Cómo el HTS sirio está desmantelando silenciosamente la causa palestina

Redacción de La Cuna en Palestina                                                                           25 de marzo de 2025

Bajo la dirección de Ahmad al-Sharaa, los nuevos líderes islamistas de Siria están marginando sistemáticamente a las facciones palestinas, favoreciendo a la Autoridad Palestina apoyada por Estados Unidos, desmantelando grupos vinculados a Irán y reformulando la dinámica de los refugiados en consonancia con una estrategia más amplia respaldada por Estados Unidos para neutralizar la resistencia palestina.

 

Crédito de la foto: The Cradle

Desde la caída del gobierno sirio el 8 de diciembre , el rumbo de la nueva administración interina , encabezada por Ahmad al-Sharaa , se ha vuelto cada vez más claro. Política, militar y legalmente, Damasco parece ahora alineada con la visión arraigada de Washington de desmantelar la causa palestina.

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Enviado especial de Putin tras reunión en Washington: «Escuchan posición de Rusia»

Kiril Dmítriev ha mantenido reuniones con representantes de la Administración de Donald Trump.

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Kiril Dmítriev, representante especial de la Presidencia rusa para inversiones y cooperación económica con países extranjeros, ha mantenido reuniones este jueves con miembros de la Administración de Donald Trump en Washington.

Tras el encuentro, Dmítriev compareció ante la prensa y afirmó que, a diferencia de la era Biden, actualmente en la Casa Blanca «escuchan la posición de Rusia» y «entienden» sus «preocupaciones«.

TeleSUR – 03/04/25

3 – 04 – 2025                                                                                           

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«No Other Land» demuestra que la ocupación israelí no puede ser encubierta

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Los críticos de la película ganadora del Oscar están furiosos porque las injusticias en Masafer Yatta están llegando a una audiencia global.
De izquierda a derecha: Basel Adra, Rachel Szor, Hamdan Ballal y Yuval Abraham, cuyo documental "No Other Land" ganó un Oscar, posan en Hollywood el 2 de marzo de 2025 (Mike Coppola/Getty Images/AFP)
De izquierda a derecha: Basel Adra, Rachel Szor, Hamdan Ballal y Yuval Abraham, cuyo documental «No Other Land» ganó un Oscar, posan en Hollywood el 2 de marzo de 2025 (Mike Coppola/Getty Images/AFP)email sharing button

El revuelo en torno al documental «No Other Land» no sorprende. Las películas que documentan la ocupación y exponen sus insoportables consecuencias humanas siempre provocan duras reacciones del establishment israelí .

La película se centra en las realidades cotidianas de los palestinos en la zona de Masafer Yatta, que incluyen demoliciones de viviendas, expulsiones familiares, desposesión y robo de tierras.

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México. La Jornada – 03/04/25

Dispara el estadunidense su primer gran misil comercial contra el mundo
El republicano acusa que cuesta 500 mil mdd cada año a EU
Causó la pérdida de 5 millones de empleos y el cierre de 90 mil fábricas
Califica de robo el déficit producido por el acuerdo
Redacción
► El mandatario proclamó ayer, desde el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, que logrará una era dorada para su país y bautizó el acto como el Día de la liberación y Haz rica a América otra vez. Foto Afp
Queda fuera de la lista de 60 países con tasas de hasta 97%
Bienes bajo el T-MEC seguirán exentos, confirma la Casa Blanca
D. Brooks, J. Cason y B. Carbajal
Hoy lanza plan integral de fortalecimiento a la economía nacional; sector automotor, prioridad
Seguirá el diálogo con Estados Unidos; hay buena comunicación, señala la Presidenta
Alma E. Muñoz y Alonso Urrutia
China, Vietnam e India, entre las que tendrán los mayores gravámenes
Redacción
Se desploman los futuros de acciones de Nasdaq, S&P y Dow Jones
Clara Zepeda

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Trump prepara la guerra contra China

mpr21                                                                                                                               Redacción

 

Un documento del Pentágono revela un cambio en las prioridades militares de Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a Ucrania, ya que el objetivo es China. La transcripción del informe del equipo de análisis que elaboró el Proyecto 2025, que salió a la luz a mediados de marzo, destapa los planes de Estados Unidos.

”El secretario de Defensa Pete Hegseth ha reorientado al ejército estadounidense para dar prioridad a la disuasión para evitar la toma de Taiwán por parte de China y al fortalecimiento de la defensa interna asumiendo riesgos en Europa y otras partes del mundo, según una nota de orientación interna secreta que lleva las huellas dactilares de la Fundación Heritage, incluidos algunos pasajes que son duplicados casi palabra por palabra del texto publicado por el equipo de análisis el año pasado”, anuncia el Washington Post (*).

Trump prepara la guerra contra China. El diario anglófono precisa: ”Este documento, conocido bajo el nombre de Orientación estratégica interina de defensa nacional (Interim National Defense Strategic Guidance) y que lleva la mención secreto/prohibido a los extranjeros en la mayoría de sus pasajes, fue difundido en el seno del ministerio de Defensa a mediados de marzo y firmado por Hegseth. Describe, con detalles generales y a veces partidistas, la implementación de la visión del presidente Donald Trump: preparar y ganar una guerra potencial contra Pekín y defender a los Estados Unidos contra las amenazas en el extranjero cercano, especialmente en Groenlandia y en el Canal de Panamá.

Los gobiernos de Biden y Trump han descrito a China como la mayor amenaza para Estados Unidos. Han desplegado fuerzas para preparar la guerra en el Pacífico. El informe difundido por Hegset es inusual en este sentido, ya que describe una invasión potencial de Taiwán como un escenario excepcional que debería ser tratado como una prioridad en comparación con otros peligros potenciales, como el conflicto en Ucrania y los temores de los europeos frente a Rusia. “Este enfoque volverá a centrar la gran arquitectura militar estadounidense en la región indo-pacífica”, asegura el Washington Post.

Estados Unidos ordena a la Unión Europea invertir en defensa para hacerse cargo de la Guerra de Ucrania, de Irán, de Corea del norte. El Pentágono ”asumirá riesgos en otros teatros” dado las limitaciones de personal y recursos, y presionará a sus aliados en Europa, Oriente Medio y Asia Oriental para que gasten más en defensa con el fin de asumir la mayor parte del choque con Rusia, Corea del norte e Irán, según las directrices.

El Pentágono ”se concentrará en las misiones de lucha contra el terrorismo contra los grupos que tienen la capacidad y la intención de atacar a Estados Unidos”, indica el documento, señalando que dará prioridad a los grupos “terroristas” de Oriente Medio y África que desestabilizan la región, pero ”que no tienen la ambición de lanzar ataques internacionales”.

Mientras que la estrategia de defensa nacional 2022 del gobierno de Biden enfatizaba las alianzas para contrarrestar la agresión de Rusia, calificándolas como “nuestra mayor ventaja estratégica mundial”, las directrices provisionales de Hegseth indican que la OTAN debe asumir una carga ”mucho mayor” porque Estados Unidos será reacio a proporcionar fuerzas si sus prioridades están concentradas en otros lugares.

Estados Unidos distribuye tareas y da órdenes a la Unión Europea sobre la orientación de la defensa y sus gastos. No hay realmente una retirada del poder estadounidense de Europa como se dice en los medios occidentales. Se están estableciendo nuevas prioridades y nuevas directrices que se están reajustando. La prioridad de Estados Unidos es su propia seguridad.

(*) https://www.washingtonpost.com/national-security/2025/03/29/secret-pentagon-memo-hegseth-heritage-foundation-china/

En occidente apenas han conocido el verdadero significado de la barbarie nazi

mpr21                                                                                                                                Redacción

 

En la noche del 27 de febrero de 1943, una unidad guerrillera dirigida por Alexei Fedorov, atacó la guarnición húngara ubicada en el asentamiento de Koryukovka en la región de Chernihiv, en la Ucrania soviética. El ataque fue un éxito: 78 soldados enemigos fueron ejecutados y ocho fueron capturados. Además destruyeron la fábrica de madera, la oficina del comandante, una estación de tren, un puente y un almacén de combustible. Más de cien presos fueron liberados de la cárcel.

 

Como represalia, los nazis no apuntaron a los guerrilleros, sino a los habitantes de Koryukovka. El 1 de marzo se formó un Einsatzgruppe, un escuadrón de la muerte. Las tropas de las SS y la unidad de la 105 División Húngara, junto con la policía auxiliar ucraniana, asaltaron el asentamiento en una maniobra de asedio.

Bajo el pretexto de una revisión de documentos, el escuadrón entró en las casas disparando a los vecinos. Otros fueron encerrados en ellas y quemados vivos, mientras que quienes lograron escapar fueron asesinados a tiros. Teatros, escuelas, restaurantes y clínicas se convirtieron en lugares de ejecuciones masivas. Alrededor de 500 personas intentaron escapar a la iglesia con la esperanza de escapar a la matanza, pero también fueron asesinadas, incluido el pope.

“Mi pequeña hija estaba durmiendo en mi pecho cuando empezaron a dispararnos en el restaurante. Las personas fueron llevadas como ganado al salón de la matanza. Un fascista me disparó en el ojo… luego no recuerdo nada más. Mis tres hijos fueron asesinados. Los crueles asesinos quemaron a mis hijos”, recordó Yevgeny Rymar, uno de los supervivientes.

Durante dos días, el Einsatzgruppe destruyó el asentamiento, quemó 1.390 casas y mató a unas 6.700 personas. De ellas, 5.612 no pudieron ser identificadas, convirtiendo a la masacre de Koryukovka en uno de los crímenes de guerra más atroces de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Dos semanas después, el Ejército Rojo logró liberar el asentamiento. Sin embargo, no quedaba casi nadie para recibir a los libertadores.

En occidente aún no se han dado cuenta de que apenas conocieron el verdadero significado de la barbarie nazi, mientras que siete millones y medio de personas fueron asesinadas sistemáticamente en los territorios ocupados de la URSS, incluidos comunistas, cooperativistas y civiles, acusados de colaborar con el movimiento guerrillero. Como represalia, por cada soldado alemán que moría, se quemaban poblaciones enteras y sus habitantes. Sólo en Bielorrusia los nazis quemaron más de 600 localidades.

Los crímenes de guerra no solo fueron cometidos por los soldados del ejército alemán, como se dice habitualmente, sino también por los Einsatzgruppen, que operaron bajo la dirección de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), encabezada por Reinhard Heydrich y, tras su ejecución, por Ernst Kaltenbrunner.

Los Einsatzgruppen sólo operaron en el este de Europa. Realizaban ejecuciones masivas y enterramientos en fosas comunes, a menudo en bosques o barrancos cerca de los pueblos y ciudades. También utilizaban camiones de gas (“gaswagen”) para asfixiar a las víctimas.

Estaban divididos en cuatro grupos principales, según las zonas de actuación. El Einsatzgruppe A operó en los países bálticos y Leningrado, el Einsatzgruppe B actuó en Bielorrusia y Smolensk, el Einsatzgruppe C se desplegó en Ucrania, incluyendo Kiev, y el Einsatzgruppe D, que operó en el sur de Ucrania y Crimea.

Cada unidad estaba compuesta por entre 500 y 1.000 matarifes, lo que totalizaba aproximadamente unos 3.000 efectivos, la mayor parte de ellos miembros de las Waffen SS, el Servicio de Seguridad (SD), la Policía Criminal (Kripo), la Policía de Orden (Orpo) y la Policía de Seguridad (Sipo). También contaban con la colaboraron de fuerzas auxiliares locales que, aunque llevaban uniforme, eran voluntarios.

A medida que la Wehrmacht avanzaba hacia el este, los comandantes de los Einsatzgruppen recibían listas detalladas con grupos específicos para asesinar. Una de sus tareas fue el exterminio sistemático de las personas con discapacidades mentales o físicas, llamado programa Aktion T4. Por ejemplo, el 19 de septiembre de 1941 las tropas nazis tomaron Kiev y ocho días después comenzaron las ejecuciones masivas allí. Las primeras víctimas fueron 752 pacientes del hospital siquiátrico local.

Libro PDF. El marxismo occidental por Domenico Losurdo

El Sudamericano

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*

Prefacio: ¿Qué es el «marxismo occidental»?
Advertencia
I. 1914 y 1917. Nacimiento del marxismo occidental y oriental
II. ¿Socialismo vs. capitalismo o anticolonialismo vs. Colonialismo?
III. Marxismo occidental y revolución anticolonial: un encuentro frustrado
IV. Triunfo y muerte del marxismo occidental
V. ¿Recuperación o últimos coletazos del marxismo occidental?
VI. Cómo puede resucitar el marxismo en Occidente
Bibliografía

*

¿QUÉ ES EL «MARXISMO OCCIDENTAL»?

La expresión que da título a este trabajo le debe su suerte a un libro con el que en 1976 un filósofo inglés, marxista y comunista militante (trotskista), invitaba al «marxismo occidental» a declarar por fin su total extrañeza e independencia con respecto a la caricatura del marxismo de los países oficialmente socialistas y marxistas, todos ellos situados al Este. Apuntaba en particular a la Unión Soviética. Allí, a pesar de la Revolución de Octubre y de la lección de Lenin, el marxismo era ya «un recuerdo del pasado»; Stalin y «la colectivización» habían «acabado con cualquier trabajo teórico serio». Tampoco la «China Popular» salía mucho mejor parada: considerarla como un «modelo alternativo» equivalía a afirmar su «heteronomía política respecto del marxismo occidental». La condena afectaba también a los propios partidos comunistas occidentales, caracterizados por una «fidelidad absoluta a las posiciones soviéticas» y, en consecuencia, orientales de facto u orientalizantes (Anderson, 1979, 29, 126 y 60).

Esta acusación ni siquiera eximía al partido que, con Gramsci y Togliatti, había conjugado siempre la afirmación del valor universal de la Revolución de Octubre con la insistencia en las profundas diferencias políticas y culturales entre Este y Oeste; y en consecuencia con la teorización de la necesidad de desarrollar una vía nacional hacia el socialismo, adecuada a las exigencias de un país firmemente asentado en Occidente. El filósofo inglés era implacable:

«Mientras no se los invite a formar parte del grupo dirigente, los intelectuales (y, por consiguiente, también los trabajadores) afiliados a un partido comunista de masas no se pueden permitir ni la más mínima opinión personal sobre los problemas políticos decisivos. […] Gramsci se ha convertido en el icono ideológico oficial del Partido Comunista Italiano. Es verdad que lo invocan a la más mínima oportunidad, pero a costa de manipular e ignorar sus textos» (Anderson, 1976, 59 y 55 [trad. esp., 58 y 54]).

Era todo un misterio cómo los obtusos guardianes de un espantoso desierto cultural consiguieron cautivar a legiones de aguerridos y sofisticados intelectuales; por qué ejercieron una influencia hegemónica sobre la cultura italiana y gozaron de tanto prestigio en el plano internacional.

Perry Anderson no era el primero en señalar la disociación que estaba produciéndose entre marxismo occidental y oriental. El eminente filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, en un texto que data de los primeros años de la Guerra Fría, observaba:

«La política revolucionaria, que desde la perspectiva de 1917 debía suceder históricamente a la política «liberal» –bajo la presión de graves problemas de organización, defensa y rendimiento–, se convirtió cada vez más, en cambio, en una política de países nuevos, en el modo de transitar desde economías semicoloniales (o desde civilizaciones paralizadas durante siglos) a los modos de producción modernos. En el preciso momento en que su enorme aparato, con sus reglas y privilegios, se demostró eficaz para implantar una industria o para poner a trabajar a un proletariado todavía virgen, debilitó la posición de ese mismo proletariado como clase dirigente y dejó sin descendencia el misterio civilizatorio que, según Marx, aquel llevaba [consigo]» (Merleau-Ponty, 1955, 431).

Un año antes, en Dien Bien Phu, el poderoso y experimentado ejército de la Francia colonial fue sonoramente derrotado por el movimiento y el ejército popular vietnamita, dirigidos por el Partido Comunista. En toda Asia se escuchaban los ecos de la estratégica victoria del anticolonialismo que condujo a la fundación de la República Popular China. El comunismo se revelaba como la fuerza directriz de las revoluciones anticoloniales y, una vez conquistado el poder, del acelerado desarrollo que tan urgentemente necesitaban las «economías semicoloniales». Se trataba de resultados y acontecimientos innegables, pero –se preguntaba el filósofo francés– ¿qué ocurría con el comunismo que debía edificar el «proletariado occidental», al menos a ojos de Marx y del «marxismo occidental»? (Merleau-Ponty, 1955, 238 ss.).

Encontramos aquí, por primera vez, la expresión «marxismo occidental», que, no obstante, no se contraponía en términos positivos al oriental. Al menos en el contexto de una crítica global de Marx y del comunismo, el blanco principal era precisamente el marxismo «occidental». Una vez desvanecidas las esperanzas iniciales de una sociedad radicalmente nueva y de la «disolución del aparato de Estado», se imponía una conclusión: «el comunismo choca hoy día con el progresismo», y el progresismo no podía ignorar las condiciones concretas del país o la región donde se produce la acción política. Una vez abandonada la perspectiva mesiánica de una regeneración total de la humanidad, había que orientarse en cada caso: «Allí donde se ha de elegir entre el hambre y el aparato comunista, la decisión está tomada de antemano [a favor de este último]»; y es posible que para el filósofo francés también estuviese tomada de antemano la decisión cuando de lo que se trataba era de elegir entre sometimiento colonial y revolución anticolonial (dirigida a menudo por los comunistas). Occidente, en cambio, ofrecía un panorama muy distinto: ¿la revolución comunista era realmente necesaria y beneficiosa? y ¿cuáles iban a ser sus resultados concretos? (Merleau- Ponty, 1955, pp. 430-432).

Esta postura adolecía de muchas debilidades. Decidido a refutarla hasta el fondo, el filósofo francés acentuaba la tendencia mesiánica presente en Marx y Engels. No reparaba en que unas veces hablaban de la «extinción del Estado» en cuanto tal y otras de su «extinción en el sentido político actual», ni en que solo la primera fórmula puede ser tachada de mesianismo (y de anarquismo) (Losurdo, 1997, v, § 1-2). En segundo lugar, Merleau-Ponty eludía preguntarse por la posible relación entre la liquidación del colonialismo en todas sus formas y la construcción de la sociedad poscapitalista. En tercer lugar, y ante todo: ¿podemos considerar la lucha anticolonial como un problema exclusivo de Oriente? Sería inadmisible apoyar la lucha contra el sometimiento colonial o neocolonial al tiempo que se absuelve a los responsables de semejante política. Y no solo por razones éticas: las dos guerras mundiales habían demostrado que el expansionismo colonial desembocaba en una ruinosa rivalidad entre imperios con un impacto global; el incendio que prendió Hitler unos pocos años antes con su intento de construir en Europa oriental el imperio colonial alemán acabó por extenderse también a Occidente y a la propia Alemania.

Una vez expuestas estas críticas, hay que reconocerle a Merleau-Ponty el mérito de haber sido el primero en identificar las razones político-sociales objetivas que alimentaban la disociación entre ambos marxismos. En Oriente, y en prácticamente todos los países donde los comunistas conquistaron el poder, el problema prioritario para los dirigentes políticos no era el de promover la «disolución del aparato de Estado», sino uno bien distinto: ¿cómo evitar el peligro de sometimiento colonial o neocolonial y, por consiguiente, cómo salvar el retraso con respecto a los países industriales más avanzados?

Merleau-Ponty estaba muy lejos de una excomunión del marxismo oriental en nombre del occidental. Si queremos encontrar un precedente para la postura de Anderson, debemos mirar en una dirección completamente distinta. Con anterioridad al filósofo británico y al francés, fue Max Horkheimer quien en 1942 llamó la atención sobre el giro que se había producido en el país de la Revolución de Octubre: los comunistas soviéticos habían abandonado la perspectiva de la «supresión del Estado» para centrarse en el problema del desarrollo acelerado de la «patria industrialmente atrasada» (cf. infra, III, § 7). Era una observación acertada, formulada por desgracia en tono de desprecio y como condena. La Wehrmacht estaba a las puertas de Moscú, y lamentarse o indignarse por el hecho de que el líder soviético no se preocupase de realizar el ideal de la extinción del Estado resultaba algo grotesco (a su manera, Hitler habría compartido ese mismo lamento y esa misma indignación). El filósofo alemán no se daba cuenta de que la actitud que él denunciaba era precisamente lo que permitía a la Unión Soviética eludir esometimiento colonial y esclavista que pretendía imponerle el Tercer Reich. La desesperada lucha que se libraba en Oriente para resistir una guerra colonial de exterminio y esclavización resultaba irrelevante en Occidente a ojos de un filósofo que apreciaba en Marx, no el programa de transformación revolucionaria de la existencia, sino tan solo la persecución, en un futuro remoto, del ideal de una sociedad libre de contradicciones y conflictos y, consecuentemente, sin necesidad de un aparato estatal.

Más de un cuarto de siglo después, Horkheimer (1968b, pp. 154 y 160) agitaba de nuevo el tema de la extinción del Estado, remitiendo esta vez no ya a los autores del Manifiesto Comunista, sino a Schopenhauer. Mientras que, por un lado, elogiaba a Marx («ha llegado el momento de hacer por fin de la doctrina marxiana, en Occidente, una de las principales materias de enseñanza»), por otro lado, expresaba su consternación por el hecho de que «en muchos países orientales sirva como ideología útil para remontar la ventaja que lograra Occidente en la producción industrial». La «doctrina marxiana» celebrada en estas líneas no tenía ninguna relación con el problema del desarrollo de las fuerzas productivas, que se imponía, en cambio, por ejemplo, en Vietnam del Norte, decidido a defenderse de una agresión bárbara, dispuesta a recurrir incluso a armas químicas y, no obstante, contemplada con indulgencia e incluso apoyada por Horkheimer. Al igual que en 1942, también en 1968 la utopía miraba con desdén las dramáticas luchas que se libraban en Oriente y que no eran el resultado de una elección subjetiva, sino más que nada de una situación objetiva. Aunque no recurriese a esta expresión, el marxismo occidental le había dado la espalda al oriental.

Estamos obligados a plantearnos algunas preguntas: ¿Cuándo comenzó a manifestarse la escisión entre ambos marxismos? ¿Con la llegada de la autocracia de Stalin, como sostiene Anderson? ¿Y si, por el contrario, se hubiese delineado ya desde los decisivos días de 1917? ¿Y si las primeras grietas hubiesen surgido ya en el momento en que más sólida parecía la unidad, cimentada como estaba por la indignación unánime ante la inmunda carnicería de la Primera Guerra Mundial y ante el sistema capitalista-imperialista, acusado de provocarla? ¿Y si las grietas y el consiguiente alejamiento, en lugar de responder a la diversidad de las situaciones objetivas y de las tradiciones culturales, obedeciesen en primer lugar a los límites teóricos y políticos del marxismo occidental, precisamente el más sofisticado y mejor pertrechado en el plano académico?

El manifiesto con el que Anderson proclamaba la excelencia del marxismo occidental, liberado por fin del asfixiante abrazo del marxismo oriental, tiene un largo camino a sus espaldas. Parecía que para el primero se perfilaba en el horizonte una vida nueva y brillante; en realidad eran los preparativos de su suicidio. Nos las vamos a ver con importantes capítulos de la historia política y filosófica; capítulos en buena medida ignorados. Trataré de reconstruirlos para preguntarme además por las perspectivas de un renacer, sobre bases nuevas, del marxismo occidental.

Trump y su imposible retorno al pasado. Atilio Boron

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El radical retorno al proteccionismo es no sólo posible sino necesario para un imperio enfrentado a una inocultable declinación, denunciada no sólo por los analistas críticos del imperio sino certificada nada menos que por figuras estelares del  establishment  norteamericano como Zbigniew Brzezinski en un texto del 2012 y, posteriormente, por varios documentos de la Corporación Rand.

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