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Más madera más para un 2017 repleto de novedades (africanas, claro)

Fuente:  LitERaFRicAs                                                                                               23.04.17

Imposible ceder a la tentación de compartir y tratar de aglutinar las muchas e interesantes novedades que están llegando este 2017 que no ha hecho más que comenzar, aunque lo haga a trancas y barrancas limitada por la falta de tiempo. Pero aquí mi intento.

2017 lleva nombre de mujer

El Gouncourt que ganó la marroquí Leila Slimani con Canción Dulce (Calbaret Voltaire) rozando el final de año, anticipaba sin quererlo un arranque de nuevo año que ha llegado repleto de nombres de mujeres.

Algunas se marcharon (pero no para siempre), casi seguidas. La guineoecuatoriana María Nsué (Ekomo) y la nigeriana Buchi Emecheta (Las delicias de la maternidad) fallecían, pero a la vez otras se estrenaban en este mundo de manera exitosa, como Imbolo Mbue, que con su debut literario, Behold The Dreamers  ganaba el PEN/Faulkner.

Mientras las librerías han recibido nuevos títulos de manera intermitente. Entre ellas, El libro de Memory (Harper Collins) de Petina Gappah, Nubes de lluvia de Bessie Head (Palabrero Press), Como el viento intocable (antología poética de mujeres) (Baphala), Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie (Random House) y la antología que publicarán en fechas muy cercanas Ellas (también) cuentan (Casa África y Baile del Sol) que promete mostrar la diversidad de una veintena de voces femeninas africanas. Para colofón se traducía Volver a casa (Salamandra) de la ghanesa Yaa Gyasi, un libro muy recomendado, que está cosechando muy buenas críticas y elogios. Y la periodista Lucía Mbomio ha comunicado por Twitter que presentará su primer libro, Las que se atrevieron (Sial), el próximo 24 de mayo.

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La familia literaria de Ngugi wa Thiong´o

Fuente: LitERaFRicA

04.09.15

5Entrevista en #TheTrend
A veces conocemos escritores que se emparejan con escritores o que descienden de escritores. Más difícil es encontrar familias como la de Ngugi wa Thiong´o un caso peculiar en la literatura africana y me atrevería a decir que en la universal. Tres de sus hijos; Tee Ngugi, Nducu wa Ngugi, Mukoma wa Ngugi y su hija Wanjiku wa Ngugi, son autores con libros publicados. La celebración del 50 aniversario de la publicación de su primera novela Weep Weep Not Child Not, Child (también la primera publicada en inglés en África oriental) ha sido un buen motivo para reunirlos a todos. Seguir leyendo La familia literaria de Ngugi wa Thiong´o

El pensamiento africano existe, aunque lo ignoremos o lo desconozcamos

Fuente: afribuku/Sonia Fernández Quincoces (literafrica
2 julio, 2015
1Foto:  Chérif Thiam: “Gouye Birame Coumba”, Senegal, 1973. El historiador y antropólogo senegalés Cheikh Anta Diop publicó en 1955 su tesis doctoral en el libro Nations nègres et culture sobre la idea de que el antiguo Egipto había sido una cultura negra. Pero afirmó además que Egipto había sido la cuna de la civilización occidental, ( http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&cat=4&id=1187 ).  Diop aseguró que la filosofía nació en Egipto, fruto de los viajes a esta tierra que llevaron a cabo pensadores como Tales de Mileto, Aristóteles, Pitágoras o Platón, que se formaron en Heliópolis, Hermópolis, Menfis o Tebas, los centros del saber egipcios (e, incluso, hay base para hablar de un origen de la filosofía en Etiopía). Seguir leyendo El pensamiento africano existe, aunque lo ignoremos o lo desconozcamos

El Día de África (y siempre) hay que leer literatura africana

Fuente: afribuku/Alejandro de los Santos

25 mayo, 2015
1África apenas se identifica con la importancia ancestral de su literatura. No olvidemos que Egipto es una de las cunas de la escritura junto con la tradición sumeria y que en Alejandría se encontraba la mayor biblioteca del mundo. Los pueblos del norte y de otras zonas del continente han cultivado las letras en diferentes idiomas y formas a lo largo de los siglos. El filósofo tunecino Ibn Khaldoun y el viajero marroquí Ibn Batuta son algunos de los grandes autores que han dado las letras africanas. En la franja subsahariana, a pesar del desarrollo de diferentes tipos de escritura y del dominio del árabe con algunas zonas con la islamización, la literatura oral ha predominado hasta mediados del siglo XX. Las grandes gestas de personajes de la vida política y cultural de la época se han transmitido de generación de generación y han llegado prácticamente intactas a nuestros oídos. La gran epopeya del emperador Sundiata Keita es tal vez el relato oral más célebre que se ha mantenido hasta hoy en día. Seguir leyendo El Día de África (y siempre) hay que leer literatura africana

“El diablo en la cruz”

Editorial Txalaparta, colección Gebara

Autor: Ngugi wa Thiong’o
329 páginas; 14,00€
Traducción: Alfonso Ormaetxea
ISBN: 9788481369205

Reseña: “El diablo en la cruz”
Por Kuma*
Dos mujeres y tres hombres viajan en un “matatu” que los traslada de Nairobi a
Ilmorog. En esa villa se va a celebrar un concurso rocambolesco de ladrones bajo los
auspicios del diablo, del que ha de resultar elegido el “primus inter pares”. Durante el
trayecto, los personajes, que desconocen los motivos por los que han sido invitados a tal
conventículo, relatan sus vidas, inevitablemente ligadas de un modo u otro al destino
reciente del país, tejiendo así entre todas ellas un triste mosaico de injusticias sociales,
machismo, clientelismo, y tantos otros vicios públicos de los que adolece Kenia después
de la independencia. A medida que se desarrolla el certamen, lector y protagonistas
descubren al unísono la identidad de los ladrones más egregios: la ONU, el FMI, el
Banco Mundial, los magnates extranjeros, así como muchos keniatas que participan en
la gran rapiña de su propio país. Y no es que estos ladrones de guante blanco centren
sus peroratas en la conveniencia de robar o no, sino en robar más y mejor y, a ser
posible, humillando indiscriminadamente a damnificados y a seres queridos,
ostentando riquezas y, en suma, disfrutando de una depravación sin límites. Quien
alcance el paroxismo de tal depravación se alzará con el trofeo ganador. Aunque la sola
sombra del Diablo, trasunto del capitalismo, eche por tierra los hipotéticos planes de
choque de unos personajes anónimos, intrascendentes en comparación a los chorizos
potentados que tienen ante sus narices, Ngugi wa Thiongó arma una historia paralela
en la que caben emociones, desencuentros, afinidades, viejas rencillas y venganzas,
traumas y catarsis, también esperanza y amor.

Inscrita en la tradición de la novela comprometida, “El diablo en la cruz” es un
inmisericorde ajuste de cuentas al periodo neocolonial y, en consecuencia, al estado
paupérrimo en que ha quedado sumido el país, representado fielmente por su capital:
guarida impune de bandas mafiosas, urbe corrupta, militarizada, suspicaz y
particularmente cruel con sus mujeres, a las que obliga a vender su cuerpo a cambio de
empleo, por no hablar de la mermada libertad de expresión que amordaza y sume en la
paranoia a sus ciudadanos. De hecho, wa Thiong’o redactó este libro durante una
estancia en prisión a consecuencia de la comisión de tal “delito”. Al otro lado del telón,
el autor de “Un grano de trigo” perfila unos personajes que, contra lo que pudiera
pensarse, comprenden perfectamente la pérfida situación que les ha tocado vivir y se
afanan en combatirla. Aun más, wa Thiong’o, recurre a una arenga que bien puede
hermanarse con el concepto de yihad islámica, llamando a la recuperación de la
libertad por medio del esfuerzo individual así como del colectivo, para neutralizar los
efectos malignos del diablo capitalista: “Nuestras vidas son un campo de batalla en el
que se libra continuamente una guerra entre las fuerzas que se empeñan en confirmar
nuestra humanidad y las que están dispuestas a desmantelarla”. Y en esta lucha se hace
patente que la mujer keniata será el capital humano determinante para alcanzar la
victoria.
Cualquier novela política corre el riesgo de suscitar sopor si la historia se reduce a un
mero duelo de críticas y contradiscursos con unos protagonistas que no son más que
cabezas parlantes haciendo de vectores ideológicos. Sin embargo, “El diablo en la cruz”
se lee con la devoción de un relato de aventuras. ¿Por qué? Por la profusa variedad de
recursos y elementos, la mayoría de raíz africana, que wa Thiong’o conjuga con la
sabiduría de un maestro artesano de la literatura. Desde las exposiciones de las
vicisitudes de los protagonistas, a menudo tiernas y descarnadas, pasando por las
alocuciones de los mismos ladrones, frívolas y cómicas, hasta el salpimentado de
sucosas digresiones filosóficas, refranes, proverbios, canciones y cuentos populares, son
todos elementos que fijan una concepción tan personal y sólida como original y alejada
de cualquier tradición literaria ajena a la que quiera asimilarse: El autor keniata escribe
novela africana. Y, siendo como decimos que es de tipo político, todavía sorprende
mayormente que wa Thiong’o consiga crear una atmósfera ambigua donde el
hiperrealismo es contrarrestado por un registro paranormal donde el diablo se
desdobla y no siempre encarna el monstruo capitalista, sino también su clásica imagen

del Mal, confiriendo un barniz numinoso que, cuando menos, genera dudas en el lector
y hace la historia aun más magnética si cabe.
La voz narrativa de wa Thiong’o es la de un escritor orgulloso de su país, de su gente y
de sus posibilidades, que se dirige sin complejos al colono, al que no oculta su
menosprecio igual que a todos los que siguen practicando la moral recalcitrante del
negrero. Pero Wa Thiong’o también se dirige a los suyos, para recordarles, entre otras
cosas, la importancia de mimar la cultura y la lengua propias: “Mirémonos a nosotros
mismos. ¿Dónde están nuestras lenguas nacionales. ¿Dónde están los libros escritos en
los alfabetos de nuestras lenguas nacionales…¿Quién evitará que un niño, sin padres
que le aconsejen, confunda la mierda extranjera con un delicioso plato nacional?”.
Como es de sobra conocido, estas reivindicaciones no son pétalos lanzados al viento,
puesto que el mismo autor keniata es el primero en predicar con el ejemplo: “El diablo
en la cruz” está escrita originalmente en idioma kikuyu, eficaz remedio indicado para el
mal que afecta a uno de los personajes del libro: “La única diferencia era que Gatuiria
sabía muy bien que la esclavitud del idioma es la esclavitud de la mente…”. “El diablo en la cruz” apareció en 1982. Casi treinta años después, esta novela apenas ha perdido
vigencia, cuando habría sido deseable que figurase como un documento testimonial de
un momento único pero superado. El análisis fue certero, pero las cosas en Kenia no
han cambiado demasiado, y el diablo capitalista sigue repartiendo varapalos a
mansalva.

*Kuma es colaboradora de Africaneando, afincada en Stonetown, Zanzíbar.