberto Cubero, miembro del Comité Central del PCE, aparecido en Público el 2 de abril de 2025, en el que parece querer desmarcarse de la posición de su partido, con responsabilidades en el Consejo de Ministros desde hace más de cinco años: «Urge frenar el “rearme”. En realidad, como hemos visto, los miembros de la UE llevan una década de escalada armamentística. Nadie que se denomine de izquierdas puede estar dentro de un gobierno que nos dirige a la pobreza y la guerra. La tarea más acuciante es la organización obrera y popular contra los gobiernos europeos de la guerra (empezando por el propio), contra la OTAN y contra la escalada armamentística y bélica, y por la paz».

Los países europeos sólo tienen planes militares y muy poco dinero para cumplirlos

mpr21                                                                                                                         Redacción

 

Reino Unido es un país de la OTAN dotado de armas nucleares y, por lo tanto, no debería depender de la disuasión del Pentágono. Sin embargo, no es así. Su disuasión está estrechamente vinculada al programa nuclear estadounidense. Los misiles se fabrican en Estados Unidos y el mantenimiento del sistema también se lleva a cabo al otro lado del Atlántico.

Además, el programa nuclear Trident es otro derroche que absorbe aproximadamente el 6 por cien del presupuesto de defensa de Reino Unido, aunque los cambios en la clasificación de los gastos nucleares por parte de la Defensa británica en 2023 dificultan estimar su verdadero costo anual.

Seguir leyendo Los países europeos sólo tienen planes militares y muy poco dinero para cumplirlos

Los dos partidos ¿o hay tres? El lince

logo

Algo huele a podrido cuando gente como Lula, el presidente de Brasil, se desboca contra la UE y el bufón Zelenski. Lula, tan comedido, tan pusilánime y tan aquí y allá, acaba de soltar una diatriba impresionante en Vietnam, donde está de viaje oficial, contra el belicismo de la UE y de los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, acusándolos de agravar el conflicto en lugar de buscar una solución diplomática.

Seguir leyendo Los dos partidos ¿o hay tres? El lince

Lo único que nos podemos pagar los europeos es la amistad de Rusia

mpr21                                                                                                                               Redacción

 

Hace apenas un año, la propaganda occidental se jactaba de que, al desatar la guerra en Ucrania, Rusia había fortalecido a un organismo, como la OTAN, que había perdido el norte tras la desaparición de la URSS.

En el colmo de la estupidez, nuevos países se incorporaron al organismo y los más cretinos aseguraron que cuantos más países estuvieran dentro, mejor. Con la llegada de Finlandia y Suecia, el club tiene ya 32 socios.

Seguir leyendo Lo único que nos podemos pagar los europeos es la amistad de Rusia

El ejército ucraniano dispara a los soldados que retroceden del frente

mpr21                                                                                                                                Redacción

 

A medida que el frente se derrumba, el ejército ucraniano tiene más dificultades en sostener la disciplina. Las deserciones aumentan y los soldados no obedecen las órdenes de sus jefes militares.

Los soldados ucranianos tienen prohibido retirarse y a quienes lo hacen les disparan con drones y artillería. Para ello el ejército ucraniano ha creado unidades encargadas de disparar a los soldados que se repliegan.“Estás obligado a ir hacia adelante”, dice un soldado ucraniano. “No puedes retroceder porque hay una brigada detrás de ti que no te deja retroceder. Los drones FPV y la artillería te disparan”, explica.

Seguir leyendo El ejército ucraniano dispara a los soldados que retroceden del frente

El Gánster dispara contra Cuba y Venezuela

03/04/25

Cubainformación.- Recomendamos artículos muy agudos sobre la última arremetida del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, contra la cooperación médica cubana y sobre su viaje a varios países del Caribe para, entre otros objetivos, amenazar a sus gobiernos si siguen firmando acuerdos médicos con Cuba.

Seguir leyendo El Gánster dispara contra Cuba y Venezuela

EEUU ha dirigido la guerra contra Rusia tanto en territorio ucraniano como ruso

mpr21                                                                                                                             Redacción

 

Las grandes cadenas de difusión tardan en apuntarse a las conspiranoias, pero al final sucumben casi siempre. El domingo el diario New York Times admitió las tesis que antes eran patrimonio de los conspiranoicos: Estados Unidos ha participado directamente en la Guerra de Ucrania en contra de Rusia y esa guerra se ha desenvuelto tanto en territorio ucraniano como en territorio ruso (*).

El título forma parte de la teoría de la conspiración (“La historia secreta de la guerra en Ucrania”) y relata la intervención militar como si hubiera encontrado un tesoro: la participación de Estados Unidos en la guerra es “mucho más amplia de lo que se pensaba anteriormente”.

Seguir leyendo EEUU ha dirigido la guerra contra Rusia tanto en territorio ucraniano como ruso