
11/08/26
Batallas de Hispania.

Francisco Hernández
Acabada la Guerra Civil española, Franco confecciono una unidad militar de élite de origen marroquí que ejerció las funciones de su guardia personal. Ataviados pomposamente, fueron elegidos por tener la mejor hoja de servicio en combate.
Y allí estaban ellos, los feroces guerreros de turbante y gritos a Alá, pisando la ciudad que no pudieron tomar en 1936. «¡Que vivan los moros!», coreaban a garganta llena algunos jóvenes al paso de los batallones de Regulares traídos para la guerra desde el protectorado marroquí. Ayudaron a Franco en su cruzada contra el ateo infiel, murieron «como chinches» en los frentes donde la lucha fue más encarnizada («Degollé a tanta gente y con tanto frenesí», recordaba décadas más tarde en Tetuán el ex combatiente Maadani, «que creí que me había vuelto loco»











