Bielorrusia: ¿el principio de qué fin?

Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/bielorrusia-el-principio-de-que-fin

Catherine Samary

27/09/2020

La sexta reelección de Alexander Lukashenko, el 9 de agosto pasado, estuvo precedida y seguida por protestas popular alentadas por la brutalidad policial en un contexto de fraude y de puesta en cuestión de la vieja red de protección social. El autócrata bielorruso, después de múltiples tensiones con su vecino ruso, pide ahora a Putin su «ayuda» para hacer frente a una protesta social sin precedentes.

La dislocación de la URSS fue decretada en territorio bielorruso el 8 de diciembre de 1991 por Boris Yeltsin como presidente de Rusia y sus dos homólogos de Ucrania y Bielorrusia, a pesar de que la población había votado abrumadoramente el mantenimiento (y reforma) de la Unión el 17 de marzo [ 1 ]. Pero la terapia de choque «liberal» impulsada por Yeltsin e inicialmente también defendida por el «Frente Popular Bielorruso ”(BNF) pro-occidental, fue frenada por la destitución (por corrupción) del presidente y la elección de Alexander Lukachenko a la presidencia en 1994. Si bien adoptó el antiguo nombre de Belarus, el nuevo líder propuso rechazar (por referéndum en 1995) la bandera blanca y roja de la primera república presoviética de 1918 a favor de la bandera «soviética», pero sin la hoz y el martillo rematados por la estrella roja.

Su bloqueo de las terapias de choque liberales y el mantenimiento de un sector público fuerte tenía como objetivo consolidar su poder que sería cada vez más autocrático. Y fue acompañado de la represión de poderosas huelgas que estaban teniendo lugar. Como subraya David Mandel (comparando la situación y las luchas obreras y sindicales en Rusia, Ucrania y Bielorrusia en la década de 1990), el régimen de Lukachenko “sometió a los sindicatos a una represión mucho más sistemática» que en los países que sufrieron «una mayor descomposición social» a través de las privatizaciones [2] – otro medio para romper cualquier cuestionamiento del antiguo sistema burocrático por su propia base social, los trabajadores.

La represión antisindical y política estuvo acompañada de una búsqueda inicial de la estabilización del nuevo régimen a través de beneficios socioeconómicos. En 2018, Bielorrusia se clasificó el 53 de 189 países en el índice de desarrollo humano, con una de las desigualdades más bajas de Europa. Su PIB per capita se ha cuadriplicado desde 1990 (20.000 dólares en comparación con 9.000 en Ucrania en paridad de poder adquisitivo). Pero los beneficios sociales vinculados al empleo y el «culto al trabajo» (no los ¡trabajadores!) han pasado de tener características «sovieticas» a una fuerte lógica neoliberal, como la obligación de aceptar cualquier trabajo (público o, cada vez más, privado) [3].

Desde 2004, la individualización de los contratos laborales ha sustituido a los convenios colectivos; y el plan de pensiones no tiene en cuenta el tiempo de servicio militar, ni el de la licencia de maternidad o por estudios. El país ha sufrido menos que otros (más abiertos a la globalización financiera) por la crisis bancario y financiero 2008-2009: el crecimiento fluctuó pero se mantuvo hasta la crisis de Ucrania de 2013 (que puso fin al régimen del oligarca presidente Yanukovych) [4]. Es esta crisis del país vecino la que ha provocado a Bielorrusia su primera recesión desde 1995, debido a sus estrechos vínculos con Ucrania y Rusia.

Equilibrios cada vez más frágiles en las elecciones de 9 de agosto

Esta crisis de Ucrania y la «recuperación» de Crimea por parte de Rusia fueron traumáticas, en muchos sentidos,  para la clase dominante en Bielorrusia, como para muchos otros autócratas «postsocialistas», y también han polarizado a la izquierda [ 5 ]. La tesis de una «revolución de colores», fomentada por las potencias occidentales (y además identificada con las corrientes fascistas que han sido en estas “revoluciones” muy activas) se convirtieron para los autócratas en la excusa para denunciar a los movimientos sociales que los impugnaban. Pero los lideres de las ex repúblicas soviéticas no rusas como Lukachenko, también han desafiado el comportamiento de los dueños del poder ruso y sus muy asimétricos planes de unión. La orientación verticalista del régimen se ha reforzado y, como en Rusia, ha denunciado a todos los oponentes como peones financiados desde el exterior … Excepto que, además, para Lukachenko, este «extranjero» también podría ser Rusia.

Por eso eligió diversificar sus cartas y jugar a ser el mediador de las negociaciones en Minsk de los acuerdos entre el actual presidente de Ucrania, Putin, Merkel y Macron. Su «neutralidad» le ganó en 2016 el levantamiento de las sanciones europeas [6]. En la práctica, los primeros tratados firmados por Lukachenko y Yeltsin preveían una «unión de estados» entre Rusia y Bielorrusia, y a Putin le gustaría que se consumase.

No se opodría a sustituir a Lukachenko por un líder más dócil y abierto a nuevas privatizaciones: las últimas negociaciones en diciembre de 2019 se encontraron con la resistencia del líder bielorruso [7 ]. Al mismo tiempo, los proyectos de la Unión Euroasiática, de la que Kazajstán, Bielorrusia y Rusia fueron los fundadores en 2014 (a partir del “modelo” de la UE [ 8 ]) se tambalearon.

Pero la deuda pública de Bielorrusia se disparó de menos del 10% del PIB en 2005 a alrededor del 50%.  La presión tanto de Rusia como del FMI aumentó todas las tensiones. Durante 5 años, el régimen ha aplicado una congelación salarial mientras muchos precios suben. La generalización de los contratos de duración temporal se impuso en 2017, junto con un proyecto de impuesto al desempleo (identificado como «parasitismo social”). El proyecto que finalmente desestimado ante las protestas sociales iniciales que involucraron especialmente a la juventud y sus blogueros. El Covid-19 inicialmente considerado una broma por Lukachenko ha sido un factor que ha agravado el creciente descrédito del régimen [9].

Mujeres, jóvenes, trabajadores …

Las elecciones del 9 de agosto se llevaron a cabo en este contexto social interno y mientras las tensiones con el régimen de Putin crecían, a pesar de los lazos a nivel popular y la importante dependencia de Bielorrusia de Rusia.

La sombra de Moscú estaría así detrás de dos de los tres candidatos invalidados por Lukachenko antes de las elecciones, pero también detrás de 33 mercenarios recientemente arrestados, miembros del «grupo Wagner» utilizado por las autoridades rusas en Ucrania, Siria, Libia, África Central», según Vincent Présumey [10 ].

Pero lo imprevisto sugió en este contexto. Lukachenko comenzó por invalidar de varias maneras a los tres candidatos oponentes principales (Siarhei Tsikhanovski, Viktor Babaryko y Valery Tsepkalo) – «todos vinculados socialmente a los sectores ‘empresariales’ ”, prosigue Vincent Présumey. Pero el autócrata, queriendo demostrar su «pluralismo»,  aceptó la candidatura (que pensó inofensiva) de la esposa de Tsikhanovsky (encarcelado), Svetlana Tsikhanovskaïa, y más tarde de los cónyuges de los otros dos candidatos invalidados, todas sin experiencia política, que decidieron tomar el relevo de sus maridos.

La campaña de la oposición estuvo dominada por Svetlana Tsikhanovskaïa, quien expresó sus temores (por su familia) con dos palabras populares. Rápidamente fue apoyada por las otras dos mujeres, María Kolesnikova (líder de campaña de Babaryko) y Veronika Tsepkalo. Tanto su coraje como su fragilidad han «llegado al corazón» de la población. Los jóvenes se involucraron masivamente, en especial el día 7 de agosto, cuando Lukachenko decidió organizar un concierto de rock, al que Svetlana Tsikhanovskaïa decidió acudir.

La sorpresa llegó cuando «en su presencia, los disc jockeys presentadores pincharon una canción inesperada, Peremen (Cambios) ”, de Victor Tsoï (fallecido en 1990) del antiguo grupo ruso Kino – una canción de culto de los días de la Perestroika [11]. La proclamación de los resultados (atribuyendo sólo un 10% de votos a Tihhanovskaia y el 80% en Lukachenko) produjeron indignación y protestas. La violencia de la represión – en particular de las fuerzas especiales, el OMON – sólo acentuó un cambio popular a favor de «liberarse» del régimen en todo el país, mucho más allá de Minsk.

Un punto de inflexión importante, a partir del 10 de agosto, fue la participación de los trabajadores de empresas emblemáticas y los llamamientos a las huelgas y manifestaciones, exigiendo el fin de la violencia, la liberación de los detenidos y la impugnación de los resultados electorales [12 ]. Varios líderes de los comités de huelga fueron golpeados y / o arrestados, como Nikolai Zimine, metalúrgico, veterano dirigente del sindicato independiente (BKPD), brutalmente golpeado en agosto y luego detenido y condenado a 15 días de prisión, como otros (multiplicandose las denuncias y las imágenes de violencia de la policía) [13].

Incertidumbres internas e internacionales

Los candidatos han hecho su campaña contra el régimen, sus fraudes y su violencia sin especificar su programa de privatizaciones (a favor o en contra de Rusia). Pero el «frente» de las candidatas ya se ha roto, sin dejar de seguir siendo todo muy opaco. Se estableció el Comité de Coordinación de la oposición [ 14]. Pero desde el 31 de agosto Maria Kolesnikova [15 ] (que apoya a Viktor Babariko) miembro del praesidium de este Comité provocó su primera fractura pública: anunció unilateralmente la creación de un nuevo partido («Juntos») abriendo la puerta a un escenario de nuevas elecciones sin salida previa de Lukachenko. Lo que Svetlana Tikhanovskaia (refugiada en Lituania) ha rechazado de plano [16 ].

Al mismo tiempo, después de denunciar la injerencia rusa, Lukachenko decidió pedir «ayuda” rusa – después de haber expulsado a Rusia a 32 ciudadanos rusos de los 33 mercenarios arrestados.

Putin no quiere apoyar a un perdedor, ni alentar tampoco un movimiento popular que le haga caer caer (sin certezas sobre su sucesión). El asunto Navalny hace más complicado los proyectos (de Macron y de Merkel) de confiar a Putin la gestión de esta crisis (contra las presiones provenientes tanto de Polonia como de los Estados bálticos y Estados Unidos). Por ahora, Lukachenko ha obtenido un préstamo de 1.300 millones de euros (sin duda acompañado de una reestructuración de su deuda y entregas de hidrocarburos a precios reducidos), algo que ni el FMI ni la UE pueden ofrecer.

Nadie está aun en condiciones de «representar» y defender las aspiraciones populares sin buscar ayuda en Rusia ni la UE, sino a partir exclusivamente de las reivindicaciones de los derechos y libertades fundamentales, políticas y sociales. La izquierda sindical y política internacional debe apoyar estas reivindicaciones, al sindicalismo independiente – débil frente al régimen, pero real – y todas las formas de auto-organización popular, que es la única que puede limitar la «instrumentalización» desde todos los lados.

Notas

] Este no fue el caso de las tres repúblicas bálticas que habían sido incorporadas por la fuerza a la Unión y votaron por su independencia. El 25 de diciembre, el presidente de una URSS que ya no existía, Mikhail Gorbachev dimitió.

] Cf. David Mandel, Workers after communism (Auto Workers and Their Unions in Russia, Ukraine, and Belarus), 2004, (mi traducción, CS), PDF p.227.

3 ] Para una presentación benévola de este sistema lea, Loic Ramirez, «Derecho a trabajar a la bielorrusa ”, Le Monde Diplomatique, enero de 2020.

4 ] En el contexto de esta crisis, en particular los proyectos dirigidos a Ucrania y Bielorrusia de “Partenariado Oriental ”de la UE en conflicto con los planes de la Unión Euroasiática de Rusia, lea mi artículo «La sociedad ucraniana entre sus oligarcas y su troika», 21 de febrero de 2014, Revue Les Posible (Attac): https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-2-hiver-2013-2014/dossier-europe/article/Sociedad-ucraniana-entre-sus

5 ] Ver: http://www.lcr-lagauche.org/quel-internationalisme-dans-le-contexte-de-la-crise-ukrainienne-les-yeux-gry-campamentos-abiertos-contra-un-ojo /. En inglés: Journal of Contemporary Central y Europa del Este . Volumen 24, Número 1, 2016. http://www.tandfonline.com/eprint/6mgqyJ88szwMbtxiFdE6/full

] Cfr. B. Vitkine, Le Monde , 15/02/2016.

] Cfr. B. Vitkine, Le Monde , 2 de enero de 2020.

8 ] Cf. «Perspectivas sobre Eurasia – el año político 2019» (dir. Anne de Tinguy), Sciences Po. Los estados fundadores de la Unión Económica Euroasiática en 2014 fueron Kazajstán, Rusia, Bielorrusia, junto con Armenia y Kirguistán.

9 ] No obstante, es cierto que el país tiene 40,7 médicos por cada 10.000 habitantes (contra 32 en Finlandia) y que, facilitando el control del contagio, su densidad poblacional es baja con abundantes espacios verdes.

10 ] Según Vincent Présumey, sindicalista docente de la FSU, https://blogs.mediapart.fr/vincent-presumey/blog/190820/belarus-savoir-reconnaitre-notre-belle-amie-la-viejo-mole .

11 ] Historia extraída del blog de Vincent Présumey, citado. La película Leta de Kyril Serrebrennikov sobre el  Grupo Kino y su cantante.  Ver https://www.youtube.com/watch?v=lhsx4BJNtgM

12 ] Para obtener información sobre las luchas sociales, consulte en particular en inglés los artículos del investigador ucraniano Volodymyr Artiukh, incluido el traducido al francés para la revista Desplazamiento o de Volodymyr Ishchenko en el sitio Open Democracy . Ver también el sitio de apoyo a las luchas sociales https://aplutsoc.org/, en particular, dirigido por Vincent Présumey, y el de la red sindical internacional http://syndicollectif.fr/soutien-au-peuple-du-belarus/

13 ] Ver, además de los sitios indicados en las notas 10 y 12, los artículos publicados por el sitio Al’encontre, incluyendo el texto de Maxime Edwards del 12 de agosto, «los trabajadores apoyan cada vez más las huelgas cada vez mas numerosas”; y el 9 de septiembre por Volodymyr Ishchenko, “El levantamiento bielorruso, sus orígenes y su compleja dinámica ”.

14 ] Uno de cuyos miembros es la autora de El fin del hombre rojo , Svetlana Alexievitch – recientemente amenazada por la represión.

15 ] El único miembro del «trío femenino» de la oposición bielorrusa que todavía estaba presente en el país ha sido brutalmente conducida a Ucrania con intención de expulsarla (pero rompió su pasaporte, denunció su secuestro y pudo permanecer en el país).

16 ] Lea Volodymyr Ishchenko, «En Biélorussie, l’opposition n’est pas sur la même longueur d’onde», Médiapart, 25 de agosto.

doctora en economía, es profesora de la Universidad Dauphine de París e investigadora asociada del Institut du Monde Soviétique et d’Europe Centrale et Orientale (IMSECO).

Fuente:

https://www.contretemps.eu/belarus-crise-loukachenko-contestation/

Traducción:Enrique García

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