
En torno a lo del fascismo, todo observador dentro y fuera de Estados Unidos no requiere gran explicación de por qué es necesaria esa palabra para reportar sobre la llegada al poder de un pequeño núcleo político acompañado por milmillonarios encabezados por una figura autoproclamada como salvador de la patria, empleando la retórica populista ultraderechista y declarando “enemigo” a todo opositor, y buscando anular conquistas sociales de derechos y libertades civiles logradas a lo largo de un siglo.
Pero aún más sorprendente en este país, que por décadas dividió al mundo entre los comunistas (los malos) y los capitalistas (los buenos), y que pasó por el macartismo, guerras y operaciones clandestinas contra el “comunismo” en Corea y Vietnam, las Américas y África, y cuyos líderes mas recientemente continuaron definiendo el gran principio de “libertad” como “el libre mercado/comercio” como repudio a toda alternativa progresista que insistía en la palabra socialista (Cuba, Chávez, etc), es que de repente dentro de este bastión antisocialista aparezca una creciente corriente socialista. Ese “socialismo” carece de una definición y en gran medida se refiere a lo que antes se calificaba como proyectos socialdemócratas, pero durante la última década se ha expresado a tal nivel que ahora es necesario usar la palabra para caracterizar una parte de esta coyuntura política estadunidense.
Un 43 por ciento de los estadunidenses –entre ellos 65 por ciento de los demócratas y 45 por ciento de independientes– hoy día tienen una percepción favorable del “socialismo”, un nivel sin precedente, reportó Gallup en agosto. Una encuesta del New York Times en mayo registró una creciente reprobación del sistema político y económico estadunidense con dos tercios de votantes indicando que el sistema requiere de cambios mayores o hasta que era necesario desmantelarlo. El rotativo señaló que ese desencanto con “el sistema” podría explicar en parte el creciente apoyo por alguna versión de socialismo.
La ciudad más grande del país, Nueva York, ahora tiene un alcalde, Zohran Mamdani, que se define como socialista democrático y es uno de los políticos estadunidenses que goza de mayor aprobación. La ciudad de Seattle tiene una alcaldesa que se define igual y los pronósticos son que la capital del país será encabezada próximamente por otra socialista democrática. Varios diputados federales también se identifican como socialistas democráticos y todo indica que sus filas se ampliarán en esta próxima elección intermedia.
La figura socialista democrática nacional con mayor perfil y popularidad es el senador Bernie Sanders, candidato presidencial en dos ocasiones (2016 y 2020) que sacudió a la cúpula política y el liderazgo de ambos partidos nacionales con su apoyo creciendo a niveles sin precedente para un político nacional. Sus candidaturas generaron enorme entusiasmo sobre todo entre jóvenes, y abrió las puertas para otros políticos, entre ellos la diputada Alexandria Ocasio-Cortez, que ahora tiene un perfil nacional, junto con otros de sus colegas en el Congreso.
Ante todo esto, de repente se oyen los gritos de alarma resucitados de la guerra fría, con el presidente, vicepresidente, líderes del Congreso –e incluso del liderazgo demócrata, entre otros– alertando sobre la amenaza de “los socialistas”. Como eso no pareció asustar al público lo suficiente, el presidente y su gente decidieron llamarlos “comunistas”, con el mandatario repetidamente proclamando que él no permitirá que “Estados Unidos sea comunista” y el secretario de Estado culpando a Cuba por seducir a jóvenes estadunidenses con el sueño socialista. El líder de la Cámara baja ha dicho que hay un peligro a la nación porque están “brotando pequeños Mamdanis por todas partes”.
Al parecer, ahí vienen los rojos estadunidenses otra vez, a recuperar su larga historia de lucha por la democratización de su país.
Langston Hughes/lectura por Aldo Billingslea. Let America be America Again. https://www.youtube.com/watch?v=kU4_nS2YDLk